29 dicembre 2009

Copenhague, algunas consideraciones

Con todo y a pesar de los ríos de palabras de estas últimas horas, es necesario subrayar el substancial fracaso de la conferencia COP15 que se realizó tras meses de debate, discusión e intercambio de ideas acerca del tema climático que, después de tantos años, lograba cobrar la centralidad que merece. Tanta publicidad, tanta expectativa, para que en el escenario los actores fueran siempre los mismos y actuando los papeles de siempre.
El primer fracaso es acerca del mero asunto a discutir: el cambio climático. Observamos la actitud conservadora, envidiosa y de chantaje de los gobiernos de siempre por encima de los intereses de todos. El control del nivel de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) no se volverá más estricto sino seguirá siendo un elemento de intercambio para intereses políticos y económicos. Cualquier acuerdo se haya alcanzado en las últimas horas nunca será suficiente para respetar en lo mínimo cuanto indicado por distintas partes del mundo científico internacional: los gobernantes del planeta prefirieron condenar al planeta en lugar de ceder aunque fuera un poquito de su poder. En efecto, la sensación cada vez más firme es que no se trató de ver cuanto y cuando los países - tanto los ‘desarrollados’ como los ‘en vía de desarrollo’ - estuvieran dispuestos en conceder, en limitar, en controlar, en reducir, etc. Sino más bien de ver cuál podía según ellos - gobiernos y representantes del actual modelo económico y productivo - una propuesta alternativa al posible colapso climático y al fin de la era de los recursos fósiles. Las dos cosas no están separadas. Al contrario, como se dijo en las calles de Copenhague durante las protestas de la sociedad civil internacional, cambiar al sistema es condición ineludible para evitar al cambio climático. El problema, para ellos ‘los poderosos’, es que cambiar de sistema económico implica cambiar al sistema de producción energética. Y lo anterior no se puede hacer sin compartir conocimientos, tecnologías y, finalmente, poder con los demás. La verdad es que ‘ellos’ se encuentran sin claridad ni soluciones estratégicas frente al problema y lo único que pueden hacer ahora es tomar tiempo, quizás para convencernos de las bondades de la green economy.
Prueba de lo anterior - claro, no la única - es el fracaso político de la conferencia. El meollo del fiasco político tiene que ver con el revés que sufrió la propuesta de algunos acerca de un nuevo modelo multilateral de gobierno de la actual crisis global. Habíamos anteriormente lamentado la decisión unilateral de los gobiernos de China y de EU de adelantar conclusiones a la COP15. Luego observamos una marcha atrás por parte de los dos mencionados, casi a pedir disculpa y ofrecer espacios de maniobra a otros actores. Hoy, se ve con claridad que la multilateralidad es una quimera, un sueño para algunos, pero cada vez menos una realidad concreta. La hipótesis de un gobierno mundial, multilateral, global de la actual crisis ecológica y sus facetas económicas, financieras, sociales, no se realizó.
Síntomas de lo anterior son los distintos niveles de participación que tuvo ‘la humanidad’ a la COP15. En la conferencia oficial había tres niveles de acreditación. El primer nivel era el de la participación de visitadores, substancialmente activistas de ONGs y periodistas; el segundo nivel era el de los negociadores de las grandes ONGs, por lo regular afines a los gobiernos; el último nivel, fue el de los negociadores gubernamentales. Esta conferencia, comenzada incluyendo a los tres niveles, se cerró excluyendo a los primeros dos niveles e inclusive a parte del último nivel, es decir transformando la conferencia (global) en una cumbre (entre pocos). Además, es preciso subrayar que en este último nivel, se encontraban los países del G77, con China, India, Brasil al frente, que se presentaron en calidad de ‘países en vía de desarrollo’ pero jugaron y siguen jugando roles dignos de los países capitalistas más avanzados. Es un engaño, por desgracia, creer que el gobierno de Lula o la economía de China puedan jugar el papel de contrapeso al rol supuestamente hegemónico de EU y Unión Europea. Los niveles de crecimiento económico aclaran cuanto dicho. Y las intenciones de los gobernantes de dichos países no son tan distantes de las de Washington: un ejemplo, la devastación ambiental en la Amazona brasileña en favor de los agrocombustibles.
Por último, vale la pena subrayar la evidencia más clara de este fracaso político que sufrió la COP15. Dijimos anteriormente que dicha conferencia se presentó mucho más legitimada que otras cumbres en el pasado, como fueron las reuniones de la OMC, FMI, BM, G8, etc. En pocos días de protesta callejera, también la COP15 perdió toda su legitimidad. No hubo violencia y ni ataques directos por parte de la protesta organizada afuera de la conferencia oficial, tanto en la movilización callejera como en el Foro alternativo - el KlimaForum09. Sin embargo, por parte de los gobiernos - y en específico por parte de las fuerzas del orden - hubo una respuesta violenta y agresiva. Lo anterior demuestra, una vez más, que la ausencia de una respuesta incluyente por parte de los ‘poderosos’ se llena con las dinámicas y formas de vida desde abajo, mismas que se salen del orden constituido y por eso, en efecto, son atacadas con maldad, brutalidad y arrogancia, pero también con miedo por parte de los ya ex-poderosos del planeta.

Un muro, dos globalizaciones

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 29 de diciembre de 2009
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La mayoría de los datos estadísticos relativos a las corrientes migratorias, sus números, sus rutas, sus caídos, sus procedencia se remontan a finales de los años 80. En otros casos, inclusive se remontan a los años siguientes, entrados los 90. La coincidencia con el acto celebrado el 9 de noviembre pasado, es decir, la caída del Muro de Berlín –así en mayúsculas–, no es casual. Ese día de 1989 no sólo comenzaba el derrumbe del bloque oriental, sino que ganaba el capitalismo, en su más reciente, y en ese entonces aún joven formato: el neoliberalismo. Terminaba la historia, se decía; el capitalismo –con sus libertades de pantalla televisiva– ganaba la guerra fría e iba a permitir el goce global y generalizado de todos sus beneficios. Ésa era la promesa que Occidente mantenía desde siempre: libertad y bienestar. Fue necesario poco tiempo para que el mundo entero se enterara de la fragilidad de aquella promesa. La libertad y el bienestar, a partir de esos actos que cambiaron el rostro del mundo, fueron cada vez para menos gente, y para menos regiones del planeta. El resultado de este suceso no fue el fin de la historia, según la hipótesis de algunos atrevidos intelectuales neoliberales, sino su exacto contrario: el comienzo de otra historia.

