28 luglio 2007

Emigrar desde el sur de Italia

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 28 de julio de 2007
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Italia ha sido desde siempre un país de migrantes. Hoy la península asiste a un fenómeno de inmigración mayoritariamente económico o por razones humanitarias, que es objeto de polémicas vacuas y tensiones sociales importantes. Miles son los extranjeros que pisan suelo itálico cada año en búsqueda de trabajo o refugio. Hace tiempo Italia fue tierra de emigrantes que poblaron regiones enteras del planeta, y también escapaban de la pobreza de un país que ha requerido décadas para recuperarse de los atrasos históricos determinados por decisiones políticas, por cuestiones meramente culturales y, ¿por qué no?, por dos guerras mundiales que aquí desahogaron mucha de su fuerza destructora.

Como hacía notar Arnaldo Córdova (La Jornada, 15/07/07), en los años 60 casi 10 millones de italianos trabajaban en el norte europeo: minas, restaurantes, fábricas. Esa era la mano de obra barata que Italia exportaba en ese entonces. Al mismo tiempo, se dio una inmensa migración interna que llevó a millones de habitantes del sur a moverse hacia el llamado triángulo industrial constituido por Milán, Turín y Génova. A principio de la década casi 300 mil italianos se transferían cada año hacia el norte industrializado, fenómeno que nunca se acabó por completo, pero que había venido disminuyendo en las décadas recientes.

Sin embargo hoy, en 2007, el fenómeno migratorio en el eje sur-norte parece haber recobrado su relevancia numérica. Del reporte anual de Svimez, la Asociación para el Desarrollo del Mezzogiorno (se llama así al conjunto de las regiones sureñas italianas), se desprenden datos sorprendentes. A principio de la actual década comenzaron a aumentar otra vez los flujos migratorios internos en Italia. Desde el año 2000 hasta 2004 se pudo registrar un paulatino, pero constante, aumento de personas residentes del sur de Italia que se movieron hacia las más ricas regiones del norte. Desde Sicilia, pero sobre todo desde otras áreas constitutivas de la célebre bota itálica, cientos de miles se han mudado al norte, cerca de los lugares de trabajo. En 2004, según el informe, se han registrado 270 mil cambios de residencia desde municipios del sur a los del norte, cifras que están acercándose a los números de otras épocas. Según Svimez, estos datos reflejan no sólo la enorme desigualdad económica entre sur y norte del país, sino también una "nueva y positiva voluntad de la gente del sur de buscar mejores condiciones de trabajo en el norte". Esta renovada fuerza de voluntad se ve reflejada sobre todo en los jóvenes y en los más escolarizados. Mientras hace 40 años los italianos que migraban del sur al norte del país salían de situaciones no sólo de precariedad económica, sino también escolar, hoy se registra un aumento de personas preparadas, inclusive un sensible aumento de los titulados en las universidades del sur de Italia.

Paralelamente a este fenómeno de migración interna hacia el norte de Italia, el informe analiza también otro proceso en crecimiento y de notable impacto social: los pendulares, es decir, las personas que van y vienen de un territorio a otro para poder trabajar. Un fenómeno que en Italia abarcó, en 2006, a 150 mil personas que viajaron constantemente entre norte y sur de la península. Desde Sicilia, pero sobre todo desde Calabria y Puglia -la punta y el tacón-, viajan semanalmente miles de personas que en el norte encontraron trabajo y en el sur tienen familia.

Las razones de tal movilidad -facilitada, según el informe, por la creciente red interna de transporte en el país; y aunque a veces se representa como estable al norte, en otras ocasiones la población se encuentra en viaje perpetuo a lo largo de todo el territorio- son el atraso económico y las dificultades ocupacionales al sur de Italia. Si bien es cierto que la tasa de desempleo ha venido disminuyendo, como confirman los datos de Svimez, la misma asociación demuestra que dos terceras partes de los empleos en el sur corresponden a los llamados empleos atípicos, es decir, precarios, temporales y sin garantías. Al mismo tiempo, si el desempleo registrado en las estadísticas frena su aumento, los mismos números confirman el crecimiento del trabajo irregular, sin contrato, que hoy ocupa a casi millón y medio de personas sólo en el sur de Italia.

