25 settembre 2007

Ecuador: la visión indígena

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 24 de septiembre de 2007
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El próximo 30 de septiembre, los ecuatorianos elegirán una nueva Asamblea Constituyente. Tal fue el mandato de un referéndum que el gobierno del presidente Rafael Correa promovió el pasado 15 de abril, y en el cual el pueblo ecuatoriano decidió volver, una vez más, a replantear su propia ley fundamental.

Con declaradas intenciones de hacer de la nueva constitución política ecuatoriana un instrumento para plasmar en la sociedad el llamado “socialismo del siglo XXI”, el gobierno de Correa aprovecha el momento para dar respuesta a “las importantes movilizaciones de estos últimos años que han dicho ‘no’ a la política neoliberal” y promueven en su lugar “el regreso del papel del Estado en la vida política y económica de Ecuador”.

Entre los actores políticos que han determinado la historia de los últimos años en Ecuador --derribando gobiernos, imponiendo visiones, pero sobre todo modificando radicalmente los equilibrios sociales ecuatorianos-- se encuentra la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie).

En entrevista con Apro, Blanca Chancoso, directora de la Escuela de Formación de Mujeres Líderes de la Conaie y figura de referencia en el movimiento indígena ecuatoriano, dice: “Llevamos 500 años de resistencia. No fuimos muy visibles y eso permitió que, después de tanto tiempo, aquí sigamos”.

Ya en la época republicana, explica, “hemos vividos procesos. Pero también los pueblos indígenas vamos tomando forma y conciencia sobre nuestra identidad, porque hasta los años 80 había campesinos e indígenas, pero todos sin una identidad clara. A partir de esa década, con la fundación de la Conaie, tuvimos el instrumento para afirmar nuestra identidad como indígenas y nuestra identidad política”.

Hoy la Conaie se encuentra en un momento de reflexión y balance de su situación. “Hubo coyunturas muy importantes y justamente estamos en un momento de evaluación. Mirando los procesos y las luchas que hicimos, vemos que hemos tenido alcances importantes, pero no se han logrado completar, pues hemos tenido vacíos y faltas estratégicas”, admite.

“No sabemos qué sucedió. Quizás no estuvimos preparados para enfrentar un mundo que criticamos y no hemos podido ofrecer alternativas integrales. Lo cierto es que en los años 90 hemos podido afirmar el tema de las nacionalidades, como proyecto político”, agrega.

La búsqueda de identidad

La “plurinacionalidad” es tema central en el discurso de la Conaie. Reivindica con orgullo haber logrado imponerlo como tema en la agenda nacional. Hoy, explica la líder indígena, el concepto está en el debate político del país, aunque, admite, no todos lo han entendido.

Para explicar la “plurinacionalidad”, Chancoso recurre a la historia del movimiento: “Nos tenían convencidos de ser campesinos, dentro de un concepto de clase, lo cual escondía la raíz indígena. También en la izquierda, con la que nos identificamos, nos miraba como trabajadores agrícolas o, en todo caso, como obreros. En fin, nos ubicaban como clase trabajadora, en contraste con la clase rica: nosotros éramos proletarios.”

La falta de categorías políticas en la izquierda ecuatoriana en los años 80 empujó a los indígenas a buscar una identidad propia. “Cuando se planteaba la igualdad, sólo éramos trabajadores y la construcción del poder estaba vista desde el trabajador. El campesino, en todo caso, era aliado del obrero, nada más”, explica.

“Todo eso estaba bien, pero tenía que ver nada más con lo económico. La identidad, las costumbres, nuestras formas de ser, organizarnos y vivir desaparecían ahí. Entonces planteamos que no queríamos ser vistos como individuos, sino como colectividades.

“Estudiamos. Pedimos apoyo a compañeros sociólogos, antropólogos y a todo tipo de investigadores. Nos dijeron muchas cosas muy bonitas. Nos dijeron lo que ellos creían que éramos. Finalmente les agradecimos y tratamos de buscarnos a nosotros mismos. Y llegamos a la conclusión de que somos una nación o varias de ellas”, recuerda.

“Hablar de nacionalidad no es sólo una ubicación geográfica. A nivel internacional se habla de pueblos, nosotros investigamos y descubrimos qué significa, según nosotros, nación: territorio, idioma, historia, instituciones propias”, explica.

Cuando los indígenas se definen como naciones, señala Chancoso, se arma el escándalo: “La gente de izquierda nos decía ‘ustedes quieren dividir al país’. Pero nosotros les decimos que queremos un país unitario pero plurinacional; la unidad en la diversidad.”