Un capítulo de esta historia tiene que ver con la transformación radical del fenómeno migratorio. Si durante los años 90 se hizo de público dominio y utilizo el término, y en cierta medida, el concepto de globalización, pocos de los artífices de la expansión capitalista en el mundo pensaban que tanto salvajismo económico –promovido abatiendo fronteras para las mercancías, exportando guerras ahí donde había resistencias, imponiendo ideas y patrones culturales, etcétera– pudiera llevar a producir un tan complejo movimiento migratorio, del este hacia el oeste, del sur hacia el norte, de donde el capitalismo llegó a conquistar hacia donde el capitalismo ya reinaba. Sorpresivamente o no, el dato es que la migración cambió sustancialmente sus características.

Tal situación tuvo, en líneas generales, dos consecuencias. Por un lado, la generación de la contradicción aún irresuelta hoy en los países de capitalismo avanzado: se pregona la libertad y el bienestar y se cierran fronteras y se construyen muros para impedir el paso de los migrantes; por el otro, la globalización neoliberal tuvo su contraparte, es decir, la que llamamos globalización desde abajo. En el primer aspecto, la existencia hoy día de decenas de muros –con minúscula, pues no saltan a la atención pública internacional– que separan, dividen, contienen, detienen, bloquean e impiden alrededor del planeta es la más clara y evidente contradicción del actual sistema político y económico.

En lo que es la globalización desde abajo la migración tuvo un papel importantísimo. Fueron los migrantes, empujados por sus necesidades, en muchos casos sin mayor conciencia, quienes primero cuestionaron las nuevas fronteras del mundo: abiertas para las mercancías, cerradas para las personas. Tal cuestionamiento primariamente se mostró con la tentativa diaria de evasión de esas fronteras, la desobediencia a la leyes y acciones represivas que se han instrumentado en los pasados 20 años, la sustracción a la explotación impuesta por el capital en los países de origen de las corrientes migratorias. Al mismo tiempo, los migrantes fueron los primeros en llevar y recibir al mensaje cultural no codificado ni dirigido, es decir, no oficial ni elaborado por los intelectuales de la globalización desde arriba. El encuentro casi casual entre las culturas que abajo ha producido los primeros discursos que plantean la multietnicidad y el mestizaje como instrumentos de liberación de la humanidad. Lo anterior también en medio de enormes y en ocasiones profundas contradicciones que han contaminado tanto a las sociedades de destino como a las de origen. Ambas han sufrido el embate de una globalización gestionada desde arriba sin el menor escrúpulo por los ciudadanos tanto de un lado como de otro del planeta. Así las cosas, el resultado ha sido el encuentro, pero también el desencuentro.

La globalización desde abajo es un hecho concreto y lo demuestra la enorme solidaridad de decenas de redes, cientos de organizaciones y miles de personas alrededor del planeta. No obstante, todavía sigue siendo un objetivo a conquistar, mediante el diálogo, la confrontación cuando necesaria, la humildad, la curiosidad, la paciencia. Un desafío tanto para los ciudadanos migrantes como para los que creen en un mundo más digno para todos. Un reto que es preciso superar, si no queremos correr el riesgo de ser partícipes de la barbarie que desde arriba nos proponen como futuro.

El Muro ha caído hace 20 años. Otros muros se levantaron mientras tanto. La globalización neoliberal ha producido otro fenómeno irrefrenable: la globalización desde abajo. Millones se movieron, millones se encontraron. Desde abajo se comenzó a tejer una posible alternativa a la globalización de la competencia, ésta es la globalización de la solidaridad y de la cooperación. Sin embargo, ésta no puede cumplirse al existir muros divisorios, rejas separadoras y diferencias entre un lado y otro. Es por eso que la globalización desde abajo sólo podrá realizarse al derribar la globalización desde arriba.

17 dicembre 2009

Protestas en contra de la COP15

Fui a Copenhague para dar seguimiento a las protestas organizadas por el movimiento social global en contra de la Conferencia de las Parte sobre Cambio Climático de la ONU.
Abajo las notas publicadas en el periódico mexicano La Jornada:
> 17/12/09: "Se confirma la crisis de la cumbre en Copenhague; dimite ministra danesa"
> 16/12/09: "La represión policiaca, tónica en Copenhague"
> 14/12/09: "Represión policíaca roba cámara durante la cumbre climática en Copenhague"
> 13/12/09: "Multitidinaria marcha de ONG en Copenhague; hay 400 detenidos"
> 12/12/09: "Aplican en Copenhague detención preventiva contra 61 activistas"
> 11/12/09: "Proponen en cumbre del pueblo reparar la llamd deuda ecológica"

15 dicembre 2009

Tijuana, maquilando vidas humanas

El presente artículo fue publicado en el portál mexicano Desinformémonos el día 15 de diciembre de 2009
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Alrededor de 200 mil personas, en su mayoría mujeres, son las que trabajan hoy en día en las más de 500 fábricas de ensamble que constituyen la industria maquiladora en la ciudad de Tijuana, en la frontera con los Estados Unidos. Una industria que sirve para la producción por cuenta de empresas estadounidenses, europeas y asiáticas. Los sectores de mayor producción son el electrónico, el textil y el de autopartes.

