19 marzo 2010

Italia: la isla de los parados

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 19 de marzo de 2010.
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Desde el pasado 24 de febrero, unos 30 obreros de la industria química Vinyls, propiedad de la petrolera italiana Ente Nacional Hidrocarburos (ENI, el acrónimo en italiano), ocuparon la isla de L’Asinara, en el norte de la Cerdeña, para protestar para el inminente despido de que son víctimas.

Parafraseando el famoso programa televisivo italiano “La isla de los famosos”, un reality show en el que personajes famosos del espectáculo son llamados a permanecer y sobrevivir en una isla perdida y son filmados las 24 horas del día, los obreros italianos llamaron su experiencia “La isla de los parados” y lanzaron su propuesta a través de las redes sociales.

También abrieron una cuenta en facebook y ya tienen más de 65 mil inscritos, en su mayoría gente común, jóvenes y no, que todos los días, sin cansancio, declaran su solidaridad con los obreros químicos que estarían a punto de ser despedidos. Tras ese éxito mediático, los obreros decidieron difundir su voz, también gracias a la creación de un blog.

En medio de la crisis económica que está golpeando severamente a Italia, con una perdida registrada en 2009 del 2.9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), al menos medio millón de puestos de trabajo se esfumaron y la tasa de desempleo alcanzó en enero pasado casi el 9 por ciento.

En ese contexto, los obreros de Vinyls fueron suspendidos del trabajo por un paro técnico de la empresa y entraron en la llamada (y difícilmente traducible) Caja Integradora. Este instrumento económico, establecido a mitad del siglo pasado, consiste en el pago de una cuota mínima (máximo el 80 por ciento del salario) por parte del Instituto Nacional de Previsión Social (INPS), para todos los trabajadores suspendidos temporalmente por la empresa de pertenencia.

Considerado un instrumento provisional (su máxima duración es de 52 semanas) en favor de la empresas que resulten víctimas de las condiciones económicas externas, la Caja Integradora representa hoy la antesala del despido y, según cuentan en su blog los obreros de Vinylis, “una larga espera que sabe a tortura”.

El 24 de febrero pasado, tras el silencio por parte de la empresa que estaría negociando la venta de sus actividades a la holding árabe Ramco, la ausencia del gobierno italiano y las indecisiones del sindicato que los debería asistir, 30 obreros decidieron subir al ferry que conecta a Porto Torres, en el norte de la isla italiana de Cerdeña e importante centro de la industria química italiana, con la isla de L’Asinara, isla más pequeña otrora conocida por ser sede hasta 1999 de una cárcel de máxima seguridad.

Y justamente desde las celdas que hospedaron también a ilustres huéspedes de la talla de Toto Riina, el más conocido jefe de la mafia siciliana, los obreros se comunican con el mundo y esperan, pacientes, una solución.

Irrupción virtual

Si bien las protestas en el mundo laboral italiano y europeo en general han asumidos tonos y formas definitivamente radicales en el último año, como son los “secuestros de empresarios” en Francia, las “tomas” de fábricas y lugares de trabajo en Italia y las más recientes movilizaciones callejeras en Grecia, la protesta de los trabajadores de Vinyls ha logrado romper el muro invisible que en Italia separa al mundo obrero y sociedad. Gracias a la intervención de Michele Azzu, hijo de uno de los obreros, se abrió la cuenta en las redes sociales.

En declaraciones a la prensa, Azzu explica que la idea de “La isla de los parados” en Facebook nació casi por juego. “Mejor dicho, por una apuesta conmigo mismo”, añade. Cuenta Michele Azzu: “Mi padre Salvatore es uno de los obreros que protestan tras 30 años de trabajo en la empresa. Pensé que creando un grupo (en Facebook) gestionado y difundido de la manera adecuada, hubiera sido posible alcanzar al menos a mil usuarios (de Internet); evidentemente los resultados rebasaron cualquier expectativa”.

Su colega Marco Nurra, quien lo apoya en la gestión del portal, comentó en la misma ocasión: “Ofrecí inmediatamente mi ayuda, pues también mi padre vivió la experiencia de la Caja Integradora durante 12 años y entonces conozco perfectamente qué significa para una familia encontrarse sin un salario, ignorados por el Estado y por el sindicato y a la espera de un subsidio que a veces tarda meses en llegar”.