Señala afirmarse como naciones les permitió hacer cambios en su agenda de reivindicaciones, en su comportamiento frente a los gobiernos. “Y ya no tuvimos miedo de afirmar nuestra organización. De esta forma, ya pudimos hablar de leyes, religión, salud, educación, cosas que nosotros ya tenemos por nuestra cuenta”.

El proceso de autodefinición coincidió con el quinto centenario de la conquista: 1992. A partir de ese año, explica, “nos metimos en la cabeza definirnos como pueblos en resistencia, mas no conquistados”.

El Constituyente

Desde los años 90 se establece el proyecto político indígena. La lucha por la tierra es el eje de su política que desemboca en movilizaciones masivas que influyen en la formación de gobiernos o en su derrocamiento.

“En 1998, la Asamblea Constituyente no reconoció lo plurinacional, pero sí lo multicultural”, explica Chancoso. “Pero los derechos colectivos están pendientes. Por eso no dejamos de luchar por una Asamblea verdadera que reconozca nuestro derecho”, agrega.

Ahora la nueva Asamblea Constituyente –que tiene programado instalarse en diciembre próximo e iniciar sus labores a partir de enero 2008— abre nuevas perspectivas: “Con el gobierno actual, del que no somos parte, creíamos importante convocar, junto a él, la Asamblea, y pensamos comenzar a dialogar con este gobierno acerca de nuestra agenda.”

Los pueblos indígenas, según la líder de la Conaie, no deberían de participar en la Constituyente por elección de partidos. “Ese no era el procedimiento que buscábamos. Antes que todo porque nosotros no tenemos un partido, ni el Patchakuti lo es”; pero el gobierno no aceptó la propuesta indígena.

“El gobierno se puso de rival con nosotros. Nos retó y nos dijo: ‘Los indígenas pueden participar en la Asamblea, pero sólo participando en las elecciones’, y eso a nosotros no nos gustó: no entramos a partidos, porque tenemos nuestra propia postura política”, explica Chancoso.

“Otra opción, la de fundar otro partido, no viene al caso, no nos interesa. Una tercera opción hubiera sido no participar, en protesta”, dice.

La dirigente de la Conaie no esconde cierta frustración por el desarrollo del proceso para establecer la Asamblea Constituyente. El presidente Correa parece haber arrinconado al movimiento indígena. “Sin embargo, siendo políticamente consecuentes, los indígenas aceptamos este reto y participaremos electoralmente a través del Patchakuti, aceptando que el gobierno, aun siendo contradictorio, está encaminando las cosas hacia una dirección razonable”.

Los indígenas, según Chancoso, son alrededor del 50% de la población, aunque otras estadísticas manejan porcentajes mucho más bajos. Sin embargo, la Conaie sostiene que no existe un censo verdadero. “Porque siendo mayoría –explica--, deberíamos de ganar esta elección, así como hubiéramos ganado las elecciones presidenciales.”

Pero las presidenciales las ganó Rafael Correa con un margen histórico de más de 13 puntos sobre su mayor contrincante, Álvaro Noboa. Y el candidato de la Conaie, que por primera vez participó en las elecciones ecuatorianas, alcanzó apenas 1%.

El candidato indígena, Luis Maca, actual presidente nacional de la Conaie y exministro del gobierno de Lucio Gutiérrez, perdió por distintas razones. Le pesa a Blanca Chancoso recordar ese proceso electoral: fue un reto para la visión indígena, pero acabó en una derrota: “Antes que todo, la falta de recursos para la campaña electoral. Otro elemento: nuestro pueblo no está totalmente empadronado y, además, no está familiarizado con el proceso electoral, así que no sólo muchos no sabían cómo votar, sino que nos mandaban lejos de nuestras comunidades, cosa que no todos pudimos hacer.”

Pero Blanca Chancoso no se queda sólo con los limitantes que impidieron a los indígenas votar. Y afirma: “Hubo un fraude en la primera ronda”.

“Claro –dice luego-- no íbamos a ganar, pero tampoco era ese el porcentaje que nos tocaba”, afirma.

“Es algo que no se ha dicho. No queríamos que la denuncia se convirtiera en un boomerang para nosotros. Fueron los militares (que además en Ecuador no tienen derecho a voto) quienes forjaron el fraude: ellos son los que transportan las boletas y son partidarios del gobierno. Pero de eso no se habla, para no tocar a la institución”, agrega.

