18 giugno 2007

Migrantes al G8

La marcha de los migrantes, realizada el pasado 4 de junio en el marco de las protestas en contra del G8, en Rostock, en el norte de Alemania, nos dio elementos para entender una faceta más de la realidad y potencialidad del movimiento migrante en el viejo continente hoy. Hablamos mucho acerca de las políticas migratorias de los gobiernos de la Unión Europea pero del otro lado de la barricada se encuentra un movimiento de hombres y mujeres que llegan del sur y del este de Europa, se organizan y luchan. Durante la jornada dedicada al tema migrante en las movilizaciones de Rostock, pudimos observar importantes evoluciones en el discurso y las prácticas de las organizaciones de extranjeros empeñadas en la lucha política continental y que gestionaron las iniciativas alemanas.

El “enemigo” fue tempranamente individuado por la manifestación bajo las ventanas de la Oficina de Refugio. Luego la movilización se desplazó en dos partes a la muestra fotográfica dedicada al pogrom de 1992 y frente a una tienda de la cadena Lidl. Los dos eventos dieron la evidencia del enriquecimiento del discurso en la palabra migrante. Por un lado hay que señalar que los ciudadanos inmigrados hablan de memoria y de lucha al olvido. Un paso en adelante en la construcción de una memoria colectiva que escribe historia y denuncia. Por el otro lado, la lucha hoy enriquece el espectro de demandas: ya no sólo el permiso de estancia y la represión son argumentos, sino que también la explotación en los lugares de trabajo, los salarios y las condiciones laborales. En este sentido aún más llamativo son las alianzas que se construyen a nivel continental entre migrantes y trabajadores precarios autóctonos, sobre todo en el sur.

En fin llegó la marcha. La elección del lugar de reunión no fue casual. A pocos centenares de metros de donde se congregaron unos 10mil manifestantes, se encuentra el Centro en donde en 1992, organizaciones neofascistas cumplieron un verdadero pogrom, el último de numerosos actos de intimidación y hasta agresiones en contra de ciudadanos extranjeros: quemaron y rodearon con fuego el centro hiriendo decenas de inmigrantes. Regresa la memoria de un hecho que fue avalado por la policía local y encontró indiferencia en los habitantes de Rostock. La actitud del gobierno no cambió en los últimos quince años, así que la marcha se encontró inmediatamente rodeada por miles de policía y tanquetas – siquiera el 2 de junio, el día de la Batalla de Rostock – se había visto tanta policía. Sin embargo el negociado que llevaron los organizadores (casi todos migrantes) llegó a buen fin y la marcha, aún rodeada, pudo avanzar. Al cabo de pocos kilómetros, pero, la manifestación fue nuevamente bloqueada por la policía con el argumento de que eran demasiados los manifestantes (supuestamente, las autoridades habían autorizado la marcha sólo para 3mil participantes). Hay que evidenciar la actitud mantenida por los organizadores. En un clima de cierta tensión, generada por los eventos de sólo dos días antes, los migrantes mantuvieron alta la moral con música y discursos muy articulados acerca de la represión que sufren acusando directamente los policías que tenían alrededor. Las dos negociaciones que se dieron entre migrantes y autoridades dieron muestras de valiosa dignidad frente a los tentativos de sabotaje por parte de la policía. La marcha arrancó y no se cumplió la condición puesta por la policía para que marcha siguiera su ruta. Ese día también se mostró mucha coherencia y solidaridad por parte de los migrantes. Las autoridades delegadas al dialogo con los manifestantes sostenían que en la marcha había “elementos violentos” y exigió que fueran expulsados de la columna que llenaba la calle para que la marcha pudiera seguir. Los negociadores en ningún momento aceptaron el discurso de la autoridad que buscaba separar “buenos” y “malos” con la escapatoria violencia-no violencia. Los migrantes no vendieron a nadie y contestaron: “Los únicos violentos que vimos fueron los cientos de policías que el 2 de junio golpeaban a la gente”. Todo lo anterior en una gestión pública realizada a través del micrófono instalado en el tractor que abría la marcha.