Lo que en los manuales de historia de las escuelas italianas se estudia como un fenómeno del pasado -la migración interna- hoy regresa. El informe de Svimez nos muestra una fotografía sin piedad de un sur de Italia que no parece haber cambiado en los últimos 50 años: un sur donde se registra el más alto nivel europeo de abandono escolar y el más bajo nivel de titulados en Europa (0.7 por ciento de la población contra el promedio europeo de 1.3 por ciento); un territorio que registra el menor nivel de crecimiento económico de todo el país, con 1.5 por ciento contra 2 por ciento de promedio nacional, lo cual se traduce en una renta personal de casi 17 mil euros anuales contra los 30 mil del norte.

"La cuestión meridional", como le decían hace un siglo a los problemas relativos al sur, hoy regresa con fuerza en el escenario político de Italia, llevando otra vez a primer plano los atávicos paradigmas de un territorio abandonado por el Estado: pobreza, marginación, precariedad y emigración.

22 luglio 2007

La crisis de Prodi

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 22 de julio de 2007
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“Todo parece indicar que la gestión del primer ministro de Italia, Romano Prodi, tiene fecha de caducidad: antes de enero 2008. La crisis está en puerta y lo único de lo que hoy se habla en los palacios de gobierno es de cómo salir de ella sin que suceda un terremoto político.”

La afirmación es grave y muestra una situación ya fuera de control. Quien la expresa es Alessandro Metz, diputado local en la región noreste de Friuli-Venecia Giulia y consejero del Comité Nacional del Partido Verde.

En entrevista telefónica, Metz asegura tajante: “Prodi es un muerto que camina. Así lo ven todos. Nada más están decidiendo quiénes van a tomar la responsabilidad política” cuando él y su gobierno dimitan.

Al parecer, el actual gobierno es rehén del ala más extremista del gobierno: la llamada ‘izquierda radical’ que integran el Partido Verde y los neocomunistas de Refundación Comunista. Es por eso que “los partidos de centro de la coalición de gobierno quieren quitar a Prodi de su puesto y tratarán de endosarle la culpa a los partidos más de izquierda de dicha coalición”, señala Metz.

Explica: “La coalición de centro izquierda ganó las pasadas elecciones políticas con un programa complejo que pudo reunir las exigencias del centro católico de la coalición y las peticiones de la ‘izquierda radical’ (…) Esta crisis se genera a partir de la victoria: un programa que pudo mantener a todos juntos, pero un programa que no gobierna.”

Según Metz, la crisis actual ha venido germinando desde el primer día del gobierno de Romano Prodi, el cual “es incapaz de gobernar a la coalición que lo sostiene en el Parlamento. Muestra de ello es la constante polémica interna que nadie procura mantener en reserva. Por el contrario, parece que cada quien quiere chantajear a este gobierno declarando a la prensa cosa y media”.

Más allá de las polémicas, “lo cierto --declara Metz-- es que este gobierno no ha podido mantener las promesas electorales. Ha creado desafección hacia la política, hacia los partidos de izquierda”.

Gobierno “técnico”

La crisis que se está gestando en Italia, “es la obvia consecuencia de lo ocurrido en el último año”, dice Metz. “Sin embargo la debilidad que tiene ahora Prodi no es una derrota necesariamente”. Y es que, explica, la debilidad del primer ministro italiano puede resultar cómoda para todos:

Para la centroizquierda –representada por “los excomunistas de Izquierda Democrática (DS, por sus siglas en italiano, con mayoría relativa en el Parlamento)-- le es cómoda porque está fundando, junto con los partidos de centro, al Partido Democrático (PD) que verá su estreno el próximo 14 de octubre”.

Este gobierno “ha sufrido una crisis por la clara distancia entre los partidos de centro y DS con la llamada izquierda radical. ¿Qué mejor que fundar un nuevo ente político, llegar a la crisis y poner un gobierno técnico que excluya a la izquierda radical?”

A la derecha “le es más conveniente tener un primer ministro débil que se vea obligado a hacer compromisos con ella”.