A pesar de la crisis económica que según datos de la Asociación de la Industria Maquiladora de Tijuana (AIM) habría causado alrededor de 25 mil despidos a principio de este año, la industria maquiladora sigue siendo el eje de la economía de la metrópoli fronteriza.

Estas son las cifras oficiales que se desprenden de las encuestas periódicas realizadas por distintos institutos de estadísticas. No obstante, tales datos no logran describir las otras facetas de una industria considerada por muchos años la joya de la corona industrial de México. Dichos números, en efecto, no permiten conocer condiciones laborales precarias, impactos sociales devastadores, políticas productivas discriminantes y definitivamente explotadoras.

Trabajando en la maquila

“Llegué aquí a Tijuana hace 18 años”, explica María, una trabajadora de la maquila en Tijuana. “No conocía a nadie, no conocía tampoco al sistema que hay aquí en Tijuana… tantas fábricas así”, cuenta e indica el horizonte con sus manos. Narra que en un recorrido en las afueras de la ciudad se percató del elevado número de letreros en los que se “solicitaban damitas para las línea de las fábricas”.

María entró a trabajar en una fábrica de la empresa Óptica Sola de México S.A. de C.V. “Trabajé 8 años de operadora y para conseguir un puesto tuve que esforzarme mucho, tuve que ser muy sociable”. Al fin consiguió volverse jefa de línea y trabajar ahí durante otros 6 años. Luego la empresa sin previo aviso ni negociación decidió transferirla a otra planta. Es así que María demandó a la empresa por “cambio de condiciones del contrato”.

María explica que tras sentencias y amparos, al cabo de tres años logró ganar un juicio “nada más para que todo tuviera que volver a comenzar, es decir el juicio tuvo que volver a empezar”. Con mucha voluntad y con el apoyo de colegas, amigos, compañeras y familiares, María y otras en las mismas condiciones no se quieren rendir: “Esto es mi trabajo ahora, la lucha”, explica.

Las precarias condiciones de trabajo son otro aspecto importante del trabajo en la maquila. Claudia, colega de María, describe el contacto diario con químicos de varia naturaleza, la falta de condiciones mínimas de seguridad, la ausencia de guantes o lentes protectores. Acerca de los productos de su trabajo, es decir lentes de vista, sentencia tajante: “Nosotras en la línea de producción perdemos la vista para que otros puedan ver mejor”. Más adelante, Claudia denuncia que “he visto a niñas trabajar en las fábricas”, pues “les falsifican las actas de nacimiento para que puedan estar ahí”.

Felipe, un trabajador de la maquila, explica que “mucha de la gente que trabaja en la industria maquiladora viene desde otros lados” de México. Chiapas, Yucatán, Veracruz y otros estados son los lugares de origen de mucha de la gente que ocupa las líneas productivas. “Vienen a buscar mejor calidad de vida. Vienen porque aquí encuentran un sueldo fijo y estable, por escaso que sea y a pesar de las duras condiciones de trabajo”.

En efecto, según los testimonios, en la línea de producción de la industria maquiladora el sueldo básico es de cerca de 700 pesos mexicanos por semana, más algunas prestaciones. “Pero es una ilusión”, sigue Felipe, “pues el costo de la vida aquí es mayor que en su comunidad de origen”. Según Felipe, lo anterior significa que si bien se gana algo más – “pocos centavos más, en realidad” -, la calidad de vida es la verdadera afectada “porque hay renuncias, las casas donde uno vive son precarias, hay hacinamientos, vivimos cerca de las fábricas” y el mundo, concluye, termina siendo “el trayecto de la casa a la fábrica, ida y vuelta, todos los días”.

Devastación y organización

Los parques industriales que hospedan hoy a las fábricas maquiladoras surgen en el sur y suroeste de la ciudad. Al mirarlos recuerdan vagamente antiguos templos griegos: las fábricas, como los templos, arriba, en la cima de cerros naturales o inclusive artificiales; alrededor y hacia abajo, casas y colonias improvisadas, sin los servicios necesarios, que surgen aquí y allá, sin planes, sin intenciones que no sean la de estar cerca del trabajo y gastar lo menos posible en transporte y renta.

Poco importa (o se puede hacer al respecto) que a algunos metros de las casas o entre ellas corran los arroyos de desagüe de las fábricas: en ellos, los desechos de la producción industrial, químicos y otras substancias nauseabundas que no sólo apestan el aire, no sólo entristecen la tierra quitando la vida, sino que también enferman a la comunidad.

Sin embargo no es solamente la posibilidad de instalarse donde y como uno quiera lo que permite la presencia de la industria maquiladora. No son solamente las favorables condiciones arancelarias las que facilitan la dislocación industrial del norte (o del exterior) hacia el lado mexicano de la frontera.

Según Jaime Cota, del Centro de Información para Trabajadoras y Trabajadores A.C. (CITTAC) con sede en Tijuana, hay otras condiciones que favorecen la presencia de este tipo de industria: “La mano de obra es muy barata, la sindicalización es escasa y la existencia de los llamados ‘sindicatos de protección patronal’ es prominente; además, existe complicidad entre los intereses patronales y las acciones de las autoridades laborales”.

Frente a esta realidad, Jaime Cota y otros trabajadores de la industria maquiladora decidieron hace casi veinte años hacer algo. “La organización de la que somos parte nació por la necesidad de las y los trabajadores. Nunca pensamos en formalizar una organización, sino que comenzamos a hablar de nuestras condiciones, de posibles soluciones y fue así que surgimos como organización”, continua.

Hoy en día, CITTAC organiza talleres de distintos tipos hechos por y para las y los trabajadores de la maquila en Tijuana: talleres de formación legal, de capacitación acerca de la salud laboral, acerca de los derechos laborales, entre otros. “Nunca pensamos que a través de la lucha legal, es decir demandando a las empresas, podíamos hacer algo, nos enteramos de que armando demandas y siguiendo a los casos, teníamos la concreta posibilidad de estar junto a los trabajadores. Esos caminos legales se convierten en la ocasión para la formación política y sindical también [...] Fue así también como crecimos”.

