23 agosto 2009

Barruntos de fascismo

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, nº 1712, el día 23 agosto 2009.
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Cerca de Florencia, en las calles de la ciudad de Massa Carrara, se enfrentaron a golpes militantes de la Asociación de Solidaridad Proletaria (ASP) –un grupo de activistas de izquierda– con miembros del llamado Socorro Social y Seguridad (SSS), organización vinculada al partido de extrema derecha Fuerza Nueva.
Los militantes de la ASP caminaban por las calles del centro histórico de Massa­ Carrara, el pasado 25 de julio, cuando escucharon consignas e himnos fascistas que provenían de una cafetería, cuyo dueño los saludó al estilo nazi: el cuerpo erguido y el brazo derecho tendido al frente. Entre los clientes de la cafetería se encontraban militantes del SSS. Ambos grupos intercambiaron insultos, y minutos después volaron sillas y botellas.
El resultado: tres militantes de la ASP detenidos, tres policías heridos y varias personas sujetas a investigación judicial.
Se trató del primer enfrentamiento violento provocado por las llamadas “rondas”: organizaciones civiles neofascistas que realizan supuestas labores de “vigilancia y de seguridad” en sus barrios, pero que en realidad denuncian, hostigan o atacan a inmigrantes o a militantes de grupos de izquierda.
El Congreso italiano aprobó la Ley No. 733-B, el pasado 2 de julio, que permite la existencia de estas “rondas”. La ley entró en vigor el sábado 8 y establece que las administraciones locales (municipios) podrán “utilizar la colaboración de asociaciones de ciudadanos no armados con la finalidad de señalar a las fuerzas del orden eventos que puedan causar daño a la seguridad urbana o situaciones de malestar social”.
El principal impulsor de esta iniciativa fue el Partido de la Liga del Norte, que integra la coalición del gobierno del primer ministro Silvio Berlusconi. Su intención era legalizar las actividades de una de sus organizaciones: la Guardia Nacional Padana (GNP), la cual tiene “miles de miembros” en las regiones del norte del país que trabajan para tener “control ciudadano” sobre el territorio que habitan, según pregona su página en internet.
Existen otras organizaciones lideradas por representantes del fascismo italiano, entre las que destaca la Guardia Nacional Italiana (GNI). El pasado 13 de junio sus dirigentes ofrecieron una conferencia de prensa para presentar la imagen de sus militantes: uniforme color caqui con rayas negras a los costados del pantalón, cinturón negro, corbata negra y una banda también negra atravesada en el pecho. El “águila imperial”, símbolo del antiguo imperio romano, adorna la parte frontal de su gorra militar. Sobre la bolsa derecha de la camisa aparece un listón con los colores de la bandera de Italia y la inscripción en latín Domine dirige nos (Dios, guíanos). Un brazalete exhibe la imagen del “Sol Negro”, una figura parecida a una esvástica de 12 puntas que simboliza el esoterismo del norte de Europa.
Los objetivos de la GNI: “Garantizar un punto de encuentro para todos los italianos que quieren hacer algo concreto por su patria (…) Formar verdaderos patriotas nacionalistas que presten sus servicios al Estado italiano, a su unidad, a su Constitución y a su seguridad”, según se lee en su portal.