Si antes del verano las voces en los pasillos del Parlamento daban de plazo hasta antes de otoño para que Prodi y su gobierno dimitieran, hoy las cosas han cambiado: “Los de DS están poniéndose de acuerdo con Berlusconi. La salida a esta situación será un gobierno técnico en enero. Los del futuro Partido Democrático no quieren manchar su nacimiento con una crisis de gobierno y la derecha lo consiente con tal de eliminar a la izquierda del gobierno”.

Así planteada, la salida que se perfila, según Metz, es la formación de un gobierno de garantía, con un personaje de alto perfil institucional, como podría ser el actual ministro de Interiores, Giuliano Amato, o el actual presidente del Senado, Franco Marini.

La hipótesis de unas elecciones anticipadas con las que la derecha amenaza es inviable, señala Metz: “Es imposible. Y la razón es tristemente sencilla: nadie tiene el interés ahora de ir a elecciones, pues por un lado perderían la entrada en vigor del sistema de pensión para los nuevos diputados (que arranca a los dos años y medio de haber sido elegidos), por el otro, la actual ley electoral no garantiza la gobernabilidad”.

En efecto, la crisis del actual gobierno --más allá de las polémicas internas en la coalición de centroizquierda-- se mide en el Senado, donde Prodi ha tenido siempre que cabildear entre los senadores vitalicios el apoyo a cualquier medida de cierta importancia.

“La crisis de febrero –provocada por la falta de apoyo en el Senado a la misión en Afganistán-- es el ejemplo más claro de la situación. Por eso está en el interés de todos un gobierno técnico que concentre su trabajo en la reforma electoral”, refiere Metz. Y es que, explica, “no es importante como se va al voto, sino lo que el voto determina en el Parlamento. El futuro gobierno necesita una mayoría segura y estable que le permita gobernar los cinco años”.

Crisis de izquierda

“Este gobierno ganó las elecciones con tres temas importantes que aportaron los partidos de izquierda: rechazo a la política de guerra del anterior gobierno, revisión de la política migratoria, medidas económicas con mayor enfoque social. ¿Cumplió?”, pregunta Metz irónicamente.

Al consejero nacional del Partido Verde no le preocupa la suerte del actual gobierno y critica las maniobras que se están haciendo para formar al futuro “gobierno técnico, porque los proyectos políticos no cambiarán”.

Metz afirma que la alternativa prometida por el actual gobierno no se cumplió, al contrario, “ciertos proyectos se han radicalizado negativamente; y es sobre los grandes temas que el gobierno entra en crisis sistemáticamente: las uniones civiles, la guerra, la política económica, etcétera”.

Sin embargo, según Metz, “Prodi o la coalición no tienen toda la culpa. Es difícil encontrar un único sujeto o unos cuantos que estén maniobrando para que cambie el gobierno. Berlusconi tiene sus intereses, así como los dirigentes de DS. Quizás lo que está detrás de todo esto es nada más el sentido común que ha determinado una crisis política y de representación”. Esta izquierda tan dividida, comenta Metz, que ha creado distanciamiento y desafección por parte de la gente hacia la política de los palacios. “Todo esto naturalmente ayuda a la derecha que tiene un electorado más flexible y que no requiere de representación sino de decisiones”.

El diputado verde dice que esta situación provoca desengaño en la gente, la cual deja de creer en este tipo de partidos: “Finalmente, quienes más pierden y perderán, si se cumplen los planes que permitirán crear un gobierno técnico, serán los partidos de la izquierda radical que no fueron capaces de llevar al gobierno las demandas de los millones de personas que votaron por ellos el año pasado”.

El plan de la caída de Prodi tendría entonces como objetivo “no sólo la gobernabilidad, sino que también eliminar el ala radical. Éste es el regreso de un ‘centro grande’, una especie de Grosse Coalitione alemana pero en salsa italiana”, esto es, según Metz, “con un acuerdo estratégico entre Berlusconi y el nuevo Partido Democrático”.