Azzu señala: “Muchos dicen que las redes sociales son inútiles, pero yo creo que las palabras, a veces, son muchos más poderosas que las espadas y los miles de mensajes que llegan al portal le dan la fuerza a los trabajadores para seguir en su protesta”.

Añade: “El éxito de este grupo (de Facebook) revela también otra cosa: antes que todo que La Isla de los Parados no es sólo un símbolo, sino el espejo de la crisis profunda que estamos atravesando”.

Diario de una protesta

Los verdaderos protagonistas de la protestas son los trabajadores, desde hace varios días “atrincherados en una isla emblema de la más grande Cerdeña, ya en profunda crisis, alojados en celdas con barrotes semejantes a los con los que los encierra el gobierno, la región y ENI”, según dicen en su portal los mismos obreros, que cada día alimentan el espacio virtual con sus notas, sus comentarios y un diario horario de las actividades que realizan.

Escriben los obreros: “La isla de los parados, es un reality ‘real’, desgraciadamente, en el que nadie es famoso, pero todos están sin trabajo (…) Ningún yate, ni Villa Certosa (la villa vacacional del Primer Ministro italiano, Silvio Berlusconi) con su showgirl en esta isla, sólo la verdad amarga de una política que no da respuestas, de una empresa paraestatal – ENI – que persigue sus objetivos empresariales, pisoteando la vida de miles de familias. Y, no últimos, un grupo de trabajadores valientes que lucha por sus propios derechos”.

Según declaraciones del secretario general de la sección Química del sindicato italiano CGIL, Salvatore Corveddu, “si el ciclo del cloro --materia de trabajo de quienes protestan-- se fuera a interrumpir, se perderían alrededor de 3 mil puestos de trabajo”. El también exobrero de la misma empresa, señaló que “el coraje de los parados es una mezcla entre la sabiduría de los ancianos y el descaro de los jóvenes, pues se han inventado un realty que le hace la competencia a unos de los espectáculos show televisivos italianos más vistos”.

Los mensajes que llegan al portal de la isla de los parados son cientos, todos los días, desde el 24 de febrero pasado. Y tantas son también las líneas escritas en esa especie de diario en el que se ha convertido su blog.

Tras la primera noche, los trabajadores escribían: “La noche ha sido rara, llena de pensamientos: ¿se habrá la gente olvidado de nosotros? No pensamos en los políticos, sino en nuestra comunidad que quisiéramos más cerca en estos momentos difíciles. Seguramente muchos están peor que nosotros; pensamos a los desempleados, a los precarios que no tienen ninguna voz (...)”.

En esta lucha, explican, la solidaridad es fundamental. Es la solidaridad de la comunidad que se expresa en ayuda económica y en especies, y también la solidaridad de otros trabajadores que, organizados en comitivas, alcanzan a la isla para visitar a los colegas. Entre tantas visitas, los trabajadores químicos narran la visita de una delegación de obreros de Alcoa, que en semanas recientes ganaron el regreso a su puesto tras ocupar los techos de sus fábricas durante mas de dos semanas: “Aquellos que lo lograron tienden la mano a quienes, al contrario, ven sólo nubes en el horizonte. Aquellos que han ocupados las plazas y tirados las puertas del poder pagando con demandas y golpes, dicen que sí, unidos se puede ganar (…) Los obreros de Vinylis tienen los ojos con lágrimas frente a los colegas de Alcoa que a L’Asinara llevan los cascos rayados y una historia de lucha por contar”.

Junto a la protesta, existe también la vida cotidiana. Se lee en el blog: “El silencio de noche es interrumpido por un ruido fragoroso. ¿Será un sabotaje? No, es Mario quien, buscando a su esposa Mariella y sin encontrarla, se cayó de la cama. Volvemos a dormir”.