Jaime Cota subraya un aspecto: “Hacemos también investigación acerca de la historia de las luchas en la maquiladora”. Y narra de dónde nació la urgencia de la memoria “En 1993, cuando estábamos en la lucha para constituir un sindicato en una empresa, vimos un letrero de la empresa que decía ‘Tenemos 25 años de experiencia en el sector’ y nos dimos que nosotros no podíamos decir lo mismo”. Fue así que CITTAC comenzó a recolectar historias, investigar hechos y a construir la memoria de las múltiples luchas que se han dado en la maquiladora de Tijuana.

El activista de CITTAC explica que hay muchas dificultades para la construcción de un movimiento en el interior de la industria maquiladora. “Los ritmos de producción son extremadamente acelerados y hacen que la gente dure muy pocos años en las fábricas, por lo tanto es difícil que se comprometan en una lucha de larga duración”. En la misma lógica, según Cota, “muchos trabajadores, la mayoría, son migrantes lo cual implica menor grado de arraigo tanto territorial como social y por ende menor interés en la lucha”. Aunado a lo anterior, “los sueldos y los horarios de trabajo quitan tiempo y posibilidades para las reuniones”, apunta Cota.

Sin embargo, las dificultades más importantes se encuentran en el hostigamiento tanto de las empresas como de las autoridades laborales: “Por lo general, la gente que se organiza, que lucha, que levanta alguna demanda es inmediatamente despedida y no hay mucha manera de reclamar a través de las autoridades”. Por otro lado, además de la práctica del boletinaje, es decir la creación de listas negras de trabajadores activistas, “cuando se logra la formación de un sindicato, por ejemplo, la empresa desaparece, se transfiere, se va”.

Con todo y a pesar de lo anterior, Jaime Cota conserva grande optimismo y confiesa que entre los muchos logros arrancados en estos años, el más importante es que “hemos logrado sobrevivir”.

La mujer en la maquila

Carmen Valadez es también integrante de la Colectiva feminista binacional, organización de mujeres autónomas. Según la activista “en la maquila siempre ha habido una mayoría de mujeres trabajando”. Esto se debería al “mito según el cual las mujeres somos más sumisas, calladas, detallistas”, aclara. Cierto o no, la verdad es que efectivamente se calcula que más de la mitad de los obreros de la industria maquiladora en Tijuana son mujeres, inclusive menores edad a quienes la empresa consigue inclusive papeles falsos para poderlas meter en las líneas de producción.

En esta lógica de explotación llevada al extremo, las mujeres sufren más que los hombres. Explica Carmen Valadez: “Hay discriminación sexual adentro de las fábricas, pues a las trabajadoras para contratarlas se les hace la prueba de embarazo; inclusive durante el mes, hay fábricas en las que los o las supervisoras piden prueba concreta de la menstruación, es decir ¡se les pide que enseñen las toallas sanitarias!”.

Otro tema es el hostigamiento sexual. La feminista integrante de CITTAC cuenta que tanto en las líneas de producción, como en las oficinas de contratación y otros lugares de las fábricas, “el acoso sexual es una cosa ordinaria”. Responsables de éste serían “los compañeros de trabajo, pero sobre todo los supervisores, los gerentes de la fábricas y los empresarios, dueños de las instalaciones”. Carmen Valadez acusa también a empresarios extranjeros de acosar sexualmente a las trabajadoras cuando están “de visita en las fábricas de sus empresas”.

Finalmente, la activista de CITTAC acusa: “Muchos en México y en el mundo vivimos a costa de estas miles de personas, de seres humanos, que son explotados. Vivimos a costa de su sufrimiento”. Lo peor de todo, explica, es que “ese sufrimiento nadie se lo reconoce. La maquila en México mata a gente y aunque no hay registro oficial de estas muertes, las y los trabajadores en eso estamos porque hay que denunciar todo esto”.

13 dicembre 2009

La Risiera de San Sabba

El presente artículo fue publicado en La Jornada Semanal, suplemento dominical del periodico mexicano La Jornada , el día 13 de diciembre de 2009
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"¡Ya basta!”, grita un hombre desde el fondo. El grito es tan fuerte y tan digno, que la bola de personas frente a él y que le impiden la vista, se voltea en grupo. El orador, el alcalde de esta triste Trieste se mantiene firme, pero calla por no tener ya público. Es el 27 de enero de 2006, el llamado Día de la Memoria. El gobierno de derecha lo acaba de instituir en honor a todos los muertos que, con su vida, pelearon para que no hubiera más muerte del orden científico impuesto por los nazis en los años treinta y cuarenta.

“¡Ya basta!”, grita el viejito, apoyado en su bastón. “Ya basta de babosadas, los muertos no son iguales, quien peleó para la liberación y en contra del fascismo, fuera italiano o alemán, ha luchado toda su vida. Desde antes que algunos decidieran impedir la barbarie. Es fácil ahora decir que hubo fascistas que se opusieron a la matanza nazi, ¿pero dónde andaban cuando Mussolini ordenó las leyes raciales en 1938? ¿Qué hacían cuando empezaban a deportar gente a Alemania? ¿Qué pensaban cuando los eslovenos y croatas eran discriminados? ¿Eh?”

La voz del hombre cae como una repentina helada sobre las buenas conciencias que hoy se reúnen en este triste lugar, con la historia más triste y oscura de Trieste. El alcalde, del partido de derecha, apoyado por los partidos herederos directos del Partido Nacional Fascista, tiembla. Quería que pasara el mensaje clave de la política de esta ciudad: la muerte los hace a todos iguales. Los muertos defendiendo la caída del fascismo y los muertos para liberar Italia y Trieste de los nazis. “No –dice el hombre– aquí se murió de un solo lado.”