El papel de la plaza

Antes de ser diputado y consejero del Comité Nacional del Partido Verde, Metz fue activista del movimiento en contra de la guerra. El año pasado le ofrecieron ocupar un escaño en el Parlamento Nacional debido a que un diputado del Partido Verde prefirió retirarse. “No me interesa --dijo en ese entonces-- tengo un compromiso y un mandato que cumplir aquí”, y rechazó el puesto.

“La crisis política y los turbios quehaceres de la política en el palacio produce también movilización en las calles. Las experiencias del movimiento en contra del tren de alta velocidad (TAV) o en contra de la base militar estadunidense en Vicenza, son pruebas de que la gente ha perdido confianza en los partidos y prefiere organizarse por su cuenta”, dice.

Las dimisiones, luego retractadas, de Prodi en febrero pasado fueron causadas también por la masiva movilización en Vicenza, al norte de Italia. “Sin embargo no se puede decir que hoy el movimiento en contra de la guerra determine la crisis de Prodi. Ciertamente el movimiento ha tenido un papel fundamental durante las elecciones”, comenta Metz

“Las movilizaciones han ayudado a este gobierno a ganar las elecciones del año pasado; las movilizaciones han llevado Betinotti (secretario de Refundación Comunista) a ocupar la presidencia de la Cámara de Diputados. Pero han jugado seguramente un papel fundamental en crear ese imaginario y ese entorno cultural que hizo ganar las elecciones a la centroizquierda”. Sin embargo, no fue suficiente, añade.

“La izquierda radical no supo y no quiso llevar esas demandas al Parlamento. Es por eso que hoy la gente ya no cree en ella. Haya o no gobierno técnico, nada va a cambiar. La participación italiana en las guerras, la política racista en contra de los inmigrantes, en fin, todo lo que la izquierda radical no intentó modificar en este año en el que estuvo en el gobierno seguirá su curso.

“Lo único que cambiará con un gobierno técnico es la brutalidad y la velocidad de las decisiones”, concluye.

Me llamo Vladimir Luxuria

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 20 de julio de 2007
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"Me llamo Vladimir Luxuria. Creo que lo que me caracteriza es el hecho que hoy día soy la única diputada transgénero en el mundo". Así comienza la entrevista con la legisladora italiana del Partido de la Refundación Comunista (PRC) y actriz, quien está en México para participar en el encuentro internacional Diversidad, sexualidad y familia, organizado por el Partido de la Revolución Democrática en las instalaciones de San Lázaro. Invitada por el diputado perredista David Sánchez Camacho, Luxuria participará en el encuentro con una ponencia acerca de la actual coyuntura en torno al tema de la uniones civiles en Italia.

-¿Qué significa ser transgénero?

-No considero las palabras homosexual o transexual como una ofensa. Pero así como el movimiento comenzó a hablar de gay, de la misma forma creo que nuestro movimiento prefiere hablar de transgénero. Transexual tiene una connotación muy fuerte, en cambio transgénero indica, por el contrario, que una persona transita entre los géneros, entre lo masculino y lo femenino, lo cual nos da una dimensión más amplia de nuestra realidad. Una transexual no agota su componente femenina sólo con el sexo. Nuestra visión tiene que ver con un modo particular de ver al mundo, una cierta sensibilidad.

Vladimir Luxuria es el nombre artístico de Wladimiro Guadagno, quien nació en 1965 en Foggia, pequeña ciudad del sur de Italia. Desde muy joven decidió revelar su preferencia sexual en un contexto difícil, como lo era el del sur de Italia a finales de los años 80. Debido a esto y a que optó por estudiar la carrera de literatura extranjera, se mudó a Roma en 1985, donde comenzó su carrera artística y su activismo por los derechos de género y transgénero.

-¿Fue activista?

-He militado en una importante asociación lésbico, gay, bisexual y transgénero y -agrega sonriendo- si hay otro sexo, añádelo. Organicé la primera actividad de orgullo gay en Italia, en 1994, y me he involucrado también en las actividades por el Día Mundial de Lucha en Contra del Sida, además de la lucha en contra del racismo, en fin, siempre he sido activista. Pero nunca había pensado convertirme en diputada.

-¿Por qué el activismo?

