31 gennaio 2010

Assemblando Donne

Il testo che segue è stato scritto per il libro "Ciudad Juarez. La violenza sulle donne in America Latina, l'impunità, la resistenza delle Madri", FrancoAngeli Edizioni, Italia, gennaio 2010.
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Assemblando donne

I

Il 14 febbraio 2001, dopo aver terminato il turno in fabbrica, Lilia Alejandra García Andrade lascia il posto di lavoro. Anche oggi il faticoso turno nella maquila - la fabbrica d’assemblaggio - è finito. Torno a casa a riposare. Come ogni giorno imbocca la strada del ritorno. Non c’è niente da temere, è giorno e c’è un sacco di gente in giro. Nei giorni scorsi, nei mesi passati, negli anni trascorsi sono già centinaia le ragazze scomparse. Alcune le hanno ritrovate, certo. Però morte. Altre non le troveranno mai. Ma perché proprio a me dovrebbe capitare? All’improvviso un macchina nera, vetri oscurati, si avvicina. Da dietro, il suv si accosta al marciapiede sul quale Alejandra, giovane di 17 anni, lavoratrice presso una delle tante fabbriche di assemblaggio della zona, cammina. Dall’automobile scendono diversi uomini, la sorprendono e la caricano a forza sul mezzo. Ci metterà diverso tempo la camionetta ad allontanarsi dalla zona. Diversi testimoni racconteranno che l’automobile tipo suburban, l’automobile preferita dalla polizia statale, rimarrà diverso tempo parcheggiata e tutti riveleranno che si potevano udire con chiarezza le grida della giovane. La stavano violentando. Qualcuno chiama la polizia, ma questa arriverà un’ora dopo. E sì che si era in pieno centro. Poco male, peccato che quando arriva la pattuglia della municipale, la macchina nera non c’è più. E Alejandra? Scomparsa.

Una settimana dopo, il 21 febbraio, il corpo di Alejandra fu ritrovato, assassinato. Con evidenti segni di tortura, violenza sessuale e con parte del corpo – il seno sinistro – mutilato. Il corpo giaceva davanti ad un centro commerciale, in uno spazio lasciato all’abbandono, tra l’erba l’incolta e i rifiuti della società di consumo. Le mani legate dietro alla schiena, la camicetta aperta, i pantaloni aperti a lasciare intravedere il sesso violato della giovane. La coincidenza è macabra: davanti al Centro Commerciale “Saint Valantine”, in calle San Valentín è ritrovato il corpo di una giovane sequestrata il 14 di febbraio. La polizia non arriverà mai a scoprire gli o l’assassino di Alejandra. O forse non vorrà mai rivelare l’identità dei colpevoli. Così come succede da quasi dieci anni a questa parte.

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30 gennaio 2010

Esclavitud y mafia en Italia

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 30 de enero de 2010
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El pasado 7 de enero, en la localidad de Rosarno, en la extremidad sur de la península italiana, cerca de Reggio Calabria, la punta de la bota itálica, miles de trabajadores migrantes, recolectores temporales de fruta –de aquí los preciados cítricos italianos–, salían a las calles del pueblo de poco más de 15 mil habitantes para manifestarse en contra del racismo del que son víctimas. El pretexto: pocas horas antes alguien disparó, desde su automóvil, en contra de un grupo de ciudadanos migrantes que se reunía en las afueras de la estructura –una ex fábrica– que lo hospedaba. El episodio, de por sí reprobable, en realidad fue a completar una larga lista de ataques más o menos directos hacia la comunidad migrante de la zona.