En 1943, el entonces gobierno italiano, involucrado en la segunda guerra mundial al lado de la Alemania de Hitler, decide retirar el cargo a Mussolini, lo acusa de haber metido a Italia en una tragedia, lo encarcela y, al cabo de un par de meses, el 8 de septiembre, anuncia la firma del armisticio con los aliados angloamericanos. El gobierno se escapa al sur del país, ahí en donde los aliados ya están presentes. Es el fin de la guerra para Italia pero no para los italianos, pues de Roma hacia el norte el país se encuentra ya sin un gobierno. En el transcurso del mes de septiembre, todo el norte italiano es invadido por las fuerzas de Hitler. La mayor parte del territorio es dado al nuevo gobierno de Mussolini –que los alemanes liberan. Sin embargo, hay una región en particular que Hitler considera estratégica y no quiere ceder al control del “incapaz” aliado italiano. Es el llamado “Litoral Adriático” (Adriatisches Kustenland), el territorio que iba desde Ljubljana, actual capital eslovena, hasta Udine, en Italia, por un lado y, hacia el sur, comprendía toda la península de Istria. Al centro de este territorio, Trieste, la ciudad puerto del Imperio Asbúrgico, la ciudad de los miles de idiomas, la ciudad cosmopolita que Mussolini trató de hacer italiana sin lograrlo, pues en Trieste, hasta la fecha, decenas son los idiomas que se hablan, decenas son las religiones que se profesan. En Trieste, Hitler quiere su mando central de la región. El problema para los alemanes ahora es limpiar la región de la presencia de los partisanos y de los que considera su enemigo natural: judíos, gitanos, minorías eslavas y todos los italianos que traicionaron la causa nazi.

Es por eso que escoge un lugar y ahí funda el único campo de exterminio que hubo en Italia, en cuyo horno encontraron la muerte al menos 5 mil personas en sólo un año (el horno se inaugura el 4 de abril de 1944, la ciudad se libera el 29 de abril de 1945). Además de la eliminación física, el espacio fue lugar de tránsito y de reordenamiento de las miles de personas que eran capturadas y luego enviadas a otros campos. El último viaje de deportación salió de Trieste rumbo a Bergen Belsen el 24 de febrero de 1945.

La Risiera di San Sabba debe su nombre a la original destinación de los edificios que la componen (“riso”, en italiano, significa “arroz”) y al barrio en el cual se encuentra, San Sabba, zona en ese entonces marginal de la ciudad, ahora englobada por la expansión urbana. Hoy el lugar está rodeado por unidades habitacionales y el estadio de futbol del equipo local; sin embargo, no ha perdido su característico verticalismo que lo hace, a los sabedores de la historia, tétrico en su imponente estructura.

En 1965, el entonces presidente de la República declara el lugar Monumento Nacional, “por su relevante interés histórico y político”. Desde ese entonces el lugar se puede visitar y en él se llevan a cabo cada año las celebraciones del Día de la Liberación (el 25 de abril) y, desde 2000, el Día de la Memoria. Pero no sólo es monumento, sino que también se ha convertido en museo viviente de las atrocidades cometidas por los nazis y sus colaboradores italianos en el territorio de Trieste.

Un edificio, el central, de seis pisos, rodeado por otros tres más pequeños. El edificio central hoy con serva el aspecto de los que fueron los cuartos de la milicia nazi que ahí se hospedaba. A un costado del enorme edificio, en el lado occidental del mismo, sigue la marca de lo que era el horno (los alemanes, en su fuga, lo tumbaron con explosivos la noche entre el 28 y 29 de abril de 1945), en el cual hallaron la muerte miles de personas. Del mismo lado queda parte del patio que hoy está encerrado por un alto muro de cemento que lo separa de la calle. Frente a lo que queda del horno y contra el muro, encontramos una escultura en hierro que representa al humo que salía de la chimenea que ahí se encontraba. Del lado opuesto, el lado oriental del edificio principal, hay otro patio, hoy adornado con árboles. A la izquierda de dicho patio se encuentra ahora la entrada al monumento. Un pasillo entre dos altas paredes de cemento conduce por cincuenta largos metros al lado izquierdo del edificio central. Inmediatamente a la derecha encontramos la llamada “celda de la muerte”, ahí en donde eran custodiados los destinados al horno. Un lugar horrible, sin luz ni aire. La sensación al entrar es la fría presencia de la muerte que ahí conocía sus víctimas, cuando éstas aún tenían el calor de los sueños de la vida que se iba a acabar de forma tan abrupta. Continúa a la derecha un edificio de dos pisos: la planta baja era la celda más grande en donde encontraban descanso los prisioneros, antes de ser repartidos en las diecisiete celdas del piso de arriba, o en las cárceles de la ciudad .

El complejo de edificios ocupa poco más de ciento cincuenta metros de longitud. Es tan pequeño que a un primer vistazo resulta difícil creer que haya podido contener tanta tragedia, tanta maldad, tanta cientí fica estupidez de la humanidad para permitir que esto sucediera. Por suerte ahí está, para que quienes lo visiten conozcan hasta qué límite llega la conciencia humana, para que quienes pasen enfrente sientan ese aire gélido que sale con fuerza del pasillo de entrada, para que quienes lo vean desde el transporte público que pasa a un lado sepan que eso puede repetirse, con tan sólo dejar que la injusticia y la prepotencia se apodere una vez más de las relaciones humanas.

Ahí está la Risiera di San Sabba, para recordarle a los italianos que los alemanes no fueron los únicos en tener el mal en casa. Ahí está para que ustedes, los que nos leemos, también sepan lo que Trieste, la ciudad de Maximiliano de Austria, tuvo algún día en su larga historia.

Trieste, ciudad multietnica

El presente artículo fue publicado en La Jornada Semanal, suplemento dominical del periodico mexicano La Jornada , el día 13 de diciembre de 2009
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El pasado 5 de noviembre se celebraron los cincuenta y cinco años del llamado “regreso” de Trieste a Italia. Ubicada en la delicada fron-tera oriental de la península italiana, Trieste representa hoy el punto de encuentro inevitable entre Europa occidental y los Balcanes. Y es ahí, en ese encuentro, que Trieste tiene incrustada su historia y sus conflictos, pero también sus sueños frustrados.