O, más adelante: “Los muchachos de las cooperativas, acostumbrados a despertar a la hora de los gallos, nos tiran de la cama y nos traen un café que sabe a agua sucia”. Las fotos de los hijos circulan entre los trabajadores “que buscan consuelo para la lejanía de esas sonrisas y esos afectos”. Los celulares no siempre sirven, pues “el viento sopla fuerte, muy fuerte, y parece que esta es la causa de las dificultades para comunicar con los queridos”. Otro día se lee: “Hoy, por suerte, salió el Sol y nuestras familias pudieron llegar a visitarnos”.

Tino, apodo de uno de los obreros, escribe su nota diaria en la que compara el fútbol con la situación que vive: “Jugar es la sal de la vida. Lo sé bien yo, pues jugué fútbol semiprofesional (…) Sin embargo, esta manera de descargar las responsabilidades entre el ENI, el gobierno y el sindicato no la entiendo: sabe a juego sucio, pues es un juego que no divierte a nadie, pero posiblemente enriquezca a algunos”.

En su escrito comienza también a detectarse el distanciamiento del sindicato: “Comimos con los jóvenes de la Asociación Gavoi (asociación local) que nos ayudaron muchísimo. Son buenos muchachos, apasionados

--sigue Tino-- y comparadas con ellos, las palabras de Corveddu se vacían: coyunturas internacionales, globalización de la economía, reestructuraciones, planes químicos estratégicos. Recuerdo esas palabras, luego miro a los muchachos y a los colegas y pienso que quizá no estaríamos aquí si hubiéramos tenido a un sindicato con corazón obrero, porque, se sabe, sin corazón no hay juego que valga la pena de ser jugado”.

Otro trabajador, Salvatore, describe las desilusiones: “Aquí estamos, después de 35 años de trabajo: sin salida, me encuentro frente a un muro”. Y recuerda: “Si pienso que en los 70 el centro químico donde trabajamos iba a ser el motor de la economía regional. Éramos todos jóvenes, entusiastas, con ganas de levantar la isla (Cerdeña), cumplir con la promesa que nos hacía el gobierno (...) Hoy esos jóvenes tienen 56 años y no tienen nada en el bolsillo”.

La protesta tiene el objetivo de recuperar los puestos de trabajo, según expresan en numerosos testimonios los trabajadores. Pero hay también objetivos de más corto alcance: “Una de nuestras preocupaciones es hacer escuchar nuestra voz. ¿Qué estarán haciendo los sindicatos? ¿Estarán conduciendo el diálogo con la determinación necesaria? La discusión (entre los trabajadores) se anima, el temor de estar luchando por una justa causa, pero de no ser representados adecuadamente se queda entre nosotros. Nos consuela el apoyo local. ¿Será suficiente?”.

La pregunta no tiene respuesta, admiten los obreros que protestan, y al contrario genera más preguntas en la ronda de participaciones nocturnas del blog: “¿Servirá nuestra lucha? Digamos así: quien lucha puede perder; quien no lo hace, ya perdió. Un saludo a nuestro lectores”.

13 marzo 2010

Represión d ela migración y género

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 13 de marzo de 2010
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El pasado 12 de febrero sucedió lo temido. Joy y Hellen, dos nigerianas migrantes en Italia, fueron internadas en el Centro de Identificación y Expulsión (CIE) de Milán. La permanencia en este triste y mal afamado lugar no les es nueva. Las dos ya lo conocían. Estuvieron allí cuando el responsable de la policía italiana de ese centro de detención intentó violar a Joy. Esa noche, tras la resistencia de la migrante, el agente italiano la golpeó en pleno rostro. De ahí a pocas horas la rebelión explotó en el CIE de Milán.

Era el 13 de agosto de 2009. Por esa rebelión, las dos mujeres, otras tres migrantes y nueve hombres de distintos orígenes fueron condenados a la cárcel. Seis meses después de esa noche, Joy y Hellen fueron liberadas. Pero el destino las esperaba una vez más en el CIE de Milán, pues aun purgada la condena –por cierto, conminada por una juez–, las dos seguían sin tener documentos. Y para los sin papeles en Italia sólo hay un lugar: los CIE. Y en el de Milán los funcionarios que acosaron a Joy siguen en sus puestos: Vittorio Addesso, inspector de la policía italiana en el CIE, y Massimo Chiodini, responsable de la Cruz Roja en el mismo centro.