La protesta tomó rápidamente las características de una rebelión generalizada en el seno de la multiétnica comunidad de migrantes que ahí, como en muchos otros territorios del sur italiano, vive y trabaja. El hartazgo y la rabia los alcanzó, pues no sólo ya no están dispuestos a aguantar intolerancia y racismo, sino también las condiciones materiales que dichas actitudes producen: precariedad de la vivienda, sueldos escasos, abusos laborales y, en su caso, invisibilidad y chantajes causados por la falta de papeles para regular su estancia. Al día siguiente llegó la venganza. La población local, organizada en improvisados comités vecinales, invadió las calles de Rosarno y desató la caza del migrante. Con palos, cadenas y, en algunos casos, armas de fuego, los ciudadanos italianos se lanzaron en contra de todo extranjero que encontraban en su camino. El resultado: golpizas, persecuciones y agresiones de todo tipo, en especial modo en contra de los migrantes de tez oscura, es decir los negros. A las pocas horas, la intervención de la policía italiana regresó la calma aparente: 37 heridos en total (16 de ellos migrantes, el resto policías), los buenos italianos calmados y los migrantes –la mayoría de ellos– alejados del pueblo; es decir, literalmente cargados en camiones y llevados a los mal afamados Centros de Identificación y Expulsión.

La noche del 8 de enero, el ministro del Interior, el reconocido racista Roberto Maroni, declaraba frente a las cámaras de la televisión que los hechos eran el resultado de años de excesiva tolerancia hacia la migración ilegal, misma que, según la letanía de siempre, estaría en la base de la criminalidad y de las situaciones de degrado social. Así las cosas, el gobierno italiano no sólo hacía (y hace) caso omiso de las degradantes e indignas condiciones bajo las cuales los migrantes son obligados a trabajar por italianísimos patrones; no sólo justifica a posteriori las agresiones de la población civil, premiando indirectamente a quienes finalmente se volvieron intolerantes, sino que además condena a los mismos migrantes, culpables de no querer vivir como animales y de no tener los papeles que la misma ley italiana no les permite conseguir.

Pero además hay otra historia dentro de esta historia. Y es que el gobierno italiano –y la sociedad que lo apoya desde el otro lado de las pantallas televisivas– está en realidad legitimando el histórico y muy actual sistema de gobierno del territorio y de la producción agrícola en el sur del país. El poblado de Rosarno, así como toda la región de la Calabria y demás áreas colindantes, son zonas de la mafia. Varían los nombres y las familias al mando, pero el modelo es ese: control estricto del territorio por vía de la amenaza, la imposición, la violencia, la corrupción, los favores y los chantajes. Buena parte de los gobiernos municipales de la zona están actualmente suspendidos por infiltración del hampa. La mafia –que en Rosarno se llama ‘Ndrangheta; es decir, la misma que tiene buenas relaciones con el cártel del Golfo en México– controla todo allá: es la gestión de todas las actividades ilícitas, pero también de todas las productivas. Es así que la mafia llega a controlar el mercado de los trabajadores de bajo costo, migrantes y desprotegidos. En este enfoque, los migrantes son los únicos hoy que se rebelan clara y abiertamente en contra de dicho poder.

Por otro lado, no puede sorprender que este tipo de episodios suceda justamente en la época del llamado paquete seguridad, instrumento legislativo aprobado en medio de polémicas en el verano del año pasado y que restringió, aún más, derechos y oportunidades para los ciudadanos migrantes. Más allá de la inexistente relación entre clandestinidad y tasa de criminalidad, que sin embargo sigue siendo el pretexto de cualquier declaración y acción del gobierno italiano, es evidente que la aumentada precarización de la vida migrante en Italia debido al nuevo marco legal ha conllevado a la creación de un ejército de seres humanos expuesto a todo tipo de chantaje y condición laboral y de vida. La vía moderna a la esclavitud.

En este contexto, a pesar de las consecuencias materiales de lo sucedido, la rebelión migrante de Rosarno debe ser leída también como una señal de positivo hartazgo y deseo de vivir. La digna rabia migrante surgida en el sur de Italia habla el lenguaje claro y esperanzador de quienes no se quieren rendir frente a la creciente, difundida y pegajosa voluntad de resignarse que está poco a poco contagiando a la sociedad italiana.