Luego de entregarse, por decisión unánime del gobierno del “Libre común de Trieste”, al gobierno de Viena en 1382, Trieste vio un crecimiento constante bajo el impulso de los gobiernos de los emperadores que se sucedieron a la guía del imperio de Austria. Importante fue la obra de la emperatriz María Teresa, primera mujer en dirigir al incipiente imperio, que bonificó amplias áreas de la ciudad dejadas al abandono, hizo del puerto de Trieste un “puerto franco”, abrió espacios importantes a la cultura y a las artes y, junto al Edicto de Tolerancia, proclamado en 1781 por su sucesor, el iluminado emperador José ii , transformó a la ciudad de Trieste en un importante centro comercial, cultural y político. Particularmente importante resultó ser dicho Edicto, pues fue a partir de este evento que Trieste se convirtió en una ciudad más tolerante, en la que aún hoy sobreviven iglesias y templos de distintas religiones. Es de esta manera, y gracias a otras medidas que favorecieron ya en el siglo XIX la acogida para los perseguidos políticos de otros territorios, que Trieste se convirtió rápidamente en una ciudad abierta, multiétnica y en la que los idiomas hablados, más allá del oficialista alemán y el más común italiano, comprendieron el esloveno, el croata, el español, el inglés, el árabe. Es en este contexto que, desde el espléndido Castillo de Miramar zarpó, en 1864, el archiduque Maximiliano para llegar hasta México, en donde encontró la muerte en 1867 a manos de las tropas de Benito Juárez.

Hoy la ciudad de Trieste, rodeada al sur y al oriente por los territorios de Eslovenia, tiene su puerto apuntando inexorablemente hacia el norte. Desde la plaza central de la ciudad, Plaza Unidad de Italia, la más grande plaza europea con vista al mar, se puede observar la silueta blanca del antiguo Castillo de Miramar, tras el cual sigue la costa que queda a la derecha del panorama. Al frente, el mar, el Golfo de Trieste, que termina pocas decenas de kilómetros más adelante. De ahí una amplia llanura rodeada a su vez por el principio de los Alpes. Es así que, en un día despejado (fácil de conseguir gracias al viento Bora que caracteriza esta ciudad), no es difícil alcanzar a ver, manteniendo atrás los antiguos palacio s austriacos, el puerto, luego el mar y finalmente los Alpes, blanqueados en las cumbres por la nieve permanente que las puebla.

En un escenario casi idílico –y que suena así, aunque las contradicciones nunca han faltado– terminó el siglo XIX y con él comenzaron las discordias, que luego fueron confrontaciones, enfrentamientos y finalmente choque abierto entre las decenas de almas que poblaban la ciudad. De manera especial, en el contexto de un constante alejamiento entre los antiguos aliados, Italia y Austria, la comunidad italiana comenzó a alimentar lo que hoy se conoce como el “irredentismo” –palabra no traducible–, es decir el movimiento que reivindicaba la “italianización” de la ciudad de Trieste y otros territorios poblados en su mayoría por italianos, pero que aún se encontraban bajo el gobierno austriaco. El origen del movimiento irredentista italiano tenía su contexto en un movimiento más amplio, que la historiografía define como Risorgimento, y que, entre 1848 y 1870, produjo la Unidad de Italia tras la “liberación” de amplios territorios de la península antes en manos de los gobiernos de Austria, de España, de Francia y del Papa. Fue ese un movimiento de origen “romántico”, en el que el concepto de Nación nada tenía que ver con lo que se convirtió esa palabra en el siglo XX. Un movimiento político, sin duda, pero también cultural y filosófico que, al menos en sus pensadores más finos, buscaba simplemente la unidad de todos los territorios cultural e históricamente afines.

La historia lo demuestra y hasta las mejores intenciones son víctimas de la realpolitik. Fue así que el movimiento irredentista en Trieste no tardó en transformarse en un movimiento nacionalista y, tras protestas, atentados, conspiraciones, hechos violentos y no, logró poner en entredicho al gobierno austriaco. La realidad de esa lucha, que en su momento asumió los tonos de una verdadera “lucha de liberación”, es poco conocida o quizás ha sido injustamente tratada sólo por la historiografía de la derecha política, que aún hoy reivindica a sus mártires. Sin embargo, al menos un ejemplo hay que rescatar de entre quienes participaron y nunca tuvieron una visión excluyente de la movilización. Es el caso del escritor triestino Aron Hector Schmitz, quien, para dar testimonio de su visión adoptó, justamente en ese período tan tenso políticamente, el seudónimo de Italo Svevo, resumiendo en su nombre tanto la identidad italiana como la alemana. Raro ejemplo aquel; tan raro que al autor de Trieste se le recuerda más por sus excelentes obras literarias, como lo fueron La conciencia de Zeno y Senilidad, que por su empeño cívico.

En el altiplano que rodea la ciudad de Trieste y en los pocos kilómetros antes de llegar a la frontera con Eslovenia –misma que fue parte de la “cortina de hierro” que separaba el Occidente capitalista del comunismo, y que hoy sólo es un viejo recuerdo acostado en el territorio de la Unión Europea– la mayoría de la población es de origen esloveno. En una de las muchas cantinas típicas de estas zonas, las osmizas, aún aparece colgado un original de la comunicación emitida por el emperador austriaco Francisco José, en 1915. Ahí, el emperador señala a los italianos como a unos traidores, por haber entrado en la primera guerra mundial al lado de Inglaterra, traicionando la “vieja amistad” y, más concretamente, la Triplice Alianza. El acuerdo que orilla a Italia a participar en la guerra, tras un año de indecisión y debate parlamentario, fue precisamente la promesa, por la parte inglesa, de que, en caso de victoria, Trieste y los territorios limítrofes habrían sido italianos. El éxito de aquella guerra es conocido, y efectivamente Trieste y sus territorios terminaron en manos del gobierno italiano.