Chancoso dice que todavía en Ecuador hay cierto racismo, inclusive en la izquierda política de su país se impone la idea de que los indígenas no son capaces de gobernar.

Finalmente, la líder indígena admite: “Nos cobraron la factura por la alianza con el presidente Lucio Gutiérrez (en 2002). Muchos que podían apoyarnos, votaron por Correa.”

Así que hoy, con la Constituyente en puerta, la Conaie participa pero con la conciencia de que es una asamblea; pero habrá más. “Y Si no conseguimos los objetivos, pelearemos por otra asamblea para que se defienda lo conquistado en 1998 y pueda ser reconocida la ‘plurinacionalidad’.”

La líder indígena advierte: “Habrá movilizaciones importantes en los próximos meses porque no nos dejaremos utilizar. Nos quieren hacer sentir como que miramos hacia atrás y estorbamos al cambio, inclusive que somos colaboradores de la derecha.”

Y aclara enseguida: “Pero no hablan sobre dónde está plasmado lo nuestro. Quieren que posterguemos nuestras demandas, pero no.

“Tenemos una canción, nosotros los indígenas, que dice que el 24 de mayo (aniversario de la Batalla de Pichincha de 1822, en la que se rindieron las tropas españolas frente a Sucre y que derivó en la independencia de Quito, NDR) nos cambiaron de patrón y en 2007 no queremos otro cambio de patrón, queremos liberación”, concluye.

18 settembre 2007

La estrategia militar anticrimen favorece a los grupos delictivos, dice experto italiano

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 18 de septiembre de 2007
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Frente a la política estatal que busca combatir la criminalidad organizada sólo mediante el embate frontal, de tipo militar, Carlo Giuseppe Marino, historiador italiano y especialista en la mafia, opina que este tipo de estrategia sólo es funcional para el mantenimiento de las organizaciones delictivas.

“Se hizo también en Italia: se metió al ejército en Sicilia. Pero no sirvió. La paradoja es que mientras esta política combate realmente la criminalidad organizada, no se entera que arriba de ésta hay un sistema de poder que no se elimina y sí hará inevitable la reproducción del fenómeno.”

Según el experto, “en Italia se pudo combatir a la mafia por la gran movilización de la sociedad civil que impuso al Estado esa lucha”.

La realidad de México

Marino sostiene que “en un sistema en el que la magistratura (judicatura) depende del poder político, es inevitable que haya una estrecha relación entre jueces y centros de poder, que por su naturaleza no son antimafia, sino que tienden a construir relaciones de colaboración o compromiso. Por tanto, si no se cuenta con una magistratura independiente, no se puede combatir a la mafia”.

Además, continúa, “se necesita de un sistema que permita a los jueces trabajar y que si son eliminados haya quien los sustituya”. En cualquier estado de derecho, asevera el también catedrático, “la magistratura es independiente del Poder Ejecutivo. La sociedad y los derechos de los ciudadanos deben formarse de la justa dialéctica entre los poderes.

“Estoy convencido de que México es una de las realidades más vivas del mundo latinoamericano”, afirma el historiador y profesor en la Universidad de Palermo.

De visita aquí para presentar su trabajo de investigación acerca de la mafia, el también autor de Historia de la mafia (Editorial Byblos, 2005) y Los padrinos (Javier Vergara Editor, 2004), Carlo Giuseppe Marino expresa su punto de vista acerca de la realidad que hoy vivimos.

Revolución cultural

México, uno de los países más vivos de América Latina, según Marino, tiene “contradicciones que lo atraviesan (...) Los aspectos negativos de una sociedad también producen cultura. Hemos perdido la costumbre con la dialéctica. La lógica de las contradicciones es también la lógica de la producción de la cultura auténtica, y esto vale para todo mundo.

“Si nosotros abolimos las contradicciones, vamos hacia un mundo que se unifica alrededor del modelo de consumo y perdemos la autenticidad de la percepción cultural, porque ya no se crea.

“En este sentido entiendo la oposición a la globalización que se revela a lo largo del mundo. Las contradicciones son para tutelarse, no para reprimirse.”

–¿Hay crisis de la política?

–Es una realidad que involucra particularidades que han vivido experiencias históricas con fuertes connotaciones ideológicas. Para explicarla hay varios caminos.

“El principal, creo, es reconocer que vivimos una nueva revolución cultural, y entonces las orientaciones son todavía imprecisas. Para recuperar la distancia entre ciudadanos y política, se necesitaría recuperar la conciencia de los principios. El problema es identificarlos.”