29 gennaio 2010

2010 e la ribellione che già c’è

Il presente articolo é stato pubblicato sulla rivista italiana Loop, nel numero 6 del gennaio 2010
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Il Messico. Terra di fuga, meta ambita ma anche mitica per molti. Una terra lontana, magari irraggiungibile, ma lì, sempre presente. Vuoi con i suoi miti, a cominciare da Francisco Villa, il rivoluzionario del nord, passando poi a sud, il baffuto Emiliano Zapata, e, più recentemente, il conosciutissimo Subcomandante Marcos. Il Messico, terra di fuga e meta per personaggi inventati o per persone reali, in carne ed ossa, che in Messico son scappati, fuggiti o semplicemente andati. E là, in quella terra che non si capisce se è America del Nord o America Latina, han trovato rifugio, protezione, tranquillità. Ma a volte anche la morte.
Oggi quella terra non esiste più. O forse è solo passata in secondo piano. Perché oggi il Messico è alla fine di un ciclo e di fronte alla possibilità reale di aprirne un altro. La domanda a questo punto è: quale ciclo si aprirà? Uno che permetterà ai messicani di liberarsi in modo definitivo (presumendo che libertà sia qualcosa di definitivo)? O si aprirà un’epoca ultima, definitiva, di barbarie che finirà per dare il colpo di grazia ad un paese apparentemente già in ginocchio?
Queste domande sono oggi lecite. Ieri forse alcuni se le ponevano, poi si usciva di casa, si andava al lavoro od anche ad una manifestazione, e la risposta era sempre la stessa: è dura, è difficile. La gente continua a sopportare. Ma oggi, oggi quelle domande sono permesse, anzi son quasi obbligatorie e, nel caso in cui uno desideri essere sincero con se stesso, devono diventare premesse per ragionamenti futuri.
La necessità di porsi queste domande sorge da molteplici fattori, tutti però legati alla realtà di un paese, di una terra, da troppo tempo sfruttato e oppresso. Bella novità si dirà; neanche fosse cosa unica e che riguardasse solo il Messico. Certo, tutto vero, si risponde, ma qui v’è un elemento di congiuntura non da poco: il 2010, l’anno che viene e non si sa ancora cosa porterà.
In seno ai tre livelli di governo che esistono in Messico (federale, statale e municipale), la scadenza del prossimo anno, il 2010, sta ricoprendo un ruolo classico: la celebrazione di due importanti anniversari. Quello dell’Indipendenza dalla corona spagnola (1810) e quello della Rivoluzione messicana (1910). Due date, simboliche fin che si vuole, ma pur sempre due date. Che come sempre saranno occasione per almeno due modelli anch’essi classici di azione governativa. Da una parte, entrambe le date serviranno al processo di rivisitazione storica di cui neanche il Messico è immune; dall’altra, vi sarà l’occasione, ancora una volta, per puntellare quel nazionalismo postcoloniale che qui non ha mai perduto vigenza, soprattutto per l’estrema ed ingombrante presenza dei confinanti Stati Uniti d’America. Il tutto in una salsa simbolica un po’ manierista o squisitamente banale che già comincia a cucinarsi. Una salsa però assolutamente poco piccante. E ai messicani, si sa, il peperoncino piace. Ne hanno decine di varietà, ed ogni piatto ha il suo piccante favorito; non è la stessa cosa fare il mole con un peperoncino piuttosto che con un altro. Ed allora, il simbolismo del 2010 potrebbe forse essere servito accompagnato da una salsa piccante al punto giusto.
È evidente anche all’orbo che dice di governare il Messico: il 2010 è il ritorno di una data. Quel dieci, quell’anno che all’inizio di altri due secoli ha sconvolto quel paese, cambiandone radicalmente il viso. Anche se poi, si potrebbe dire, ne ha lasciato sostanzialmente intatto il codice genetico. Questo poco importa oggi, alla vigilia di un anno che molti attendono non solo per festeggiare ma anche per vedere se la cabala ha un senso, se il destino si deve ancora una volta compiere: la ribellione generalizzata, la fondazione di qualcosa di nuovo sulle ceneri di qualcosa che è stato spazzato via comunque da un moto violento.
I segnali e le condizioni perché questo accada, inutile dirlo, ci son tutti. Non è solo il tremendo livello di povertà che attanaglia la popolazione messicana. Non è neanche solamente il fallimento di un sistema politico, la cui crisi di rappresentatività è palese. È forse un complesso insieme di fattori di ordine sociale ed umano che è qui difficile da sintetizzare, perché nella realtà è comunque difficile da comprendere nella sua totalità.
Nel contesto del doppio anniversario è possibile, o addirittura probabile, che i messicani si pongano una semplice e banale domanda: siamo veramente indipendenti? Abbiamo veramente rivoluzionato questo paese? Domande semplici con risposte complesse, ma che di articolato hanno solo le sfumature, perché comunque la risposta comune della maggioranza dei messicani è solo una: no, non siamo indipendenti né abbiamo rivoluzionato nulla. Sembra sciocco e ovvio, ma la risposta negativa a quelle due domande potrebbe in realtà essere la scintilla che permetta l’esplosione sociale generalizzata.