Los camisas caqui

Después de esa exhibición de los dirigentes del GNI, varios partidos de izquierda advirtieron sobre el peligro de que existan grupos como el de las “camisas caqui”, en clara alusión a las “camisas negras” de la época de Mussolini.
Marco Minniti, responsable de temas sobre Seguridad del opositor Partido Democrático (PD), exigió el 14 de junio ante reporteros que el gobierno “ponga freno a este desconcertante delirio”.
Ese mismo día, Massimo Donadi, presidente de los diputados del Partido Italia de los Valores (IDV, por sus siglas en italiano), señaló también a la prensa que “las camisas caqui recuerdan muy de cerca a las SS”. Y añadió: “La GNI evoca de nuevo la más terrible página de la historia europea (…) Son una ofensa a nuestra historia y a nuestra democracia”.
Sin embargo, Gaetano Saya, fundador y líder moral de la GNI, afirma: “Nosotros seguimos nuestro camino. Nuestra organización está registrada como asociación civil. No estamos violando ley alguna”.
En entrevista telefónica con el reportero, Saya considera que “son estupideces” las referencias que vinculan a su organización con el fascismo. Sostiene que las llamadas “rondas negras” o “camisas caqui” son “una cortina de humo” inventada por “los periodistas italianos, los cuales son unos mentirosos, difamadores de profesión”.
En 2002 el procurador de Justicia de Milán, Armando Spadaro, enjuició a Saya por “discriminación racial” debido a que reprodujo en su página de internet una frase de Hitler acerca de la “superioridad de la raza aria”.
Apenas el pasado 14 de junio, el procurador Spadaro inició una averiguación previa para determinar si existen elementos para acusar a la GNI de violar la ley 645 de 1952 que prohíbe la reorganización del partido fascista en Italia. Sobre Spadaro, Saya dice: “Es un payaso. Es un comunista subversivo que tiene que ser arrestado”.
Saya explica que la GNI está registrada como organización nacional para la “protección civil”. Enumera sus dos principales tareas: ofrecer seguridad y solidaridad a los italianos, “quienes se sienten en peligro a causa de la enorme masa de inmigrantes extranjeros, que nosotros llamamos no italianos, que roban, violan, asaltan, trafican droga, matan”, dice. Es por ello que “hemos propuesto a todos los italianos que se sienten patriotas a que vistan la camisa nacionalista de color caqui”.
Precavido, señala que su organización no tiene facultades para imponer el orden, sino para llamar a las fuerzas policiacas en caso de que detecte la comisión de algún delito. Pero no oculta su posición sobre los inmigrantes: “Los italianos son despedidos y los no italianos son contratados. ¿Podemos permitir esto? No, nosotros no lo vamos a permitir nunca. Hasta allí llegará nuestra represión: feroz, dura e implacable”.
De acuerdo con el sitio web de la GNI, esta organización cuenta con más de 2 mil voluntarios dispersos por toda Italia. Saya expresa que la mayoría de sus miembros son ciudadanos “de todo tipo de origen social e ideológico” que tienen un punto en común: “están cansados de sufrir los abusos de los inmigrantes”. Reconoce que “el núcleo fundador del movimiento está compuesto por personas que proceden del cuerpo de los Carabineros, de las Fuerzas Armadas y de la Policía”.
Insiste: “No somos nazis y el fascismo pertenece a la historia”. Sin embargo, comenta que “el próximo 4 de noviembre haremos una manifestación en Roma en la que juraremos fidelidad a la patria, pues los italianos somos un pueblo de héroes que por mucho tiempo fue aniquilado, humillado, pero ahora el viento de la historia ha vuelto a soplar en Italia y el mundo verá por tercera vez la fuerza de Roma y de sus legiones… Dios está con nosotros”.