Logro de la sociedad italiana

–Para usted, ¿cuál es uno de los principios imprescindibles?

–El respeto a los valores humanos. Ninguna política, ni la más revolucionaria es tal si prescinde de los valores inscritos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ese es el parámetro sobre el cual se debe medir cualquier transformación cultural y política.

–Sus libros han tenido mucho éxito en el mundo de habla hispana, ¿a qué lo atribuye?

–En el mundo latino hay una mafia que no es mafia y que tiene aún que ser entendida como fenómeno político.

“Quizá hay la percepción de que el fenómeno del narcotráfico tiene algo arriba que le llamamos mafia y que la categoría de criminalidad organizada no es suficiente para explicarlo.

“Siempre me sorprendió que la mafia no se haya esparcido donde Sicilia tiene más relaciones históricas que es el mundo hispano, sino en el mundo anglosajón. ¿Por qué en América Latina no se ha creado la mafia así como la conocemos en Italia y en Estados Unidos? No lo sé. Mi hipótesis es que quizá en América Latina no se haya tenido la necesidad de la mafia. Aquí, creo, ya había una estructura paramafiosa que ustedes llaman ‘poder militar’, que ha venido sustituyendo a lo que en Sicilia es el fenómeno mafioso.

“Porque el fenómeno mafioso no es criminalidad organizada, sino un poder organizado con una estructura que a veces es alternativa al Estado y a veces utiliza al Estado.”

–¿Cómo se desarrolló la lucha contra la mafia en Italia?

–La mafia sigue existiendo. Pero debemos decir que el Estado italiano comenzó a luchar en contra de la mafia sólo cuando la sociedad civil le impuso esa lucha, cuando los jueces, representantes de la sociedad independiente, organizaron la acción concreta de la batalla. Así, el Estado se vio obligado a emprender acciones serias.

“Sin las movilizaciones de la sociedad civil, el Estado nunca hubiera luchado como lo hizo a partir de 1980.

“En Italia ha sido posible combatir la mafia porque existe una sociedad civil fuerte y viva, porque hay partidos de masas auténticamente democráticos y porque la magistratura ha conquistado su independencia real frente al poder político.

“Es fácil –concluye Carlo Giuseppe Marino– distinguir: los hipócritas le llamarán criminalidad organizada, los políticos o jueces verdaderamente comprometidos le denominarán por su nombre: mafia.”

16 settembre 2007

La Mafia messa a nudo

Il presente articolo é stato pubblicato nel quindicinale italiano, editato in Messico, Il Sole d'Italia il 16 settembre 2007
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È un uomo lucido, affabile, ironico. E ovviamente dotato di una grande capacità di analisi. «La Mafia? E’ un potere organizzato con una struttura che a volte è alternativa allo Stato, a volte lo utilizza e a volte ne è utilizzato» riassume in questa intervista esclusiva a Il Sole d’Italia Giuseppe Carlo Marino, professore di Storia Contemporanea presso la Facoltà di Scienze Politiche dell’Università di Palermo. Marino è autore di due illuminanti libri che abbordano il fenomeno mafioso dal punto di vista storico e politico: Storia della Mafia (1998) e I Padrini (2006) pubblicati in Italia da Newton & Compton Editori. Volumi che, tradotti in spagnolo ed editi da Editorial B, sono ora disponibili anche in Messico con i titoli Historia de la Mafia e Los padrinos. Giuseppe Carlo Marino, che il 10 settembre scorso ha presentato i due libri nell’auditorium dell’Istituto Italiano di Cultura, riceve Il Sole d’Italia nella hall di un hotel di Città del Messico. E’ giunto nella capitale solo da qualche ora. Ma è cordiale, chiaro, preciso. Infatti va subito al dunque.

Mafia e politica?
Esistono varie interpretazioni. C’è chi afferma che la Mafia è un fenomeno puramente criminale, tesi sostenuta soprattutto in sede al Tribunale di Palermo. C’è chi sostiene, invece, la tesi quasi antropologica, di un fenomeno culturale, frutto di un’impenetrabile visione siciliana. Per cui tutti i siciliani sarebbero mafiosi. La mia analisi, invece, è quella che inquadra la Mafia come un fenomeno certamente sociale, ma che trova maggior chiarezza nel mondo politico.