Metà della popolazione sotto la soglia della povertà (chi definisce quella soglia, è un altro discorso), mancanza di lavoro e reddito degni di questi nomi, precarizzazione generalizzata dei diritti fondamentali quali il diritto alla salute, all’istruzione, all’alimentazione, alla casa, al reddito, ecc.; ma anche il diritto alla libertà d’espressione, di pensiero, di manifestazione. Il tutto, frutto di un modello economico, il neoliberista, che anche in Messico ha privatizzato o sta privatizzando pressoché tutto ed che ha svenduto il paese al maggior offerente. E che in Messico è stato applicato seguendo il modello ‘perfetto’ dell’esperienza cilena (ovviamente con le dovute proporzioni), ovvero con la violenza.
In questo contesto, poi, vi sono i debiti storici con settori determinanti e centrali del paese: indigeni e contadini. I primi, abitanti originari di quelle terre, da oltre cinque secoli sotto conquista, e con cui l’intero Messico dovrà fare prima o poi i conti. I secondi, invece, sono gli eredi frustrati di quella che un attento Adolfo Gilly definiva La Revolución Interrumpida. Certo, da quella guerra civile che travolse il paese per quasi una decada ne uscì una Costituzione politica all’avanguardia e che ancor oggi può rivendicare principi avanzatissimi sul piano politico ed etico. Ma quel che conta è la realtà, ed i contadini messicani, protagonisti di quel Tierra y Libertad che continua a fare il giro del mondo, son stati poco a poco esclusi da ciò che credevano una conquista definitiva, ovvero la terra per tutti; e gli indigeni messicani non sono mai diventati parte di questo meltingpot premoderno.
Infine vi è evidentemente il contesto che si è venuto a creare negli ultimi tre anni. Ovvero la fallita guerra del governo contro la criminalità organizzata. Lanciata ufficialmente per combattere i Cartelli messicani della droga, oggi considerati i più potenti al mondo, la cosiddetta ‘guerra al narco’ promossa da Felipe Calderón è il risultato di almeno due fattori. Il primo, di ordine politico, è la necessità di quella legittimità non ottenuta alle urne che lo elessero Presidente nel 2006. Legittimità e consenso ampiamente conquistati nei primi mesi della crociata antinarcotici ma che già oggi, tre anni dopo, comincia a traballare un poco. Il secondo fattore è invece d’orine personale, quasi psicologico, ovvero la necessità d’investire in qualcosa che facesse stare Calderón in pace. Che gli permettesse, inoltre, di governare così come ha fatto, ovvero incurante del malessere crescente dell’intera popolazione. Esattamente come un secolo fa, Porfirio Diaz governava sapendo degli enormi disagi che si vivevano nel Messico di sotto, tra la gente, eppure non se ne interessava, se non quando la Rivoluzione bussò alla porta di casa sua, oggi Calderón sembra non volerci sentire da quell’orecchio.
Ciononostante, oggi, vi è una differenza sostanziale e cioè Calderón dispone di 50mila soldati nelle strade messicane - quelli inviati contro i Cartelli della droga -, soldati che stanno già combattendo contro qualcuno. Il narco, si dice. Ma la realtà parla anche di guerriglia, comunità indigene, organizzazioni contadine e sociali, sindacati democratici, gruppi politici locali. E poi, l’altra differenza importante, è l’esistenza oggi proprio di quei Cartelli della droga che, un domani che si dovesse scatenare la rabbia sociale, non si quale parte prenderebbero.
Chi spera che il prossimo anno si compia il fatale ritorno della data simbolica che permetta di proiettare il Messico verso un futuro più degno e libero deve pori diverse domande rispetto a quel che potrebbe accadere. È evidente, per esempio, che è necessario svestire di miti e ricordi di eventi mai vissuti il futuro possibile. Chiunque menzioni la possibilità di un’esplosione sociale generalizzata non si sa perché attende un momento, un avvenimento, un giorno, un’ora, che segnalino il momento esatto dello scoppio della nuova Rivoluzione. E così facendo, magari, si perde di vista una realtà che già oggi parla chiaramente il linguaggio della ribellione diffusa, non solo nelle parole e nei proclami, ma nei fatti: dalle comunità zapatiste del sud, agli scontri armati lungo tutta la Sierra che attraversa il centro del paese, passando per le continue e conflittive proteste del mondo del lavoro, per arrivare sino alle esperienze più minute, locali, però reali che ogni giorno costruiscono un Messico diverso pagandone le conseguenze repressive. Insomma, un ampio ventaglio di situazioni che dopodomani, quando anche il 2010 e la ‘sua rivoluzione’ saranno storia, potrebbero far parte di quelle liste di avvenimenti che si studiano come prologo di grandi sollevazioni. Dall’altra parte, la storia non si prevede. È già difficile raccontarla, figuriamoci vedere ed interpretare i segni di quella che potrebbe aspettarci dietro l’angolo di una data simbolica come il 2010 per il Messico. E se la rivoluzione che tutto cambia non accade, la ribellione che ne è il seme continuerà a riprodursi e diffondersi.
Questo, forse, l'unico dato certo sulla soglia del nuovo anno in Messico.