Con la asunción del poder por parte de Benito Mussolini, en 1922, la ciudad de Trieste se convirtió en el teatro principal del llamado “fascismo de frontera”, es decir la política fascista en los territorios orientales, en su mayoría –con excepción justamente de Trieste y de las ciudades de la costa más al sur– pobladas por eslovenos y croatas: italianización forzada de los nombres de la población, exclusión de los puestos públicos, acoso y persecución de la población no italiana, etcétera. En efecto, la historia habla de Trieste como del centro neurálgico de los cientos de acciones que de aquí se lanzaban territorio adentro, a perseguir tanto a opositores como a simples ciudadanos cuya única culpa era la de no ser italianos. Veinte años de fascismo que costaron miles de vidas, mucha violencia y mucha represión. Entre los personajes víctimas de la represión fascista en Trieste, vale la pena mencionar al comunista Vittorio Vidali, exponente de primer nivel del Comintern, y luego protagonista de varios episodios oscuros sucedidos lo mismo en Italia que durante la Guerra civil en España e incluso en México, pues las voces de muchos historiadores vinculan Vidali con la muerte de Julio Mella y del mismo Trotsky.

Es en este contexto que comienza una de las etapas más oscuras de esta ciudad, es decir, el período que va del 8 de septiembre de 1943 (fecha en que Italia firma el armisticio con los Aliados) hasta el celebrado 5 de noviembre de 1954. Abandonada por las tropas italianas, la ciudad es invadida a las pocas semanas por las tropas del ejército alemán. El gobierno alemán decidió instaurar en la ciudad el llamado Operationszone Adriatisches Küstenland, es decir, el mando alemán para las operaciones en el alto Adriático, el mar colindante de Italia, Eslovenia y Croacia. Además, el comando alemán estableció, en la que era la periferia de la ciudad, el único campo de concentración en territorio italiano. En la vieja fábrica de arroz, la Risiera de San Sabba, el ejército nazi levantó un pequeño campo para prisioneros. Característico de este campo, sin embargo, no fue el números de detenidos –relativamente pequeño– sino el importante número de ejecutados: la Risiera , en efecto, fue también el único campo de exterminio nazi fuera del territorio alemán. Aún hoy, a pesar de la demolición decidida a último minuto por las tropas nazis que escapaban, las marcas del antiguo horno siguen evidentes: ahí al menos trescientas personas encontraron la muerte. Los demás fueron deportados a campos muchos más conocidos, como Auschwitz-Birkenau y Dachau.

Tras la derrota militar, el 1 de mayo de 1945, las tropas alemanas abandonaban la ciudad. Y comenzaba, por el norte y por el sur, la falsamente llamada “carrera por Trieste”. Al sur, las tropas partisanas del mariscal Tito querían conquistar la ciudad, igualmente reivindicada por los yugoslavos. Más al norte, llegaban las tropas de Nueva Zelanda, que tenían la orden precisa de conquistar Trieste antes de que lo hicieran los comunistas de Tito. Sin embargo, las tropas yugoslavas llegaron primero y durante un mes ocuparon la ciudad. Fue hasta junio de ese año que los Aliados lograron convencer a Tito de retirarse de la ciudad, dejando el poder a un gobierno provisional aliado, y a comenzar las pláticas acerca del futuro de Trieste. Tras amplias negociaciones, en 1947, las partes involucradas decidieron: el territorio de Trieste y sus alrededores se dividía en dos partes. Trieste y sus territorios más cercanos formarían parte de la llamada Zona a , bajo un gobierno aliado, nombrado por la ONU; el territorio más al sur, también parte del contencioso, se transformaría en la llamada Zona b , bajo el mando provisional del gobierno yugoslavo. Las dos zonas, juntas, se llamarían Territorio Libre de Trieste (TLT).

Mientras en Italia se escogía la República en contra de la Monarquía (2 de junio de 1946), en Europa se definía el futuro equilibrio político y territorial, y en Yugoslavia se daba la ruptura entre Tito y Stalin acerca del futuro del comunismo mundial, Trieste seguía su doloroso camino hacia un futuro del que no se vislumbraba rasgo alguno. Durante casi una década, la mayoría italiana en la ciudad instrumentó protestas y movilizaciones no sólo para salir del limbo al que los ganadores de la guerra habían condenado a la ciudad, sino para que Trieste, a pesar de la derrota militar, regresara a ser italiana. Y a pesar de la importantes y contradictorias experiencias de los italianos de Trieste adscritos tanto al Partido Comunista Italiano como al Yugoslavo, así como a experiencias libertarias locales que pregonaban la creación de un territorio libre y autónomo en la ciudad, reivindicando la tradición multiétnica de ese territorio, la historiografía de la ciudad hoy en día no ayuda mucho a entender la real potencialidad que tuvo Trieste en ese período de su historia. Por desgracia, o simplemente por ineptitud, desde ese entonces la historia de la ciudad ha sido y sigue siendo prerrogativa de la derecha reaccionaria, esa misma derecha que desde la llegada del fascismo ha tratado de borrar cualquier identidad no italiana presente en el territorio. Ya sea por olvido, pero aún más por la embarazosa admisión de los excesos por la parte “comunista”, tanto de la facción más cercana a la línea dictada en Moscú como de la facción adherente a la línea de Tito, la historiografía de izquierda siempre ha preferido omitir la tragedia de las fóibas –las fosas comunes en donde encontraron la muerte algunos cientos de italianos durante la ocupación yugoslava– así como los crímenes del régimen fascista en todo el territorio de Trieste. Una sombra que pesa y que aún hoy es objeto de polémica y de silencios cargados de responsabilidad.