Storicamente, quali sono gli schieramenti politici che la Mafia preferisce?
Il rapporto parassitario legato alla proprietà terriera del latifondo ha creato quel sistema di relazioni e di potere che oggi chiamiamo Mafia. Ma la Mafia non è mai stata ideologica. Cercava sempre relazioni con il potere politico, fosse chi fosse a governare: con il governo unitario prima, con il fascismo poi, con la Democrazia Cristiana durante i primi decenni della Repubblica. Insomma, per la Mafia non importa chi governa: l’importante è mantenere un rapporto tale da permettere l’inviolabilità di certi privilegi e interessi.

Nel libro Storia della Mafia, Lei analizza il ruolo dell’organizzazione criminale in funzione anticomunista.

La Mafia, dicevamo, è stata anche utilizzata. Non inconsapevolmente, questo è sicuro. Gli Americani giunsero a patti con la Mafia per realizzare lo sbarco in Sicilia del 1943. E poi, gli Americani e il governo italiano l’hanno utilizzata per frenare l’ascesa elettorale, e non solo, del Pci. Il tutto a cambio di lasciare intatti certi interessi e permettere alla Mafia la sua evoluzione.

In che modo la Mafia riesce ad amalgamarsi alla politica?
La Mafia è un’organizzazione che ha sete di potere. Se accettiamo questo, comprendiamo le affinità che vi possono essere, in termini di mentalità, tra chi ne ha sete e chi il potere ce l’ha. Il potere politico, per sua natura, non è un soggetto antimafia. Piuttosto cerca la collaborazione o, in ogni caso, il compromesso. E se gli interessi convergono, la cosa è fatta.

Oggi si sente parlare spesso di crisi della politica…
E’ un mondo che coinvolge realtà che hanno vissuto esperienze storiche con forti connotazioni ideologiche. Per spiegare la crisi della politica, credo che la strada maestra sia quella di riconoscere che stiamo vivendo una rivoluzione culturale e quindi gli orientamenti sono ancora imprecisi. Per poter cucire la distanza tra politica e cittadini, c’è bisogno di recuperare la coscienza dei principi. E qui casca l’asino, perché quali sono i principi?

Qual è per lei un principio imprescindibile?
Il rispetto dei valori umani. Nessuna politica si può dire tale se prescinde dai valori iscritti nella Dichiarazione Universale dei Diritti Umani. Questo è il parametro su cui misurare qualsiasi trasformazione culturale e politica.

Perché i suoi libri hanno grande successo nei paesi ispanici?
Mi sorprende sempre il fatto che la Mafia non si sia diffusa lì dove la sicilianità ha avuto maggiori influenze: in Spagna e in America Latina. Invece, si è propagata in un paese anglosassone come gli Stati Uniti. Perché? La mia ipotesi è che in America Latina, in passato, non c’è stato bisogno della Mafia perché diversi paesi hanno convissuto con un potere di tipo militare paramafioso che ha quindi svolto le funzioni di conservazione dei privilegi. Però oggi c’è il narcotraffico ed è per questo, credo, che in questi paesi oggi ci sia interesse per mio lavoro.


Come vorrebbe concludere questa intervista?
Anche gli aspetti negativi di una società producono cultura. Il fatto è che abbiamo perso consuetudine con la dialettica. La logica delle contraddizioni è anche la logica della produzione della cultura autentica. Se aboliamo le contraddizioni, andiamo verso un mondo che si unifica attorno al modello consumistico e perdiamo l’autenticità della percezione culturale, perché si smette di creare. In questo senso, comprendo molto bene l’opposizione alla globalizzazione: le contraddizioni vanno tutelate, no represse.

14 settembre 2007

Pacto de Ayuda Mutua

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 14 de septiembre de 2007
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El Pacto Nacional de Solidaridad y Ayuda Mutua –familiarmente llamado pacto de ayuda mutua– se reunió en Vicenza, Italia, el pasado 9 de septiembre en el contexto del festival organizado para oponerse a la construcción de la base militar estadunidense Dal Molin, de la cual ya se habló en estas páginas (La Jornada, 17 y 23/02/07). Diversas entidades ciudadanas, agrupadas en su mayoría en comités de lucha local, renovaron los acuerdos que el 14 de julio de 2006 dieron vida a este pacto.