08 gennaio 2010

Egipto: la hipocresia con Gaza

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 8 de enero de 2010.
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“La Franja de Gaza es utilizada, cual mercancía, por intereses políticos”. Por ello está cerrada por sus dos fronteras: la de Israel y la de Egipto.
En la primera frontera, el gobierno de Tel Aviv ejerce el “asedio desde que en las elecciones de enero de 2005 Hamas se alzó con la victoria en la Franja”; en la segunda frontera, el gobierno de El Cairo “dice estar formalmente del lado de los palestinos, pero en los hechos juega su propio rol internacional”.
Vilma Mazza, activista italiana, habla con convicción. De hecho, vivió en carne propia la actitud de las autoridades egipcias respecto de los palestinos de la Franja. Ella participó en la reciente Marcha por la Libertad de Gaza (Gaza Freedom March), que de manera incompleta se llevó a cabo en Egipto y en Gaza a finales de diciembre y principio de este año, con motivo del primer aniversario de la ofensiva Plomo Fundido, lanzada por el gobierno de Israel en contra de la organización palestina Hamas.
La activista ofrece un dato ilustrativo: el gobierno egipcio construye un muro de acero en Rafah, la frontera entre Egipto y Gaza. “Un muro que, junto con el que Israel construye en Cisjordania, apunta sólo a aislar más a la población civil”, señala Mazza.
De hecho, la construcción de esta barrera estaría entre las causas de la muerte de un militar egipcio, ocurrida el pasado miércoles 6, tras un enfrentamiento transfronterizo con la población palestina de la zona.
Mazza hace estos señalamientos en contra del gobierno egipcio de Hosni Mubarak, después de que fuerzas de seguridad de Egipto reprimieron a unos mil 300 ciudadanos de 43 países que participaron en la Marcha por la Libertad de Gaza. Esta iniciativa tenía dos objetivos: entrar a la Franja de Gaza por la frontera de Rafah, para llevar ayuda humanitaria y con ello romper el sitio israelí, y marchar junto con la población local, el 31 de diciembre, para recordar el primer aniversario de la operación militar israelí que causó la muerte de mil 400 palestinos civiles y heridas a otros 4 mil.

