28 agosto 2008

Derechos humanos y migrantes

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 28 de agosto de 2008
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La teoría acerca de los derechos humanos se desarrolla formalmente con la Declaración universal de los derechos humanos de 1948. A partir de entonces, el tema se fue utilizando de manera subjetiva, según el orador o el gobierno del momento, para desprestigiar la actuación de la contraparte, mientras difícilmente se aplicaba su respeto en la realidad a lo largo del siglo pasado, caracterizado por guerras de baja intensidad –o de alta intensidad, pero localizadas– en el contexto de la llamada guerra fría. Al mismo tiempo, la cuestión de los derechos humanos ha servido como fórmula para mover críticas y denunciar casos específicos.

Sin menospreciar el papel fundamental que han mantenido ciertas organizaciones nacionales e internacionales, que con su trabajo han logrado sacar a flote casos y situaciones despreciables por el trasfondo de violencia que encarnan, creemos importante subrayar el reverso de la medalla.

Hablando de los derechos humanos de los ciudadanos migrantes, el tema se renueva alrededor de esta nueva emergencia en la medida que cada migrante busca alcanzar metas, la primera de las cuales –tener un lugar digno donde vivir–, ciertamente no se cumple en un sistema económico que utiliza la fuerza laboral migrante al tiempo que la precariza. Observamos así cómo surgen decenas de organizaciones, de individuos, de reuniones que se dedican a la denuncia y a la recolección de casos que comprueban lo que la lógica y el buen sentido de cualquier lector y analista de buena fe sabe: los migrantes, como pocas otras categorías humanas, son objeto de las mayores violaciones en sus derechos humanos. Por lo que la labor de estos sujetos organizados resulta fundamental, más en el mundo actual, donde los medios informativos, primeros que deberían mantenernos al tanto de ésta y otras realidades, callan o transfiguran los hechos reales: falta de libre circulación de las personas, abusos económicos y físicos, sufrimiento de miles todos los días, vejaciones y amenazas, humillaciones y explotación, discriminación y marginación. Informar de ello es la labor fundamental de todos los que están empeñados cotidianamente en romper el muro del silencio que rodea esta situación para que se quiebren las visiones románticas o demasiado trágicas, así como en defender e intervenir ahí donde se pueden hacer efectivos los instrumentos que se derivan de esa primera declaración de hace más de medio siglo.

No obstante, este enfoque, tomado como único punto de vista acerca de la problemática, puede impedirnos mirar el asunto con visión integral. Por citar un ejemplo supremo, podemos mencionar la trágica dictadura chilena que fue objeto por parte de numerosas organizaciones de observación y denuncias de casos de violación de los derechos humanos. En 1976, Amnistía Internacional ganó el Nobel de la Paz por su estudio de caso acerca de las violaciones a los derechos humanos que se perpetraban bajo el brutal régimen de Augusto Pinochet. Sin embargo, esa labor y la visión que conllevaba, fundamental bajo el perfil del conocimiento de la verdad, fue en su momento un peligroso señuelo para todos aquellos que no querían ver, o no pudieron ver, que detrás de tanta tortura, asesinatos y abusos había un plan, un complot para implementar un sistema productivo y económico. Y sin embargo, esta situación permitió separar lo que aparentemente fue un error –la tortura– de lo que fue, en cambio, presentado como éxito y finalmente premiado: Milton Friedman, teórico del neoliberalismo y asesor económico de Pinochet, recibió el Nobel de Economía en 1976. Como si un modelo económico tan absoluto como el planteado por los hombres de Chicago no implicara la violencia que el régimen pinochetista aplicó.