Es así que a partir del 5 de noviembre de 1954, Trieste, la última ciudad en ser italiana y uno de los últimos territorios cuyo destino fuera decidido tras la segunda guerra mundial, ha sido teatro de las disputas entre el gobierno italiano, localmente representado por la derecha reaccionaria, directamente heredera del fascismo de frontera, y la comunidad eslava (eslovenos y croatas, en su mayoría). Una disputa impar y que no ha escatimado violencia, agresiones y represión. Quizás sólo hoy, con la caída de la frontera debido a la presencia de Eslovenia en la Unión Europea y aun después de cinco décadas de gobierno italiano, se puede pensar en restablecer los antiguos sueños de una convivencia civil entre nacionalidades, culturas e idiomas distintos. Quizás sólo hoy Trieste tiene la posibilidad de dar cabida plena a la ciudad mitteleuropea pregonada por otros de sus grandes intelectuales, Claudio Magris.

07 dicembre 2009

El movimiento de cara a Copenhague

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 7 de diciembre de 2009
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La conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático, la llamada COP15, además de representar un horizonte inevitable si la humanidad quiere rescatar lo que aún se puede salvar de la devastación ambiental producida en los últimos 200 años, se perfila como una óptima oportunidad para medir y recomponer el movimiento social global. Ya lo hemos dicho anteriormente: mucho se centra en la calidad de los razonamientos y en la capacidad tanto de desarrollarlos como de imponerlos a los (ex) poderosos del planeta.

Antes de adentrarnos en el ámbito de las ideas, conviene describir algunas novedades importantes con respecto de la movilización que se está organizando alrededor de COP15.

Ante todo es importante subrayar la enorme diferencia entre las protestas organizadas alrededor de cumbres generalmente señaladas como ilegítimas –G-8, FMI, BM, OMC, etcétera– y la movilización alrededor de una conferencia que tiene mucha más legitimidad de existir o, por lo menos, es mucho más legitimada por distintos sectores del movimiento. Esto es un hecho fundamental, pues éste es el enfoque que el movimiento manifestará en Copenhague: será la combinación de protesta/contestación y diálogo con las partes reunidas. El objetivo general no será bloquear a los delegados, asediar la cumbre, cancelar el encuentro entre los poderosos, sino, al contrario: determinar la conferencia e imponer puntos de vista y decisiones. Claro, habrá algo de protesta, sobre todo a la luz de la ley, aprobada en tan sólo 72 horas, que asigna un mínimo de 40 días de cárcel para los llamados troublemakers. Las organizaciones ya están preguntando: ¿quiénes son los crea problemas? ¿Nosotros o ustedes, gobiernos que destruyen el planeta?

Con todo, y a pesar de lo anterior, esta conferencia representa para el movimiento la posibilidad concreta de una recomposición alrededor del tema ecológico. Una recomposición que se viene buscando desde hace unos años y que, por única vez, tiene la posibilidad de desarrollarse no tanto alrededor de las oposiciones, sino de las propuestas.

Hasta ahora, el asunto climático y ecológico ha sido enfrentado con dos actitudes. Por un lado, con la visión, casi catastrófica, de que el mundo estaría al borde de una destrucción de magnas proporciones y entonces se lanza la apelación a la salvaguarda de la naturaleza; por el otro, sobre todo en el ámbito de la reflexión crítica, el asunto ecológico siempre ha jugado un papel secundario, pues antes venía lo económico y lo social: la única dialéctica posible o importante era entre trabajo y capital.

La coyuntura actual, pero sobre todo la crisis ecológica actual, quizás nos permita salir de esta dicotomía y meternos de lleno en otros ámbitos de reflexión, es decir, la dialéctica entre el capital y la vida: no hay justicia social sin justicia ecológica. Y viceversa.

El movimiento tendrá que tener mucho cuidado en no caer en la trampa de la propuesta green economy, promovida por el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Sin duda, producir bienes y generar energía de manera limpia ayudará; nos hará bien en cuanto seres humanos. Pero la cuestión central es otra: el control y el manejo de esa producción y esa generación. Es el monopolio de los conocimientos y de las tecnologías lo que hay que vencer primero. Así las cosas, el capitalismo verde no es otra cosa que la propuesta de salida de la crisis por parte del capital, el enésimo revire que el capital realiza cuando descubre sus propios límites estructurales.

Y entonces, si son las ideas y las nuevas reflexiones el potencial valor adjunto de este movimiento, será importante plantear alternativas, viables y eficaces, que sólo podrán serlo si prefiguran la liberación de la humanidad. Del sueño a la realidad, según muchos activistas que ya caminan rumbo a Copenhague, el tema central de esta época es la independencia. Si el problema real no es la producción limpia y ecocompatible, sino la manera capitalista de implementarla, entonces lo que hay que reclamar es la independencia del crecimiento permanente y explotador del capital.

Por ejemplo, soberanía alimentaria, que se traduce en independencia de la esclavitud de las siembras transgénicas, que además de lo dicho provoca dependencia de los productores agrícolas; independencia en la producción de saberes y circulación de los mismos, y, sobre todo, independencia energética. Este último aspecto conlleva una crítica importante al modelo productivo de los agrocombustibles, lo cual a su vez abre el terreno para comenzar a fincar las responsabilidades de las crisis actuales también en otras latitudes del planeta.

Es fácil hablar hoy de decrecimiento como oportunidad de salvación frente al desastre inminente. Y no es posible criticar a quienes justamente creemos en esta posibilidad como salida. Pero tampoco hay que ilusionarse: el decrecimiento individual, personal, aunque fuera comunitario, solamente alarga la vida del actual modelo capitalista, pues hace durar más sus fuentes energéticas. En realidad, decrecimiento es hacer independientes nuestras necesidades del crecimiento devastador del capital. Dicho a la manera de los que están a punto de manifestarse en Copenhague: ¡Haz crecer tu independencia, acorta tu dependencia!