La Marcha

La Marcha por la Libertad de Gaza fue convocada a finales del año pasado por la red internacional Coalición para Poner un Alto al Sitio Ilegal de Gaza (Iceisg, por su acrónimo en inglés).
La convocatoria señalaba: a pesar de que “el relator de la ONU para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados palestinos, Richard Falk, ha condenado el sitio israelí de Gaza afirmando que representa un crimen en contra de la humanidad”, entre otras declaraciones en el mismo sentido, “el sitio continúa”.
La marcha tenía el propósito de ser “otro eslabón en la cadena de resistencia no violenta” que se opone al “desprecio total que Israel muestra hacia el derecho internacional”.
Para dejar claras las intenciones humanitarias de la iniciativa, los organizadores explicaron que “la marcha no quiere asumir alguna posición con respecto a la política interna de Palestina. Sólo se pone del lado del derecho internacional y por la supremacía de los derechos humanos”.
Sin embargo, la marcha no se desarrolló según lo previsto.
“Llegamos a Egipto el 27 de diciembre, ya con la noticia de que el gobierno de Hosni Mubarak había prohibido a los organizadores acercarse a Rafah”, narra Mazza.
En este contexto inesperado, “pues formalmente Egipto apoya la causa palestina”. Los aproximadamente mil 300 activistas procedentes de todo el mundo se encontraron en la capital egipcia, El Cairo, “para ver qué se podía hacer”.
Explica que “ya habían sucedido en el pasado situaciones similares, pero había sido suficiente una poca de presión política para que el gobierno egipcio cambiara de postura”.
Abunda: “Esperábamos podernos acercar a Rafah y ahí negociar”. Sin embargo “la posición egipcia fue mucho más firme: prohibió cualquier movimiento colectivo hacia la frontera de Rafah, así como cualquier manifestación en El Cairo”.
Tan fue así, explica Mazza, que la primera reunión organizativa entre todos los participantes, que iba a realizarse en un lugar rentado, “fue prohibida por el gobierno”. Al mismo tiempo, “todas las empresas de transporte recibieron el aviso de no salir rumbo a Rafah”.
En un clima de “control absoluto de nuestros movimientos”, los activistas decidieron movilizarse en la capital “tanto para presionar al gobierno como para hacer visible la situación a la población local”. Sin embargo, “la respuesta de la policía local fue inmediata y feroz: el 27 de diciembre, aniversario del inicio del ataque israelí, la policía llegó al lugar de la manifestación y obligó a los activistas a desistir de sus acciones”.
Por la tarde del mismo día, otra vez la policía impidió a los activistas manifestarse. “Utilizaban tanto a policías uniformados como vestidos de civil, los cuales eran los más agresivos: propinaban empujones y puñetazos”, apunta Mazza.
La activista italiana cuenta que, ante “la ausencia de libertad de expresión y de movimiento”, los manifestantes se separaron en grupos: “Los franceses se plantaron frente a su embajada para exigir respeto a su derecho a manifestarse; los italianos no lograron siquiera salir de su hotel, pues la policía se los impidió”. Los demás manifestantes decidieron entonces “acudir frente a las instalaciones de la ONU en El Cairo”, cuyos funcionarios argumentaron que los activistas no contaban con todos los papeles necesarios que les autorizaran realizar su viaje a Rafah.
La activista italiana rechaza tal argumento. Explica que las autoridades egipcias “tenían la lista de nuestros nombres, nuestros pasaportes y todos los documentos desde hacía semanas”.
Mazza dice que el 30 de diciembre los activistas intentaron de nuevo manifestarse. La policía se los impidió con mayor violencia.
Otro participante de la iniciativa internacional comentó: “La cosa más increíble es que todos, incluidos los policías, declaraban su apoyo a la causa palestina, pero al mismo tiempo nos impedían movernos, no sólo hasta Rafah, sino inclusive en la ciudad”.
Frente a esta situación, algunos activistas comenzaron una huelga de hambre. Tal es el caso de la estadounidense Hedy Epstein, de 85 años de edad, superviviente a los campos de exterminio nazi, quien frente a la sede la ONU en la capital egipcia declaró a la prensa: “He participado en la lucha por los derechos humanos y civiles la mayor parte de mi vida, he enviado cartas y telegramas y ahora correos electrónicos, pero llega un momento en la vida en el que uno tiene que dar un paso extraordinario, y este paso extraordinario para mí es declararme en huelga de hambre".
El 31 de diciembre la policía atacó la improvisada marcha que los activistas realizaban por las calles de El Cairo y lesionó a varios de ellos. No obstante, ese día llegó finalmente la autorización para que “una delegación de la marcha proceda e ingrese a la Franja de Gaza a través de la frontera de Rafah”.