El temor que algo más pueda suceder es fundado. No es sólo la violencia que los funcionarios mencionados podrían repetir al total amparo de la autoridad que representan y que, al parecer, hasta ahora los ha salvado de cualquier condena. Es también el serio riesgo de suicidio que contamina el ambiente dentro de los CIE. Son numerosos los casos de suicidio o tentativas de hacerlo entre los migrantes encerrados. Para el caso de Joy resulta muy significativo un hecho en particular: el 16 de enero de este año, uno de los condenados junto a Joy y Hellen, Mohammed El Abouby, se quitó la vida. ¿La razón? El día anterior, su abogado le comunicó que iba a ser transferido otra vez a un CIE. Mohammed había participado en la rebelión y durante el proceso había acusado al inspector de violencia en contra de la migrante nigeriana. Tras ese suicidio, un comunicado de una organización en favor de los migrantes divulgó: Mohammed demostró todo el valor concreto de la solidaridad activa por la cual pagó el precio hasta con su propia vida.

Si eso no sucediera, queda vigente el peligro de otros abusos. La tentativa del 13 de agosto pasado no es un caso aislado, denuncian diversas organizaciones de la sociedad civil italiana. Es más, según las mismas, Vittorio Addesso sería un violador en serie, pues el caso de Joy no ha sido el único. Si esto fuera poco, las mismas organizaciones denuncian que en realidad éste sería sólo el último eslabón de la cadena. Según múltiples testimonios recogidos entre las mujeres migrantes que acuden a las organizaciones en busca de un poco de solidaridad y ayuda, nosotras somos objeto de la violación perfecta, pues en la gran mayoría de los casos no acudimos al hospital a que nos curen; tenemos miedo de que nos expulsen. Este es el precio –entre otros– de no tener papeles para regular su estancia.

La actual situación es sin duda consecuencia del creciente entorno represivo que los migrantes viven hoy en Italia. El más reciente episodio legislativo en este sentido fue el llamado paquete de seguridad, un conjunto de leyes y dispositivos legales que acotan aún más las libertades y los derechos de los migrantes. En el caso específico, es preciso subrayar que parte de dicho paquete legislativo se concentra precisamente en las medidas pensadas para frenar la violencia en contra de la mujeres. Casos reales convertidos en paradigmas de la supuesta violencia migrante en contra de las mujeres que deben de ser frenados, impedidos y castigados. Así las cosas, tras una imponente campaña mediática, el resultado tenía que ser uno: las mujeres (italianas) deben tener miedo y la sociedad en su conjunto exigir el castigo ejemplar de los bárbaros foráneos.

Y si el resultado inmediato era la aprobación parlamentaria del paquete, la finalidad última es abusar con nuevas y otras formas de esos cuerpos femeninos. Primero, transformando los cuerpos de las mujeres en instrumento y pretexto para el endurecimiento de las medidas de control y represión para toda la sociedad. Segundo, se construye la diferencia y la separación entre italianos y migrantes, pues la seguridad que se ofrece a las mujeres es sólo para las blancas, italianas, autóctonas, la mujer nostra, naturalmente. Porque por el otro lado, las migrantes pagan y siguen pagando el precio de tanta represión. Lo pagan tan directamente que es su cuerpo el objeto de ese cobro indebido que la sociedad italiana, indecisa frente a su propio miedo, exige a los migrantes, la parte más indefensa y sujeta a chantaje de la sociedad italiana.

Ese es el cuerpo femenino: objeto de campañas mediáticas para que el Estado italiano corra en su defensa cuando los potenciales abusadores son los migrantes; objeto de indiferencia cuando el abuso se consuma en las cuatro paredes domésticas (tres cuartas partes de la violencia hacia las mujeres en Italia sucede en los hogares familiares, según datos estadísticos); objeto de todo tipo de abuso cuando ese cuerpo es migrante –y extranjero, por lo tanto indefenso, anónimo, invisible–, y cuando se encuentra en manos de las autoridades que de él disponen a pleno gusto de los carceleros en turno.