En esta ocasión participaron: el Comité No Dal Molin, No Tav (que lucha contra los trenes de alta velocidad), No Incinerador, de Montale; Para Otras Carreteras, de la Carnia; No F-35, de Novara (contra la producción de los letales bombarderos estadunidenses); No PAV, de la región Marche, No Mose (contra la barrera que se construye para cerrar la laguna de Venecia), No Gas, de Livorno (contra las plantas de generación de gas); movimientos Pro Agua, Comité Desarme, Defensa de los Montes Berici, Contra Camp Derby (otra base estadunidense cerca de Pisa), Comités de Defensa de la Salud y el Ambiente, de Nápoles, entre muchos más. Este listado, aparentemente ocioso de nombres y siglas, ofrece una muestra del amplio abanico de resistencias territoriales que reafirmaron la voluntad de apoyarse mutuamente en cada una de las luchas locales que llevan a cabo.

En el documento constitutivo se lee que el pacto “es un instrumento al servicio de quienes en Italia luchan en defensa de su territorio, en contra de las megaobras por los estragos que han causado en los recursos ambientales y económicos”. Advierte, asimismo, que el Pacto “no es un espacio para tomar decisiones, sino para compartir y valorar todas las resistencias y producir inteligencia colectiva”.

En cuanto a su relación con la política, establece que “El Pacto no es una manera de infiltrarse en los palacios de la política y que no aspira a recibir hospedaje en ellos; no tiene gobiernos amigos a quien mirar con confianza, no tiene partidos a quienes entregar cheques en blanco y no quiere volverse partido. No obstante, no rechaza la política ni la confrontación y sabe distinguir entre quienes obran con transparencia y quienes intentan confundir la lucha. El modelo que propone el Pacto acepta la participación activa de los ciudadanos”.

Con estas premisas el Pacto de Ayuda Mutua reconoce como primer enemigo de ese modelo de concertación el del actual gobierno de centroizquierda, el cual fue copiado del derechista Berlusconi, que ha ido quitando prerrogativas a las decisiones de la gente o, como muchos gustan decir, del pueblo.

El Pacto de Ayuda Mutua, que se formó en Italia a partir de las luchas locales en contra de los megaproyectos gubernamentales que tienen un grave ambiental, ya está rebasando sus objetivos iniciales. Así, en la reunión más reciente del 9 de septiembre, los presentes reconocieron los logros del acuerdo nacional al evidenciar las políticas de atraco al territorio, promovidas indistintamente lo mismo por gobiernos de derecha que de izquierda en lo que fue definido como la “dictadura de los elegidos” (vía proceso electoral).

El Pacto se ha constituido en una herramienta crítica de los actuales modelos de representación que “quitan palabra y facultad de decisión a la gente que vive en los territorios y sufre las consecuencias ambientales, sociales y políticas de las megaobras y de la explotación de los recursos naturales”.

El Pacto de Ayuda Mutua es ya un ejemplo eficaz de democracia desde abajo, democracia directa y organizada sobre la base de la resistencia cotidiana que ofrece como un primer resultado la creación de una inteligencia colectiva que resiste y, al mismo tiempo, construye alternativas materiales (basta mirar cómo ha sido resuelto el problema de la basura en Nápoles).

El discurso que produce hoy el Pacto habla también de nuevas relaciones entre democracia y territorio, colocando en el centro de cualquier elección las exigencias de la gente y su bien primario: la vida misma, entendida como elemento biológico, pero también biopolítico. Esto comprende la salud humana y ambiental, pero también las relaciones políticas y de fuerza que determinan las decisiones y sus consecuencias: la democracia como participación directa de la gente y el territorio como lugar de producción de valor de la cooperación social.

La existencia y la labor del Pacto de Mutua Ayuda es un ejemplo más de que el camino trazado por otra gente en otros lados del planeta, quizás más cercanos a nosotros, es la vía maestra a través de la cual imponer la salvaguarda del territorio (más allá de cualquier acuerdo internacional sobre salvaguarda climática) y de ahí replantear el gobierno del mismo a partir de la participación colectiva.

Se trata, en síntesis, de formas de autonomía local que ya han fundado su propia fuerza en las relaciones entre exigencias y organizaciones societarias locales y visiones globales de desarrollo.

10 settembre 2007

Italia: el dilema de los capellanes militares

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 10 de septiembre de 2007
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“Irrenunciable presencia entre los hombres en uniforme”, tituló el artículo del periódico Avvenire, diario del Estado Vaticano, en su edición del 19 de julio pasado.

Con la firma de Marco Tarquinio, el artículo se lanza en contra de la propuesta de ley presentada el pasado 13 de marzo en el Senado italiano para eliminar de la legislación la controvertida figura del “capellán militar”.