-Debido a que pasé por un periodo difícil. Vi a mucha gente como yo que no pudo, que fue vencida. Yo quise luchar y aprovechar mi carácter fuerte. Siempre he pensado que puedo tratar de ayudar a quienes no tienen la fuerza para pelear. Vivía en una ciudad del sur, en donde ser lo que soy no fue fácil. Hoy, regresar a Foggia no deja de sorprenderme, pues se ha convertido en una ciudad muy diferente.

El actual gobernador de Puglia, región en la que se encuentra Foggia, es Nichi Vendola, gay declarado. Vladimir confiesa que el acercamiento al PRC se dio cuando apoyó la candidatura de Vendola. "Fue revolucionario para Puglia votar por un gobernador gay, porque lo eligieron no por ser gay sino por capaz". Acercarse al PRC llevó a Vladimir a ser considerada para una candidatura parlamentaria en las elecciones de 2006.

-¿Aceptó esta propuesta inmediatamente?

-No. De hecho, lo pensé mucho. Soy una persona que no puede hacer las cosas a medias. Sabía lo que significaba, iba a entrar en una tempestad mediática. Temía que los políticos importantes pudieran aplastarme. Pero he descubierto que si hablas con el corazón, si realmente dices lo que piensas y expresas lo que crees, quedas bien.

-¿Qué significó llevar el tema transgénero al Parlamento italiano?

-Creo que hablar de transgénero no es unívoco. No hay temas separados. Claro, si hablo de los transgénero, me refiero también a la discriminación para encontrar trabajo; a que es un problema tener un nombre masculino en el documento de identificación y al mismo tiempo tener una imagen femenina. Pero creo que hablar de transgénero significa también referirse al asunto de la relación entre interioridad y exterioridad, y ese es un tema más amplio. Es hablar de la relación entre alma y cuerpo, es mencionar el tema de la migración, del trabajo. Me he dado cuenta que cuando alguien te escucha, siempre encuentra algo en lo cual reconocerse, y como siempre, el conocimiento es la mejor forma de acercar las catego-rías sociales en lugar de alejarlas. No estoy en el Parlamento para defender sólo la causa de los transgénero, sino para luchar contra todo tipo de discriminación. Soy una transgénero que hace política.

-¿Por qué el transgénero está con la izquierda?

-No soy sólo una transgénero. Soy una persona que piensa, y siempre estuve a la izquierda. No necesitaba este puesto para ser famosa, tengo mi carrera artística. Pero acepté porque la propuesta provino desde el PRC.

Vladimir en su larga trayectoria ha escrito libros, muchos artículos de opinión, ha actuado en películas de denuncia y actualmente se dedica mucho al teatro.

-¿Cómo se concilia la carrera política con la inspiración artística?

-No hay conflicto. Mi experiencia teatral me enseñó mucho para la política. Saber comunicar es un problema muy grande en política. No es suficiente creer en algo, hay que saberlo comunicar, más aún en nuestra sociedad. Así que creo mucho en el arte comprometido: una obra de teatro, a veces, dice 10 veces más que unos comicios políticos.

Vladimir hizo distintas obras de denuncia, como fue el caso de la dedicada a Silvia Baraldini, activista italiana condenada injustamente a 43 años de cárcel en Estados Unidos (actualmente extraditada a Italia para cumplir su pena en su país).

"Con esa obra se denunció algo que hoy conocemos a través de las experiencias de Guantánamo y Abu Ghraib, pero que escuchando la voz de Silvia Baraldini se entiende que siempre existió", explica Vladimir.

-En la ciudad de México recientemente se aprobó la Ley de Sociedades de Convivencia. ¿Cómo sigue el debate en Italia?

-Hubo hasta ahora tres propuestas. Pero en el Senado tenemos (el PRC está actualmente apoyando el gobierno nacional, NDR) una mayoría muy reducida. Por eso,ahora estamos discutiendo una propuesta de la izquierda moderada que retomó y transformó una propuesta de la derecha. Es por eso que esperamos poder convencer a algún senador de la derecha para que se apruebe esta nueva propuesta, denominada CUS (contratos de unión solidaria, NDR), que personalmente me gusta.

-La sociedad italiana, ¿cómo está reaccionando?