01 marzo 2010

Ni público ni privado, sino común

El presente artículo fue publicado en el portál mexicano Desinformémonos el día 1 de marzo de 2010
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El profesor de la Duke University de Estados Unidos y coautor, junto al italiano Antonio Negri, de la trilogía Imperio (2000), Multitud (2004) y Commonwealth (2009), habla de su visión filosófica y política: poner los bienes comunes en el centro de la construcción de autonomía, el autogobierno y la comunidad.

A continuación los conceptos vertidos por Michael Hardt durante la entrevista:

Ni público ni privado

Es necesario comenzar diciendo que tenemos la mala costumbre de ver al mundo dividido entre privado y público, ya que parecen ser las dos únicas posibilidades. La tierra, por ejemplo, o era propiedad pública o era propiedad privada. Lo mismo también si hablamos de otros bienes, por ejemplo bienes inmateriales como las ideas, la música, etcétera. Así que si queremos atacar la estrategia neoliberal de privatizar todo parece que la única arma que tenemos es la propiedad pública, el control estatal.

Está claro pero que hay mucho mundo, natural, y también muchas ideas y muchas prácticas, que no son ni públicas ni privadas, es decir, son parte de una autorganización de la comunidad o de diversas comunidades. Este enfoque se vuelve una crítica a la propiedad, tanto a la privada como a la pública. Una crítica de fondo al concepto mismo de propiedad. A esta crítica corresponde una práctica política de autonomía, es decir, una política contraria tanto al capital (las privatizaciones) como al control del estado (la gestión pública), que lleva a la construcción de la autonomía social, al autogobierno. Esta es la perspectiva que trato de desarrollar desde hace unos años, junto al filósofo italiano Antonio Negri.

En una primera aproximación podemos decir que hay dos ámbitos del común: el común ecológico, natural; y el común social, económico, artificial. Ambos retan y se deterioran frente al concepto de propiedad; al mismo tiempo, ambos rompen los esquemas y las medidas tradicionales de valor económico con los que el capital trata de medirlos, pues para el común hay sólo una escala de evaluación, es decir, la vida. Por otro lado, los dos comunes (el ecológico y el social) se descubren aparentemente antitéticos.

El común ecológico es gestionado bajo la intención de la conservación, mientras que el común artificial se rige por la expansión, la creación ilimitada. Además, el común ecológico tiene como horizonte a la biosfera en su totalidad cuando, por el otro lado, el común artificial tiene al centro principalmente a los intereses de la humanidad.

Poner al centro el común es según yo fundamental. La hipótesis es que estamos en el medio de un cambio de época de un capitalismo económico con base industrial a un capitalismo centrado en la producción inmaterial o biopolítica. Dicho de otra manera: la producción industrial ya no es central y no porque ya no haya fábricas, sino que la producción industrial ya no tiene correspondencia en tendencia en una sociedad industrializada, sino que es la producción inmaterial que está dando forma a la sociedad de hoy. No es una diferencia de cantidad sino de cualidad. Ahora, si así están las cosas, tenemos que pensar que mientras antes la propiedad se jugó sobre la cuestión de la movilidad – tierra inmóvil y mercancías móviles -, hoy la propiedad determina la exclusividad de un bien y la posibilidad de reproducirlo. Y aquí hay un problema: las ideas, la música, las relaciones, los saberes, funcionan sólo si son puestos en común, son compartidos. Es por eso que decimos que, si la producción inmaterial es la nueva fuente de riqueza para el capital, entonces el común se vuelve central. Y contradictorio, pues existe la necesidad de poner en común las ideas, los afectos, los saberes para que éstos crezcan y resultan productivos; al mismo tiempo, pero, esto choca con la necesidad de mantener privados estos bienes, misma que es estructural en el esquema de la acumulación capitalista.

Desde nuestro punto de vista, hay un primer ejercicio por realizar que es reconocer cuanto de nuestro mundo, cuanto de nuestra experiencia ya es común. Dicho de otra manera: no es cierto que nuestro mundo ya es todo propiedad. No digo eso para decir que no hay problema, lo afirmo para reconocer que hay una base de partida. Sobre esta base, el proyecto de autonomía busca expandir y conquistar o reconquistar, de reapropiarse del común.

