21 agosto 2007

No quita el sueño a los italianos la inmigración

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 21 de agosto de 2007
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En el contexto de la reforma a la ley que regula la inmigración, el gobierno de Italia recientemente ha encargado a una empresa privada sondear en la sociedad la percepción que los ciudadanos italianos tienen acerca del fenómeno migratorio. Los resultados, divulgados hace apenas pocas semanas, arrojan sorpresas inclusive para el más pesimista de los analistas del Ministerio del Interior. La cuestión de la inmigración, a pesar de todos los pesares, resulta quedarse tan sólo en el octavo lugar de las primeras “10 preocupaciones de los italianos”. Tras ella, en el décimo lugar, está el “problema de la delincuencia”.

Para quienes hoy promueven desde el púlpito o desde el escaño parlamentario, o inclusive desde las virtuales tribunas televisivas, la discriminación hacia los inmigrantes, ésta no deja de ser la enésima derrota. A los italianos no les preocupan los migrantes y la supuesta “invasión”, sino más bien los temas ligados a la precariedad del empleo y el desempleo, el costo de la vida y las garantías sociales (salud y educación), así como la crisis económica y, en séptimo lugar, la renovación de la clase política.

La empresa Makno & Consulting, encargada de llevar a cabo la encuesta, entrevistó a mil italianos, entre 15 y 65 años, distribuyendo la muestra entre norte, centro y sur de la península, así como también entre la ciudades más pobladas y los pueblos más pequeños.

Con las entrevistas realizadas en marzo pasado, se descubre que tan sólo 7 por ciento de los entrevistados tienen alguna preocupación acerca del fenómeno migratorio en Italia. Tan es así que ninguno admitió conocer el número de inmigrantes hoy presente en el país (según estimaciones del Ministerio del Interior, se calcula que alrededor de 3 millones de personas extranjeras residentes en Italia). Lo que sí se percibe, según la encuesta, es el alto número de “indocumentados”, que la mayoría estima en 50 por ciento.

Asimismo, los italianos considerarían que la inmigración ha aumentado mucho en años recientes y que crecerá aún más.

A pesar de los prejuicios vendidos en los medios de comunicación, el inmigrante es percibido más por su actividad laboral que por supuestas actividades ilegales. Según más de la mitad de los entrevistados (54 por ciento), los extranjeros en Italia trabajan en fábricas o en el campo, otros creen que laboran en residencias privadas asistiendo a ancianos y enfermos (38 por ciento), mientras sólo una minoría (4 por ciento) piensa que el extranjero se dedica a delinquir.

Más allá de las percepciones que los italianos tengan de la presencia de migrantes en su territorio, resultan interesantes las opiniones que muestran. Según la mayoría de los entrevistados, los extranjeros son “útiles” por asistir a ancianos y enfermos; por ser mano de obra que llena los huecos que dejaron los italianos en algunos sectores, aunque la mitad de los encuestados considera que la presencia migrante constituye una amenaza por la tendencia a aceptar salarios más bajos.

Al mismo tiempo, los migrantes representan un costo por utilizar la seguridad social sin pagar impuestos, y no representan un importante aporte en cuanto a ideas nuevas y puntos de vista diferentes acerca de las cuestiones sociales. Afortunadamente, sólo una extrema minoría denuncia la amenaza a la identidad italiana.

En fin, los inmigrantes no aportan mucha novedad en cuanto a ideas, pero tampoco representan un peligro para la identidad nacional.

Afines a estos resultados, son los relativos a la actitud que cada entrevistado admitió tener hacia los migrantes: la mayoría reacciona afirmando tener comprensión por los problemas de ser extranjero en Italia, variando su posición desde la disponibilidad a ayudar hasta la compasión. Por el contrario, porcentajes muy bajos apuntan experimentar hacia los migrantes sentimientos como miedo, enojo e inseguridad.

La encuesta termina indicando que los italianos mayoritariamente estarían de acuerdo con dos de los puntos de la propuesta que el gobierno presentó como hipótesis, en el verano de 2006: reducir los tiempos para conseguir la ciudadanía (de los actuales 10 a cinco años) y reconocer ésta a los nacidos en territorio italiano (el llamado ius solis).

Más allá de los significados que el gobierno esté dando a la encuesta, que apuntan a la legitimación de su propuesta en temas migratorios, los datos presentados, aunque fruto de una encuesta, proporcionan sin duda un detalle importante: los italianos no se sienten invadidos por hordas de criminales, lo que cosntituye un éxito y un resultado natural de la inmigración en Italia de los últimos años: un éxito de los que han trabajado por que los migrantes fueran reconocidos como personas, con derechos y obligaciones como cualquier otra, y un resultado natural de la decisión de personas que han llegado a Italia para buscar una mejor vida, nada más.

Los resultados también hablan de un fracaso de quienes en estos años se han obstinado en presentar a los extranjeros como paradigmas de la delincuencia: de los racistas que han querido favorecer la represión (y la muerte) de cientos cada año y de quienes en nombre de diferencias inconciliables han tirado a la basura los beneficios cosmopolitas de la globalización para promover guerras en todo el planeta.