-Yo creo que la sociedad italiana está lista para una ley de esta naturaleza. Lo demostró el hecho que el último Gay Pride (el pasado 16 de junio, NDR) tuvo una muy importante participación a pesar de los escasos medios con los cuales se organizó. La gente entendió que una ley que reconozca las uniones civiles no es una amenaza para la familia, sino que es simplemente para dar garantías a las personas que viven juntas, homosexuales o heterosexuales, con derechos y deberes.

Vladimir reflexiona un momento y analiza las razones de la oposición a la ley que ella y el gobierno italiano promueven. "Creo que hay dos elementos: el primero es el atraso mental de algunos integrantes del Parlamento que no nos soportan, nos creen enfermos. Y entonces utilizan argumentos sofisticados que en realidad esconden una fuerte homofobia. La segunda es la injerencia del Vaticano. Es una influencia abierta, declarada. Se dijo claramente que un diputado católico no puede votar una ley como la que proponemos".

La influencia que la Iglesia católica tiene en la política italiana enciende los ánimos de Vladimir Luxuria, que explica: "Un diputado debe respetar nuestra Constitución. El artículo siete explicita que Italia es un Estado laico. Por eso una persona puede considerarse católica y votar en favor de la ley de uniones civiles. Luego podrá no aprovecharla, pero tenemos que ofrecer a todos la posibilidad de gozar de derechos y deberes, independientemente de lo que uno crea". Vladimir insiste: "Sería de nuestra parte una injerencia querer ir a casarnos en la Basílica de San Pedro, como si quisiéramos entrar en el matrimonio religioso. Pero nosotros queremos la solución Zapatero, el matrimonio abierto para todos, y ese es mi objetivo final, no sólo las uniones civiles".

-¿Cuál es su opinión de la situación en México?

-Creo que en México se ha hecho un trabajo muy serio acerca del tema de los derechos civiles. Es la demostración de que también en un país extremadamente católico, como México, no es incompatible una ley que reconoce el afecto y el proyecto de vida de dos personas. Creo que América Latina está despertando bajo este perfil, en Brasil, Argentina, la Bolivia de Evo Morales.

Y añade: "Me gustó mucho la atención que la otra campaña dio al tema. Un movimiento que habla de los derechos de los sin tierra y que entiende que sin tierra son también las personas que no tienen derecho a la vida. Creo que es una señal muy importante y he apreciado mucho que el subcomandante Marcos haya visitado las comunidades gay".

-¿Mantendrá una relación con México y América Latina?

-Me gustaría mucho organizar en Italia una conferencia internacional e invitar a representantes de este continente, porque somos países muy cercanos, también en el ámbito cultural. Haber aprobado la Ley de Sociedades de Convivencia creo que es también una pequeña revancha hacia todos los abusos que la cultura católica ha hecho en estas tierras desde la conquista hasta la fecha.

Vladimir Luxuria se despide, y apenada por no estar maquillada, se ofrece al ojo indiscreto de la cámara fotográfica. Mientras ésta retrata la figura de la diputada italiana, Vladimir lanza su última flecha: "Soy la única que representa a quienes transitan de un sexo a otro, pero los que transitan de un partido a otro son demasiados".