De la misma manera podemos observar que si al hablar de migrantes tomamos como único parámetro el de los derechos humanos corremos el injustificable riesgo de tapar el problema con un dedo. Es cierto que los migrantes sufren violaciones a sus derechos fundamentales, pero también es cierto que tales violaciones, y con ellas las condiciones de detención en las estaciones migratorias, y los abusos que sufren en su recorrido, y las discriminaciones de las que son objeto, y los sufrimientos a los que son sometidos, son parte de un conjunto de medidas, causas y efectos que habría que señalar con mayor frecuencia por parte de quienes nos ocupamos de defender los derechos de migrantes. Porque en caso contrario, un día podríamos encontrarnos con alguien que nos reclame, tal como hizo la escritora francesa Simone de Beauvoir durante la sangrienta guerra de independencia en Argelia: “Protestar en nombre de una moral en contra de ‘excesos’ o ‘abusos’ [de los franceses] es una aberración que se asemeja a la complicidad. No hay en ninguna parte abuso o exceso, sino que en todas partes está un sistema”.

25 agosto 2008

Basura electrónica: envenenando a los pobres

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 25 de agosto de 2008.
La versión en .pdf.
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“Enviar los viejos aparatos electrónicos –como celulares, computadoras, reproductores de video-- a los países en vías de desarrollo, es a menudo un acto llamado ‘acortar la distancia digital’”. Sin embargo, muchos de éstos “ya no pueden ser reutilizados y se convierten en basura”.

Ello sucede, por ejemplo, con el 75 por ciento de los “bienes de segunda mano” que los países desarrollados envían a África.

Un informe difundido en la primera semana de agosto por la organización internacional Greenpeace da cuenta de lo anterior, y señala que los países pobres reciben buena parte de la “basura electrónica” que produce el mundo: entre 20 y 50 toneladas al año, según estimaciones del Programa Ambiental de Naciones Unidas.

El informe, titulado Envenenando a los pobres. Basura electrónica en Ghana, advierte que los trabajadores que manejan estos desechos y las personas que viven cerca de los lugares en los que son depositados, están “expuestos a substancias químicas riesgosas”.

El mercado

Este es el segundo reporte que Greenpeace presenta en esta materia. El anterior informe, difundido en agosto de 2005, ubicó dos países de almacenamiento y procesamiento de esta “basura electrónica”: India y China.

Señaló que el aumento de desechos de este tipo se debía a factores como “la expansión del mercado global de los productos eléctricos y electrónicos” y la disminución del “promedio de vida útil” de este tipo de aparatos.

Además, advirtió que no existen “políticas adecuadas de reciclado”. Estimó, por ejemplo, que “de las 8,700 millones de toneladas (de basura electrónica) producidas en la Unión Europea, al menos 6,600 millones no son recicladas”.

En su informe de este año, Greenpeace ubica otro destino de los desechos de este tipo: Ghana.

Explica que, en abril pasado, investigó la zona de éste país contaminada por el almacenamiento y el reciclado de esta basura a partir de “las evidencias de que los desechos electrónicos (e-waste) eran exportados, a menudo ilegalmente hacia Ghana desde la Unión Europea (UE) y Estados Unidos”.

Además, el equipo de la organización internacional documentó en ese país “basura electrónica de marcas europeas, japonesas y estadunidenses, como Philips, Sony, Microsoft, Nokia, Dell, Canon y Siemens”.

Y apunta: “Las etiquetas de los equipos revisados revelaron que los mismos proceden de organizaciones como Den Kongelice Livgarde (la Guardia Real Danesa) y del Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos”.

Igualmente, reporta que sus investigadores observaron “contenedores procedentes de Alemania, Corea, Suiza y Holanda que eran descargados en el puerto de Tema, el mayor de Ghana. Todos ellos pasaron por puerto de Antwerp, en Bélgica”.

Denuncia: “A pesar de que las leyes de la UE impiden la exportación de desechos electrónicos peligrosos, miles de toneladas de este material son llevadas a los países en vías de desarrollo, como Ghana”. Y señala que, para evadir esas leyes, “los contenedores llevan grandes lemas que dicen ‘material de segunda mano’, ya que la UE permite exportar este tipo de bienes.

“Aunque se consideran bienes de segunda mano a los que son probados y empacados con los cuidados necesarios, más de la mitad de los productos así etiquetados terminan en los tiraderos, pues resultan no ser utilizables o están rotos”.

Además, señala que “en Ghana no hay control alguno sobre los bienes importados bajo este régimen” y, de haberlo, “en muchas ocasiones la ‘segunda vida’ de los aparatos es tan corta, o los aparatos llegan sin algunas partes esenciales, que terminan pronto en los tiraderos”.