14 agosto 2007

Odissea a Oaxaca

Il presente articolo é stato pubblicato nel sitoweb italiano Lettera 22 il 14 agosto 2007
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Domenica 5 agosto, durante le elezioni per il rinnovo del parlamento locale di Oaxaca, sono stati arrestati quattro cittadini catalani. Le tre donne del gruppo hanno denunciato abusi sessuale, mentre l’unico uomo ha detto di aver ricevuto pugni e calci. Tutti denunciano il furto dei loro documenti di riconoscimento. Da lunedi sono liberi, dopo nove giorni nei meandri dell’ingiustizia messicana, perché “l’Istituo Nazionale di Migrazione riconosce loro la legale presenza nel paese”.
I cttadini con passaporto spagnolo stavano godendosi la fresca serata di Oaxaca passeggiando per le vie del centro. La Oaxaca che non andava a votare si era in parte riunita a pochi isolati dalla piazza centrale per mostrare alcuni video sulla lotta dei zapatista. In strada, con un paio di casse e un videoproiettore, venivano mostrate le le immagini degli incapucciati e i quattro catalani, che stavano passando di lí, si erano fermati a osservare le immagini che scorrevano sullo schermo improvvisato. Un pick up bianco, senza targa, si avvicina. Dalla macchina scendono diversi uomini in uniforme e armati con fucili d’assalto. In pochi minuti caricano quattro spagnoli ed un messicano. Nel corso della notte, dopo minacce, pugni e abusi, secondo quanto denunciato dagli arrestati, il cittadino messicano viene rilasciato e i quattro catalani trasferiti d’urgenza a un centro di Cittá del Messico.
Immediatamente si sono mosse le istituzioni incaricate di vigilare sul rispetto dei diritti umani. Rosario Ibarra de Piedra, storica attivista per i desaparecidos della “guerra sporca” degli anni Settanta,è stata tra le prime a mobilitarsi. La oggi senatrice e presidente della Commissione dei diritti umani del senatoè immediatamente intervenuta con la sua squadra di avvocati. In Messico esiste infatti uno strumento legale che permette di sospendere le condanne emesse da un qualsiasi giudice. Una sorta d’appello prima della sentenza. “Sono rinchiusi senza alcuna accusa, ma almeno abbiamo ottenuto la sospensione della deportazione”, ci aveva detto la senatrice che abbiamo raggiunto al telefono. “Hanno rubato loro i documenti e li hanno accusati di essere illegalmente nel paese”, continua, “stiamo organizzandoci perché escano il prima possibile”. Non è strano che il governo, in un momento in cui il mancato rispetto dei diritti umani sia oggetto di polemiche internazionali, consenta simili azioni, chiediamo. “É strano, però lo fanno perché c'è prepotenza, superbia. Sono 32 anni che lotto per la sparizione di mio figlio ed é sempre stato cosi. Credono di essere intoccabili”, conclude la senatrice. Ugo Rosas, avvocato inviato dalla Ibarra, ha ottenuto l’emissione di un amparo che ha sospeso la sentenza di deportazione. Toccava a un nuovo giudice analizzare la situazione e concentrarsi, come spiegato dalla Ibarra, “sugli abusi commessi dalle autorità locali”. Ma poco prima che questo succedesse, l’Istituto Nazionale di Migrazione (INM) ha disinnescato la vicenda e ha liberato i quattro cittadini stranieri.
Usciti dal centro di Città del Messico i catalani dichiarano di voler denunciare quanto vissuto e sostengono che “è una bugia ciò che dice la polizia. Ci hanno arrestato per strada senza dirci nulla”. In un primo momento i loro accusatori avevano dichiarato che i quattro stavano facendo “scandalo nella via pubblica” ma avrebbero poi cambiato versione versione tramutando l’accusa in assenza di documenti.
“Quando ci fecero scendere dal furgone ci misero un cappuccio in testa e ci portarono, trascinandoci, di fronte una parete. Lí ci fecero inginocchiare e ci levarono gli zaini, i marsupi, i documenti e i soldi”, spiegano in una lettera che son riusciti far uscire dal centro nei giorni del loro arresto. “Uno alla volta ci portarono in una stanza scura, vuota. Ci fecero foto, molte foto, ci misero inginocchiati contro il muro. Abbiamo ricevuto pugni, umiliazioni, insulti e minacce. Il terrore aumentava quando sentivamo che caricavano le armi, ci davano spintoni e ci illuminavano il volto all’improvviso con le torce”, continua la tragica testimonianza. “Dopo ci hanno portato davanti a un giudice che ci accusava di essere senza il permesso di soggiorno e non ascoltava la nostra di denuncia di furto. Ci ha impedito di parlare con il consolato spagnolo”, denunciano, “e infine ci hanno portato a Cittá del Messico, dove abbiamo poi potuto ottenere nuovi passaporti dal consolato. Dall’8 agosto siamo stranieri illegali... con documenti”.
Una settimana dopo, lunedí 13 agosto, alle nove di sera, i quattro escono dal centro della capitale messicana. “Adesso vogliamo riposare. É stata una settimana molto dura. Dei maltrattamenti parleremo nei prossimi giorni, con la mente più lucida”, dichiarano e ringraziano tutti coloro che in questi giorni hanno dato loro una mano.