La propuesta presentada por el grupo constituido por el Partido Verde y el Partido de los Comunistas Italianos (PDCI), comenzó su camino parlamentario justamente el 19 de julio en la Comisión Defensa del Senado italiano.

La institución del capellán militar en la legislación italiana tiene una larga historia. Comenzó en 1922 y fue instaurada en forma definitiva en 1961, cuando se creó el Ordinariato Militar, es decir el seminario específico para los capellanes destinados a graduarse en el ejército italiano.

“Capellanes militares sin estrellas y gravámenes para el Estado es nuestra propuesta”, declaró el senador Gianpaolo Silvestri, quien fue el primer firmante de la propuesta de ley. En otras palabras: evitar que los capellanes que asistan espiritualmente a los miembros de las fuerzas armadas sean ellos mismos soldados y que sólo sean sacerdotes. “Este es el fin del proyecto de ley, ciertamente no castigar a la Iglesia, sino simplemente desmilitarizar los capellanes”, señaló el Silvestri.

La propuesta ofrece justicia a la lucha de los movimientos pacifistas católicos, así como ahorros monetarios al Estado italiano, ha sido Silvestri. “Los capellanes militares son oficiales del ejército italiano. Sólo en 2005, el Ordinariato Militar le costó al Estado 11 millones de euros, casi 58 mil al año por cada sacerdote”, refirió el senador.

Al mismo tiempo, la propuesta se inserta en los cambios de roles dentro del ejército italiano. “No sólo el servicio militar se ha tornado voluntario, sino que también hoy vivimos en un país multicultural y queremos dar justicia también en las filas del ejército”, concluyó.

Sin embargo, en su artículo en Avvenire, Marco Tarquinio no está de acuerdo y escribe que los senadores “olvidan que un ejército de paz --constitucionalmente defensivo-- como el italiano es una estructura de personas que nadie debería permitirse de etiquetar como radicalmente distinta con respeto al mensaje cristiano y a la presencia pastoral activa de sacerdotes de la Iglesia católica”.

De manera sorprendente, dos sacerdotes que trabajan en parroquias locales respondieron al artículo del periódico católico. Salvatore Leopizzi, de Gallipoli (sur de Italia), y Renato Sacco, de Cesara (norte de Italia), afirmaron en una carta abierta publicada en algunos medios de comunicación italianos:

“No escondemos nuestra sorpresa y decepción porque pareciera que no hay posibilidad alguna de alternativas en la forma actual en que los capellanes están presentes entre los militares. ¿Es lo mismo para valores y verdades no negociables?

“Haber cedido en el pasado a la tentación de conjugar la cruz y la espada o haber estrechado alianzas entre trono y altar, aunque con nobles finalidades de evangelización, ha llevado la Iglesia a consecuencias a menudo nefastas y desastrosas.”

En entrevista telefónica, Renato Sacco dice que con la carta trató de expresar, con cierta calma, algunas reflexiones. “El proyecto de ley prevé la desmilitarización de los sacerdotes. La reacción del periódico católico nos parece fuera de lugar, exagerada”, afirma.

“Como sacerdotes queremos afirmar algunas cuestiones. (La ley) nos parece un modo para recuperar el mensaje del Evangelio. Cuanto más el Evangelio es liberado de las sobre-estructuras o de intereses de poder, más el anuncio del Evangelio es creíble. Hemos mencionado una frase de Tonino Bello, obispo en el sur de Italia. Él fue presidente de Pax Christi y solía decir que la Iglesia no amaba los signos del poder, le son suficientes los poderes de los signos”, explica.

La misma organización pacifista católica, Pax Christi, ha promovido en los últimos años la desmilitarización de los capellanes militares y ha sugerido una transformación del rol eclesial en las filas del ejército.

Sacco apunta: “Creemos que nuestra carta puede ayudar a una radicalidad de la palabra católica y a una sana laicidad del Estado (…) Porque peor es que los dos ámbitos estén más mezclados. Que los capellanes militares tengan hasta un seminario particular que no es como para los otros, un lugar de preparación para los servicios de la Iglesia, suena raro. Uno se convierte en sacerdote para la Iglesia, no para el ejército o cualquier otra institución.”

Un sacerdote en las filas del ejército, es un graduado, no es soldado. Sacco explica: “El jefe de los capellanes militares, un obispo, es un general y también se jubila con la pensión de un general y es pagado por el Ministerio de la Defensa directamente. Yo recibo mi sueldo por parte de un fondo del Instituto de Sustentamiento del Clero que le reconoce a los sacerdotes su servicio de utilidad social.”