Añade el reporte: “El constante crecimiento de la demanda del más reciente celular fascinante, de la pantalla plana o de la computadora super-rápida, crea un vasto abanico de materiales electrónicos obsoletos que contienen químicos tóxicos, como el plomo, el mercurio y otros. En lugar de ser cuidadosamente reciclada, mucha de esta basura se descarga en los países en vías de desarrollo”.

Contaminación mortal

En su investigación en Ghana, los investigadores de Greenpeace recogieron muestras de los desechos. Las llevaron a laboratorios de la Universidad de Exeter, en Reino Unido. El resultado de los análisis: “contenían metales altamente tóxicos”.

Aclara: “Muchas substancias tóxicas forman parte de los componentes de los aparatos; otras son producto de los incendios que buscan quemar los desechos”.

Entre los químicos altamente peligrosos se encuentran: “plomo (de soldaduras), cadmio (de baterías), antimonio (utilizado para evitar las quemaduras)” y diversas variedades de plástico. Todos estos materiales, explica el documento, son “potencialmente cancerígenos, algunos atacan al sistema reproductivo, otros el sistema inmunológico, otros más el sistema nervioso”.

Greenpeace explica que la investigación se realizó en dos tiraderos: uno en el mercado de Agboblogshie, en la ciudad de Accra, la capital; el otro en la ciudad de Korforidua, en el norte del país. En el de ésta última encontró también a personas que recolectaban este tipo de basura con el propósito de “sacarles provecho. Por ejemplo, dos dólares por cada cinco kilos de cobre o de aluminio”.

El reporte dice que la mayoría de estas personas “son jóvenes de entre 11 y 18 años, pero había también menores de cinco años. Muchos son enviados por sus padres a la capital en busca de algo de dinero”.

Describe: “Los muchachos recogen los desechos electrónicos con sus manos desnudas. A veces utilizan palos y piedras para romperlos. Buscan metales, por ejemplo, el cobre. Para conseguirlo, ya que éste se encuentra en los cables o adherido a los plásticos, los queman para ‘liberarlos’”.

Los incendios así provocados, explica el reporte, “liberan substancias y humos altamente tóxicos que afectan la salud de los ‘trabajadores’ y de los que viven en los alrededores”, además de que “estas substancias contaminan la tierra y el agua”.

El documento de Greenpeace recomienda a los países de origen y de destino de estos desechos que aprueben leyes “para controlar el mercado y su tráfico” y que tomen medidas para promover su reciclaje.

Concluye: “Los países ricos seguirán envenenando a los países más pobres del mundo hasta que las empresas no eliminen las substancias de sus productos electrónicos y no asuman la responsabilidad de gestionar el ciclo completo de vida de un artículo de consumo”.

16 agosto 2008

Anticapitalismo dirigido

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 16 de agosto de 2008
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Al fracaso actual del neoliberalismo no responde un igual y contrario desarrollo del antagonismo de izquierda. La ilusión de ciertas luchas que se definen a sí mismas “anticapitalistas” choca con la realidad de grupos de intelectuales y militantes que en ciertos ambientes –los partidos políticos, ante que todo– han encontrado el lugar en donde estacionarse y sobrevivir a una forma de luchar y organizarse atropellada por el paso del tiempo.

Si es cierto que el neoliberalismo, tal cual lo hemos vivido y sufrido hasta hoy, está en una etapa de profunda crisis estructural, la razón no hay que buscarla del otro lado de la barricada, sino en el interior mismo del modelo político económico. Las causas residen en el tejido más profundo de este sistema que había ilusionado a los más –o al menos a la mayoría de los que gobiernan– con ofrecerles un sistema perfecto de equilibrio entre la producción, la ganancia y el bienestar colectivo. El sistema neoliberal, en cambio, se está derrumbando bajo el peso de sus propias ilusiones transformadas en pesadillas para los que lo promovieron y en miserias y muertes para la humanidad. No obstante, lo más probable es que asistiremos, una vez más, a la transformación de esta bestia feroz llamada capitalismo, transformación que le permitirá dejar de ser “neoliberal” para convertirla en algo más.