06 luglio 2007

G8: seguridad y estado de excepción

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 9 de julio de 2007
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El operativo de seguridad aplicado por la policía alemana durante la cumbre del G8 en la localidad de Heiigendamm y en Rostock, “no ha tenido precedentes” según los numerosos testimonios no sólo de los activistas que en esos días se concentraban en el norte de Alemania para protestar, sino también por parte de algunos diputados federales que ya desde antes de la reunión gubernamental denunciaban los riesgos de una exageración en la aplicación de las medidas de seguridad que hubieran podido “desembocar en la violación del estado de derecho”. 12mil policías antimotines fueron desplegados en la región a protección del área restringida alrededor de la localidad balnearia que hospedó los 8 lideres mundiales y a protección del aeropuerto civil de Rostock, convertido, por la ocasión, en verdadera base militar. Sin embargo el numeroso contingente policiaco fue nada más el aspecto más visible de un sistema de seguridad – y de persecución – que pone serias dudas y algunas certezas acerca del estado de la democracia en que se encuentran los territorios que hospedan este tipo de cumbre internacionales.
La campaña de seguridad aplicada por el gobierno alemán, a través de la Procuradora federal Monika Harás, ampliamente coadyuvada por los medios locales, ha tratado de golpear y romper el amplio frente que se organizaba en contra del G8 ya desde antes de que empezaran las protestas. La punta del iceberg hoy es representada por los dos activistas acusados de “asociación subversiva con finalidad de terrorismo” a raíz de los cateos de decenas de casas en toda Alemania el pasado 9 de mayo. Sin embargo, esas largas semanas que antecedieron la cumbre están caracterizadas por el abuso gubernamental del instrumento legal – vía poder judicial – para detener la protesta: jueces preparando ordenes de cateo, jueces ratificando áreas prohibidas, otros anulando las mismas, otros más confirmándolas. Un largo ballet que involucró hasta a la Suprema Corte alemana. Finalmente llegaron los días de protesta. Con el pretexto de los enfrentamientos del primer día – el 2 de junio, el día de la llamada Batalla de Rostock -, la policía tuvo manos libres para aplicar todo su poder de control, acoso y represión en contra primero de los manifestantes y, luego, en contra de la ciudadanía misma. De un día a otro, Rostock despertó invadida por miles de policías instalados en decenas de retenes esparcidos en las calles y alrededores del centro de la ciudad. Para quienes caían en la espesa red de control - la mayoría de las veces por simples sospechas -, la policía había preparado grandes jaulas de malla metálica en las cuales los detenidos pasaron horas de aislamiento sin poder comunicar siquiera con abogados o miembros del equipo legal organizado por los activistas. Durante más de una semana, la policía mantuvo en estado de sitio la ciudad de Rostock, asumiendo con arrogancia el control de facto del territorio. Tanta arrogancia sin embargo no sirvió el último día durante el cual el dispositivo de seguridad fue rebasado, como fue mencionado, por la protesta. En esas horas el estado de derecho ya duramente atacado por los operativos descritos fue definitivamente vencido por el utilizo anticonstitucional de tropas del ejercito federal alemán en tareas de policía como ampliamente demostrado por cientos de imágenes y videos.
Lejos de sorprender, el dispositivo de seguridad utilizado en Rostock y la campaña represiva que lo antecedió tiene que hacernos reflexionar primero acerca del significado simbólico que el G8 y otras estructuras internacionales quieren representar; segundo acerca del estado de la democracia formal que rige países tan supuestamente avanzados como Alemania. En el primer caso, sigue persiguiéndonos la duda de la obscura razón de insistir en llevar a cabo las cumbres en territorios en donde tan fácilmente se pueden llevar a cabo las protestas. La búsqueda simbólica de legitimidad ha perdido sentido hace muchos años y los gobiernos encargados de organizar las cumbres oficiales ya no hacen esfuerzos en esconder el hecho de que lo que realmente sucede es que ocho presidentes invaden con sus ejércitos el territorio, lo controlan y reprimen toda forma de protesta. Si el plan es manifestar el abuso y arrogancia de unos cuantos que pretenden gobernar al mundo, el objetivo se cumplió. Una vez más vimos que lo que tratan de vender como estado de excepción se confirma en convertirse estado de guerra permanente, la guerra asimétrica de los ejércitos de los poderosos en contra de las poblaciones locales y de quienes protestan. En el segundo caso, si la democracia real ha perdido su identidad hace mucho tiempo en el laberinto de siglas y acrónimos de organizaciones internacionales que deciden por encima de cualquier soberanía, la democracia formal comienza a chirriar también ahí en donde se creía más conservada. En este sentido, un aspecto interesante y que acercará más los lectores a la realidad que se vivió - ¿y aún se vive en Europa? – fue la recurrencia constante al poder judicial hasta su último grado cual arbitro y, en cierto casos, garante de los derechos democráticos. Lo más probable, cuando los ejércitos ocupan las calles y los jueces son llamados a frenar o ratificar la acción represiva gubernamental, es que en el sistema democrático algo anda mal.

 
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