04 agosto 2007

Derechos humanos: Italia reprueba a México

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 4 de agosto de 2007
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"La violencia hacia las mujeres [...] continúa alimentando el fenómeno del llamado feminicidio sobre la base de una sustancial impunidad [...]; las condiciones del estado de derecho no han sido restablecidas en Oaxaca, por causa de la dura represión que el gobernador local ha adoptado [...] impidiendo a la libremente constituida Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca manifestarse democráticamente [...]; los derechos de las comunidades indígenas, en particular las de Chiapas, no han sido aún plenamente reconocidos [...]; la libertad de prensa resulta significativamente comprometida por el estado de precariedad del ejercicio de la profesión, como demuestran homicidios, secuestros e intimidaciones [...]; casos de detenciones arbitrarias, maltratos, falta de garantías procesales, junto a la impunidad por las violaciones de los derechos humanos cometidas en el pasado han sido denunciadas a menudo [...] como demuestra la situación de San Salvador Atenco." No son las palabras impresas en uno de los cientos de volantes que se distribuyen en las calles mexicanas; no es el texto de un reporte, el enésimo, de alguna organización observadora y defensora de los derechos humanos. Son las palabras impresas en negro sobre blanco que la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Diputados del Parlamento italiano aprobó, con el visto bueno del subsecretario de Relaciones Exteriores, el pasado 25 de julio. Palabras que pesan y caen como piedras sobre la imagen que se le reconoció a Felipe Calderón en su visita a ese país la primera semana del pasado mes de junio.

Casi inadvertida por los grandes medios, una delegación de tres diputados italianos, enviada por la mencionada comisión parlamentaria, visitó México. La componían Ramón Mantovani, del Partido de la Refundación Comunista (PRC); Alessandro Forlani, de la Unión de los Democristianos de Centro (UDC); y Humberto Ranieri, del Olivo, los tres miembros de la mayoría que apoya al gobierno italiano. Tres diputados que cumplieron su visita mexicana en la mitad de mayo y que en esa ocasión recibieron una carta firmada por la comunidad de origen italiano residente en este país.

Durante la visita, en efecto, la delegación italiana pudo visitar y asistir a una serie de actos organizados por la embajada de Italia en México. En uno de esos encuentros la delegación recibió la carta mencionada, después de reportar los acontecimientos que demostrarían que "México atraviesa una situación de crisis". El escrito dado en manos de los tres diputados, además de hacer una larga enunciación de sucesos, desde la crisis en Atenco y Oaxaca, hasta la presencia de denuncias de prisioneros políticos y desaparecidos, advertía a los legisladores: el gobierno mexicano está "muy sensible a la imagen que proyecta hacia el exterior, difundiendo la idea que en el país reina un clima de paz favorable a los derechos humanos y, sobre todo, a las inversiones". Tan fue suficiente la carta para los tres italianos que regresaron a su país y lograron llevar a su comisión un texto duro, directo y que definitivamente emite un juicio acerca de la política del gobierno mexicano en cuanto al respeto de los derechos humanos de sus conciudadanos.

En el documento emitido por el Parlamento italiano pide "que se le permita a la PGR actuar eficazmente en contra del feminicidio; que la lucha en contra de la criminalidad organizada sea conducida con la necesaria eficacia, pero sin agraviar el estado de derecho, que distingue con claridad las funciones de policía y ejército; que la legislación en materia de derecho indígena sea ampliada tomando en cuenta lo ya convenido, como los acuerdos de San Andrés; que el ejercicio del derecho de expresión sea garantizado con adecuadas medidas de protección hacia los periodistas en el respeto de su independencia; y que la próxima tercera reunión del Fórum Europa-México de la sociedad civil sea la ocasión para involucrar aún más a los ciudadanos y a las instituciones en la tutela de los derechos humanos".

La discusión en comisión, convocada el pasado 25 de julio, fue rápida. Pocas dudas, una certeza: la resolución tenía que salir. Ugo Intini, subsecretario de Relaciones Exteriores, nada más ratificó lo presentado por los tres diputados, aclarando que "la resolución es en el sentido de la cooperación con México y no de una condena de su gobierno". Una aclaración importante pero que no borra las peticiones más que explícitas del dispositivo legislativo que empeña al gobierno italiano a "averiguar en el Consejo para los Derechos Humanos de la ONU y durante las citas futuras de colaboración entre la Unión Europea y México, la evolución de la situación de los derechos humanos y el respeto de los principios del estado de derecho en México, también con la finalidad de proporcionar cualquier tipo de cooperación bilateral para acrecentar el nivel de protección y seguridad de los ciudadanos [...]". Todo lo anterior, también a la luz de "la presencia de México entre los países observadores en el Consejo de Europa", estatus que este país recibió tras explícita petición del gobierno de Ernesto Zedillo el primero de diciembre de 1999.

 
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