Desde las sombras

El pasado 13 de junio, durante la citada conferencia de prensa, la GNI presentó como su presidente nacional a Maurizio Correnti, exteniente del grupo especial “Los Alpinos” del Ejército italiano, y como comandante general a Augusto Calzetta, excoronel del cuerpo de Carabineros.
En 2007, la Procuraduría de Justicia de Massa Carrara inició un juicio en contra de Calzetta por los delitos de “asociación delictuosa”, “tráfico de cadáveres” y “fraude”. Según notas de prensa sobre el caso –aún abierto en el tribunal local–, Calzetta era encargado del cementerio de la ciudad, cargo que aprovechaba para despojar a los cadáveres de objetos de valor (joyas, piezas dentales de oro, ropa) antes de incinerarlos.
En 2005, Calzetta y Saya fueron enjuiciados por la Procuraduría de Justicia de Génova. Y es que, tras los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid, Saya fundó el Departamento Estudios Estratégicos Antiterrorismo (DSSA, por sus siglas en italiano), al que se incorporó Calzetta. Esta organización se dedicaba a investigar de manera ilegal a personas y a supuestos grupos terroristas islámicos asentados en Italia. Lo hacía en forma paralela a los servicios secretos italianos, pero mantenía estrecho contacto con varios de sus agentes y funcionarios. La Procuraduría genovesa concluyó que el DSSA realizaba actividades clandestinas sin autorización oficial y ordenó su disolución y la detención de sus líderes, Saya entre ellos.
El DSSA estaba formado por “un conjunto de espías, neofascistas y policías que no solamente tenían contacto con el servicio secreto militar, sino que tenían acceso a los bancos de datos del Ministerio del Interior”, explicó el pasado 4 de junio Saverio Ferrari, investigador de la organización civil Observatorio Democrático y experto en el tema de movimientos subversivos de derecha en Italia.
Durante una entrevista publicada por el portal Peace of Reporter, el investigador recordó que “la Procuraduría bloqueó el sitio de internet del DSSA. En éste anunciaba que crearía grupos para proteger al país. Además, decía que tenía una estructura paramilitar uniformada que, según sus planes, intervendría en auxilio de las fuerzas armadas en caso de emergencia nacional”.
La relación de estas organizaciones con las fuerzas políticas de derecha no es un secreto. El mismo Saya reconoce que muchos de los miembros de la GNI pertenecen también al Movimiento Social Italiano (MSI, el partido surgido en 1946 y heredero del Partido Nacional Fascista de Mussolini) o al Partido Nacionalista Italiano”, creado apenas en abril pasado.
En el sitio web de la GNI se admite que esta organización tiene “relaciones de amistad con Fuerza Nueva”, cuyo presidente nacional es Roberto Fiore, a quien un tribunal de justicia señaló como uno de los presuntos responsables de la mayor matanza terrorista en Italia: el bombazo del 2 de agosto de 1980 en Bolonia, que dejó 85 muertos. Sin embargo, Fiore aprovechó que fue liberado del arraigo provisional al que fue sometido para escapar a Londres. Vivió ahí 20 años. En ese tiempo fundó una agencia de de colocación de empleos temporales. Hizo una fortuna. Cuando en el año 2000 el tribunal no encontró evidencias sobre su participación en esa matanza, Fiore regresó a su país y con el dinero que ganó en Londres financió la creación del partido Fuerza Nueva.
Según Ferrari, incluso el primer ministro italiano Silvio Berlusconi tuvo contacto con Saya en 2005, cuando “se dirigió a su organización en la búsqueda de una alianza electoral. Saya estaba en arraigo domiciliario, así que la esposa de éste acudió a la cita con Berlusconi. El encuentro no produjo ningún acuerdo”.
Dos días después del enfrentamiento en Massa Carrara, el 27 de julio, el alcalde de esta ciudad, Roberto Pucci, declaró que no sospechaba que las cosas “llegarían a este punto”. Y anunció: “Prohibiré las rondas organizadas por la derecha. La propias siglas SSS son una provocación”.
El 8 de julio la Procuraduría de Justicia de Milán inició una averiguación previa por “apología del fascismo” en contra de la “ronda” Blue Berrets. Esta organización –cuyo presidente es Vincenzo Scavo, miembro del MSI– prestó hasta el pasado 6 de julio “el servicio de vigilancia en la red de transporte metropolitano” de la ciudad. Para ello suscribió un acuerdo con el gobierno local, el cual le pagó 220 mil euros.
En entrevista con Proceso, Sergio Zulian, miembro de la asociación Racismo Stop, dice que “en Italia existen amplios sectores de la sociedad –cuyos representantes gobiernan al país– que apuestan a una salida autoritaria de la actual crisis económica”. Explica que estos dirigentes de derecha “utilizan una serie de episodios de crónica roja, algunos de ellos graves, para fomentar el miedo entre la población y ofrecer respuestas radicales y emotivas en el plano de la seguridad, las cuales limitan los derechos de la ciudadanía”.
Este modelo de seguridad, según Zulian, “es muy ambiguo, porque se promueve que los ciudadanos sean los que participen, que sean comunidad, pero lo hace a través de la exclusión social y la militarización del territorio”.
El activista italiano señala que la Ley 733-B “ofrece a grupos de extrema derecha la oportunidad de salir a la luz y estar presentes en diversos territorios del país”.
Y concluye: “Es evidente que este tipo de políticas evocan lo peor: los monstruos de la historia”.

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