Pero, ¿qué hay del otro lado de la barricada?

Ciertamente hay una “izquierda anticapitalista”. Y, sin embargo, rechazamos la tesis según la cual ésta se encontraría entre las filas de los partidos políticos. El caso italiano, recientemente tomado por ejemplo en estas páginas, es paradigmático del vacío que representa cierta izquierda partidaria. El Partido de la Refundación Comunista (PRC) no es hoy la alternativa a este modelo. Ni lo ha sido en los últimos 15 años. Será, sin embargo, suficiente observar la trayectoria del PRC desde 2006, cuando la elección movimentista de la entonces dirección del partido se canjeó con una rebanada del poder político italiano. En las elecciones políticas de ese año, cuando la llamada “facción de centroizquierda” logró arrebatar el gobierno italiano al conservador Silvio Berlusconi, el PRC se presentó al electorado con pocas, pero claras consignas: no a la guerra, no a los centros de detención para migrantes, no a la precariedad laboral. Pero, como suele suceder, llegados al poder, alcanzados los escaños del palacio de gobierno, los del PRC parecieron olvidar repentinamente las consignas. Y, aún más grave, parecieron olvidar a los que hasta unos días antes eran los “compañeros de lucha”, es decir, al vasto movimiento que desde antes del G-8 de Génova y hasta por todo el ciclo de batallas en contra de la guerra, habían aceptado entablar un diálogo y una colaboración con la base inscrita en el PRC.

Un ejemplo sobre todos: el actual secretario nacional del partido, ese Paolo Ferrero que sorpresivamente arrebató el puesto al oficialista Nichi Vendola, en ese 2006 ganó el puesto de ministro de la Solidaridad Social. Si fuera poco, el neoministro logró conseguir las delegas por parte del gobierno al tema migratorio y a las políticas sociales. Bien, de solidaridad social se vio muy poco en el gobierno de centroizquierda italiano: la afamada ley migratoria italiana –amenazada de profundos cambios por los entonces candidatos de izquierda– sigue siendo la misma, sin alguna modificación sustancial; las tropas italianas siguen desplegadas en las mal llamadas “misiones de paz” en diferentes países, como por ejemplo Afganistán; la precariedad laboral –y contractual– continúa siendo el eje del sistema productivo italiano sin que los temidos neocomunistas hayan siquiera intentado cambiar los equilibrios de fuerzas entre el capital y la masa trabajadora.

Efecto “estómago”

Se podría ingenuamente esperar que todo lo anterior –más lo omitido que no alcanza para este espacio– haya sucedido a costa del PRC, sacrificado por una correlación de fuerzas internas a la mayoría de gobierno imposible de cambiar. Y sin embargo duele admitir que así no fue. Los votos a las misiones militares en el exterior, la inmovilidad que no permitió cambiar ciertos aspectos fundamentales de la convivencia colectiva, procedieron ambos de las filas del PRC. ¿Por qué? Por miedo a que el gobierno –en déficit de votos en el Parlamento– tuviera que renunciar, ofreciendo el espacio a la derecha que hoy ya gobierna Italia. ¿Cálculo para el bien de todos? ¿Un sacrificio de estos diputados y senadores y dirigentes neocomunistas, obligados a tragar lo indigestible de la política capitalista con tal de impedirnos el nefasto regreso de la derecha? Quizás. Y, sin embargo, hubo quienes ya no aguantaron y votaron en contra. Fue así que el senador del PRC Franco Turigliatto, quien se opuso a votar en favor de la política militarista del gobierno, tuvo que salir entre críticas y desprestigios del partido.

La esperanza es la última en morir y caminamos preguntando si esta vez el PRC será capaz de transformarse en algo distinto a lo que hasta hoy ha sido. Vistos los precedentes, el sentido común nos sugiere mantener cierto pesimismo, porque creemos difícil revertir lo que el subcomandante Marcos recientemente ha señalado, es decir, el efecto estómago del poder, que o te digiere o te hace mierda.

 
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