Por el contrario, señala, los capellanes militares perciben el sueldo de un general del ejército y tienen todos los gastos cubiertos por el Ministerio de la Defensa. “La propuesta del gobierno va en la dirección de aclarar un poco la situación. Sin embargo nosotros no apoyamos una u otra propuesta, nada más nos parece exagerada la reacción del periódico católico”, comenta.

La ley de Dios

El sacerdote continúa: “Nuestra propuesta es pensar en una presencia como sucede en otros sectores: si hay una fábrica, nos interesamos en los obreros; si hay una escuela, nos interesamos en los estudiantes; y si hay un cuartel, nos interesamos en los soldados, pero no entre sus filas, no incrustados en el sistema de poder, porque eso no nos lleva a ningún lado. Hubiera sido mejor que nosotros, como Iglesia, llegáramos a hacer una propuesta de este tipo”.

Expone que “el servicio militar hoy ya no es obligatorio, es voluntario. Ya no puedes decir ‘Estos pobres muchachos obligados a prestar servicio militar’, no ya no. Son militares de carrera y entonces aún más pone en discusión las intervenciones armadas en el exterior”.

Cuenta su experiencia: “Fui a Afganistán, fui a Irak. La guerra no es bella. Y entonces el rol del capellán ¿cuál es? ¿Bendecir las bombas que se lanzan? ¿Y qué les dices a los soldados? ‘¡Hiciste un buen trabajo!’, no, es evangélicamente inconciliable.”

Sacco no esconde su sorpresa frente a la reacción del Avvenire y advierte que quizás se haya perdido, en el periódico, un poco de apego a la palabra del Evangelio y a los magisterios de los últimos Papas. “Quizás haya miedo de perder prestigio y poder, pero creo que si la Iglesia pierde poder y prestigio no pierde nada, al contrario: puede sólo ganar. No hay que razonar en esto con la lógica del mundo. Se es más libre con menos poder, y la Iglesia es más creíble.”

Sacco admite que hasta ahora no ha habido reacciones a la carta que él y el sacerdote Salvatore Leopizzi publicaron. Afirma que sigue esperando que se abra un debate. Lo considera necesario. “Pero tal vez la mejor estrategia para ellos (la Iglesia), sea la de dejar caer la cosa, no hablar de ella”, dice con cierta desilusión.

“Estamos listos para ponernos a discutir y cuestionar. Creemos en el método de la paz, es decir, el diálogo y la confrontación intelectual. La paz es un mosaico, no es monocolor, porque si hay contribuciones diferentes se construye la paz. El mundo militar es más... uniforme”, agrega.

Renato Sacco juega con las palabras: “Uniforme es una palabra que aplana y entonces quienes no están alineados son considerados subversivos, quienes no son uniformes no son aptos para la guerra. La esperanza es que se crean muchas diversidades.”

Por esto, según Sacco, hay que dejar salir todas estas diferencias. “El problema es no ser uniformes”, explica, “la obediencia es lo que hace de ese mundo lo que es”.

Cuando habla de obediencia, el sacerdote afirma sin muchos titubeos:

“Según yo, obediencia institucional y ejercicio eclesiástico son incompatibles. La relación entre obediencia a la institución militar y la obediencia debida al Evangelio creo que es muy cansada, casi imposible. Hay que obedecer a Dios, no al hombre, así que si una orden humana te manda a lanzar bombas, ¿a quién le obedeces? La obediencia ya no es una virtud.

“Nosotros tenemos que educar a la conciencia. Abdicar a la conciencia no es un servicio al Evangelio. Cada uno es responsable de lo que hace. Así que si uno fuera consecuente, ciertas órdenes no se cumplirían. Los capellanes militares encima del puente de un barco de donde salen los aviones bombarderos tienen que gritar ‘No mates’, y ese avión no debería salir. Los capellanes militares deberían hacer esto; recordarle a los militares que lo que hacen es matar a gente, lo cual es incompatible con la palabra de Dios.”

Se pregunta: “¿Qué hacían los capellanes militares en la guerra de las Malvinas, entre dos países cristianos? Si no fuera una guerra, daría mucho por reír.”

Finalmente sintetiza lo que, según él, debería ser el papel del capellán militar: “Capellanes libres de uniformes y grados, de sueldos y privilegios, al servicio de un Dios que defiende siempre la vida y no de un poder que, aunque legítimo, puede proporcionar también la muerte.”

 
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