La gestión del común sin la propiedad o fuera de la propiedad no es una cosa natural, espontánea. No es que eliminando la propiedad privada o el control estatal descubrimos nuestra facultad natural de gestionar al común. Al contrario, es algo que tenemos que construir.


De esta manera, la cosa más importante y también más bella de las comunidades zapatistas es el sentido de experimentación de su acción política. Es decir, tenemos que experimentar con la gestión del común, no hay una fórmula. La experimentación es la única manera de conquistar formas de autogobierno y por lo tanto formas de gestión del común.

Después de Copenhague, nueva etapa del movimiento

El gran éxito de Copenhague fue el primer encuentro serio entre dos vertientes de los movimientos sociales, es decir, los movimientos ecologistas enfocados al cambio climático y, por otro lado, los movimientos sociales no sólo antiglobalización neoliberal sino también en favor de la autonomía y su construcción comunitaria.

Ese fue un primer grande encuentro que ciertamente fue una gran comunidad de deseos y de prácticas y del pensamiento común; pero por otro lado mostró una cierta diferencia, si no divergencia, de la manera de confrontarse con el poder global. Así las cosas, un gran paso hacia adelante fue precisamente la confrontación entre estas dos posturas, aunque este suceso puso y pone algunas dificultades muy serias por el lado conceptual y por el lado del movimiento.

Existen las que podríamos definir “las antinomias del común”: por un lado nos confrontamos con un común que es limitado por el entorno ecológico; por otro lado tenemos un común que es ilimitado en el sentido de la producción de nuestros deseos, ideas, imágenes, de “cosas humanas”, es decir la producción de sociedad, de relaciones sociales. La diferencia entre una política orientada hacia los límites de la tierra, del común ecológico, y otra orientada hacia la falta de límites de nuestros deseos, es lo que hay que mirar. Esta es la diferencia que pone algunas dificultades conceptuales y políticas.

También con las consignas, por ejemplo: hay una consigna que me es muy querida en los últimos quince años, es decir que queremos “todo para todos”. Desde el punto de vista de los límites ecológicos esto no tiene algún sentido, pues hay un límite en la tierra, en el agua, en los recursos, que conceptualmente no permite cumplir con esa consigna; pero para nosotros ese horizonte está en el corazón de nuestra practica.

Por el otro lado, desde el punto de vista de nuestros deseos sin límites, esa consigna que se vio “no hay planeta B” es bonita pero suena mucho a la postura conservadora personificada, por ejemplo, por la gestión de Margaret Thatcher, de que no hay alternativa. El movimiento anticapitalista está siempre creando alternativas. Eso es parte de nuestra falta de límites: producir alternativas es parte de nuestro ADN.

Hay también otra diferencia muy importante entre estas dos posturas: la temporalidad. En la tradición autónoma – es decir el movimiento de Seattle, los zapatistas, las asambleas de barrio en Argentina, etc. – ciertamente hay una cierta urgencia, pues lo que exigimos lo pedimos para ahora; pero los tiempos son definidos por el ritmo de la construcción, es decir es un tiempo constituyente que a veces puede ser lento como lo es la construcción de comunidad. Por el otro lado, los tiempos del cambio climático son otros: el tiempo principal es el tiempo de la urgencia de ponerle remedio a la situación, un tiempo que quizás ya pasó. Es decir, en términos generales, para los ecologistas si no cambiamos ahora todo ya fracasó. Esta es otra diferencia importante, las dos temporalidades que dividen conceptualmente a los dos movimientos y tiene efectos también en la práctica.

Entonces, la diferencia se traslada a la práctica – y ésta es la última diferencia que veo: para el movimiento altermundista, autónomo, la idea principal no es pedir la acción de los estados-nación como marco principal de acción sino que la construcción de autonomía y de la comunidad son el actor principal; al contrario, en los movimientos ecologistas, se mantiene en el primer plano un pedido a los estados pues ellos serían los que pueden actuar y corregir el rumbo. Es evidente que esto tiene que ver con lo que se dice arriba, es decir con las diferentes temporalidades, con la urgencia, pues si esperamos que se construya la autonomía, que haya comunidades que decidan, ya podría ser demasiado tarde.