Gaza, botín político

Tras la entrada de una delegación de la Marcha por la Libertad de Gaza, los organizadores emitieron un documento el pasado viernes 1, titulado Declaración de El Cairo, que exige “el fin del apartheid de Israel”.
La declaración –firmada por cientos de activistas-- apoya la “autodeterminación del pueblo palestino, el fin de la ocupación de los territorios, la igualdad de derechos para todos los ciudadanos que viven en los territorios y el derecho a regresar para todos los refugiados palestinos”.
Al mismo tiempo, los activistas afirman que “gracias a esta movilización se ha podido enfocar la atención de muchos medios internacionales acerca del injusto sitio de la Franja de Gaza, y se han podido entregar miles de dólares de ayuda humanitaria a la población civil”.
Además, “se ha podido imponer la atención internacional acerca del rol negativo que el gobierno egipcio tiene con respecto al sitio de Gaza” y “formalmente se ha presentado una demanda en contra del gobierno de Mubarak por la construcción del muro en Rafah”.
En efecto, afirma Vilma Mazza, la marcha ha servido para hacer visible aquel muro del cual pocos hablan. La noticia había trascendido hace más de un mes en algunos medios de comunicación. Según algunas fuentes periodísticas, “quizás con ayuda estadounidense”, el gobierno de Egipto “habría comenzado la construcción de un muro de metal subterráneo” en la frontera de Rafah.
Su objetivo: impedir la construcción de otros túneles para el contrabando con la Franja de Gaza.
Según Mazza, “esta es la enésima prueba de la hipocresía egipcia (...) Esos túneles son los pocos canales, si no los únicos, para que la población de Gaza consiga medicamentos, alimentos y otros bienes de primera necesidad”.
Con una profundidad de 30 metros y resistente a los explosivos, el muro tendría una extensión de 11 kilómetros y ayudaría, junto con lo que queda de la muralla externa, a bloquear cualquier contacto entre las dos partes.
Mazza es tajante: “En la zona de Gaza se está construyendo un muro que nada tiene que envidiarle al de israelí. La justificación es la seguridad nacional. En realidad servirá para controlar los túneles que son gestionados tanto por los egipcios, por un lado, como por Hamas, por el otro”.
Acerca del rol del gobierno egipcio en el área, la activista italiana es igualmente directa: “Cómo es posible no ver que tras el sitio de Gaza se juega con los equilibrios políticos en el área y los roles de poder de los distintos actores locales”.
Lo anterior, abunda, “con la consciente elección de poner en segundo plano la situación de la población de la Franja de Gaza con respecto a la batalla con Hamas y sus aliados tanto en el mundo árabe como en el mismo Egipto”, es decir los llamados “Hermanos Musulmanes”, formación política ilegal, pero que cuenta con representaciones legales que ya tienen 80 diputados nacionales.
Sin embargo, Mazza advierte que este escenario no involucra sólo a Egipto, sino que “tiene que ver con todos los actores locales: Israel, Hamas, la Autoridad Nacional Palestina y todos los demás que juegan sus propias cartas, las cuales pesan como piedras por encima de la población civil”.
En este escenario, advierte, sólo una cosa es clara: “La Franja de Gaza está cerrada porque es mercancía de intereses políticos”.