Para mi es muy interesante e importante confrontar estas diferencias, estas antinomias – quizás es demasiado académico decirlo así, pero así está en mi cabeza. Es importante confrontarlas no porque son obstáculos las unas para las otras, no son diferencias trágicas, se puede ir más allá; para eso, pero, hay que confrontar estas dos posiciones. Dicho en otras palabras: no es diferencia antitética, sino una diferencia que puede ser fructífera.


Yo creo que la solución pasa por la acción de los movimientos. Por ejemplo, hace diez años en Seattle, pero también en Génova, teníamos una antinomia entre la globalización y la antiglobalización, es decir nosotros estábamos en contra de la globalización neoliberal y por esto los medios nos llamaban “no global”. Esa era una dificultad conceptual: nuestro problema fue resolver esa dicotomía inexistente. Sin embargo se necesitaba mucho trabajo colectivo para crear no sólo un concepto sino también las prácticas de la alterglobalización, es decir la solución de esta antinomia que nos imponían. De la misma manera, hoy los movimientos pueden confrontar estas diferencias, pero tomando la experiencia de Copenhague no como un punto de llegada, sino como un punto de partida.

Poder estatal vs. Autonomía

Las luchas en contra de las privatizaciones y en contra del neoliberalismo de los movimientos sociales en América Latina han sido un éxito enorme en la última década. Éstos son constituyentes, pero hay caminos distintos y creo que un camino no excluye el otro. Es decir, la conquista electoral del poder estatal puede ser parte de este proyecto constituyente que, en mi manera de ver las cosas, es la producción de autonomía, de sujetos capaces de autogobierno, de autogestión. No excluyo que un poder estatal entre comillas progresista, puede ser parte de este proceso. Claro, la conquista de ese poder no es la finalidad, pero puede ser un medio.

Sin embargo, de ser así, todo se vuelve muy complejo, porque ese puede ser un medio para construir la autonomía pero también puede ser un obstáculo para este proceso. En Bolivia, uno de los casos más bellos de este pasar a través del Estado, es muy difícil decir cuanto la presidencia de Evo Morales ayuda y cuanto obstaculiza la conquista de la autonomía de las comunidades indígenas y de otras comunidades en el país. A mi manera de ver las cosas, son ambas cosas. Y a menudo la lucha de los movimientos sociales en contra del Estado se realiza en este terreno para ir más allá de estos obstáculos; claro, hay también la dimensión del posible entorno de facilitación que un Estado de este tipo puede aportar.

La grande dificultad en este sentido es como no tener una perspectiva de pureza en este proceso; me parece que hay la tendencia a dos posiciones antitéticas: o defendemos a la conquista del poder estatal; o criticamos estos poderes porque no serían el punto de llegada de los movimientos. Creo que es necesario tener una visión transversal, pues hay que aprovechar el entorno quizás favorable, pero siendo duros, críticos, con estos gobiernos.

En este sentido, los movimientos en América Latina son muchos más avanzados que en Estados Unidos, pues aquí también hay un gobierno que se ha conquistado gracias a los movimientos sociales. Hoy pero hay dos posiciones tanto en la izquierda como en los movimientos: por un lado quienes dicen que hay que apoyar a Obama, es uno de nosotros, nos representa; por el otro, hay quienes dicen que es otro Bush. Yo creo que no es ni una ni la otra. Creo que hay que aprovechar las posibilidades que se abren con este gobierno pero sin tenerle mucho respeto. Esto es lo que los movimientos no han logrado hacer en este año en Estados Unidos. Así las cosas, la victoria de Obama ha sido la de destruir a los movimientos, hacerlos desaparecer. Actualmente hay una especie de desorientación conceptual. Durante la época de Bush conceptualmente era más sencillo: él era el enemigo y todos sabíamos porque. Hoy, pero, eso es más difícil. Tenemos que encontrar una manera de ser antagonistas con este gobierno (Obama), cosa que aún no hemos resuelto. En Latinoamérica los movimientos están más desarrollados en este sentido y en Estados Unidos,como suele suceder, estamos muchos más atrás.