En el panorama visto en Alemania, se pudo observar una nueva madurez del movimiento migrante que amplia su discurso político y lo camina. Lo práctica cada quien en su territorio, quienes en el sur de España donde la mano de obra extranjera cultiva a precios misérrimos para Lidl, quienes en toda Europa saboteando los CPT, quienes en Rostock haciendo memoria y luchando contra los neofascistas y por mejores condiciones de estancia. Se pudo también percibir un fuerte sentido de pertenencia ya no sólo a la causa migrante, sino que a un panorama más amplio de organizaciones que luchan también otros temas y en otras formas. Los migrantes dejaron claro que el G8 en Alemania no enfrentó a la protesta alemana, sino que enfrentó a la rebelión de la multitud global. Finalmente se mostró toda la dignidad de un movimiento que ese día se tomó su pequeña revancha en contra de la arrogancia cada vez más opresiva de autoridades y policía. “¿Dónde estaban en 1992?”, preguntaban a los miles de uniformados que los rodeaban. Y aquel día ahí estaban ellos, 10mil personas de todo el mundo y la policía no pudo impedirles manifestarse y circular libremente en la ciudad.

El Movimiento de Rostock

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 28 de junio de 2007

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Las recientes protestas organizadas y practicadas en ocasión de la cumbre del grupo de los 8 países más industrializados del planeta (G8) han dado muestra de algo distinto al movimiento de protesta como lo hemos visto a partir de 1999 en Seattle y luego en decenas de cumbre internacionales. Algo diferente y algo nuevo. Algo del cual convendrá hablar en futuro. Algo que quizás pueda ser el germen de un nuevo movimiento, o cuanto menos de una nueva forma de ser del movimiento en Europa. Antes que todo, es evidente la falta de un nombre que reconozca las nuevas identidades vistas en Alemania a principio de junio. Se ha definido no-global el movimiento que se consideró concluido con las protestas de Génova. Se han definido altermundistas, en particular modo los que no sólo protestaban, sino que se reunían y estudiaban alternativas sustentable al (sub)desarrollo promovido por el capitalismo global. Hoy estas definiciones difícilmente se acoplan a la realidad observada en Alemania. Las razones son sencillas y muestran en toda su claridad las nuevas complejidades y potencialidades de esa multitud que, por primera vez en la historia de este tipo de movilizaciones, pudo rodear y bloquear la cumbre del G8.

Antes que todo, las miles de personas que se reunieron en el norte de Alemania para protestar en contra del G8, esta vez no iban a platicar ni a dialogar. Iban a protestar. Y lo hicieron. Paralelamente a las protestas fue organizada una cumbre alternativa que reunió varias centenares de personas. Sin menospreciar este dato, sin embargo salta a la vista que las decenas de miles que el primer día de protesta (el 2 de junio) marcharon en las calles de Rostock, no iban a las reuniones y talleres, sino que andaban en la calle, gritando consignas y protestando. Es más, los enfrentamientos y choques entre manifestantes y policía que duraron más de tres horas en la tarde de ese día, si bien está comprobado tuvieron buena dosis de provocación por parte de la policía alemana, no fueron un accidente, una casualidad. Los casi 100mil de esa marcha no escaparon, no se retiraron, no se fueron. Cuando empezaron los enfrentamientos, todos estaban ahí y todos resistieron y atacaron. El dialogo está en el movimiento, entre sus componentes. Con el G8 este movimiento no quiso y no quiere dialogar: simplemente lo atacó.

El movimiento de Rostock además demostró una gran unidad de intenciones y de prácticas. A pesar de reunir grupos, organizaciones y colectivos con procedencias y perspectivas muy distintas – desde los anarquistas hasta los protestantes -, la multitud reunida en Alemania desde un principio acordó una agenda de protestas y supo llevarla a cabo con gran coherencia resistiendo, no sólo al cansancio y a los eventos en ocasiones no previstos, sino que también a la presión generada por la prensa alemana y la represión gubernamental. Los enfrentamientos del 2 de junio fueron sólo un episodio de la semana de movilizaciones, sin embargo medios de prensa y autoridades se empeñaron en aprovechar los eventos para criminalizar al movimiento, mancharlo y acusarlo de violento y, por ende, tratar de dividirlo. La madurez de este movimiento, sin embargo, impidió el desmoronamiento del mismo. A pesar de las desafortunadas declaraciones de los dirigentes de algunas de las organizaciones más moderadas en el panorama de la protestas, la gran mayoría de la gente – inclusive la base de dichas organizaciones – sin evadir el debate interno, supo mantener la unidad suficiente para llegar al último día con aún mayor fuerza. Si las prácticas no se comparten simplemente no se practican, pero nadie se hace a un lado, nadie se disocia.

Sin embargo la novedad mayor de esta que cada día parece más una nueva fase del movimiento en contra de la globalización neoliberal en Europa, es determinada por la composición de esta multitud y la actitud mantenida durante más de una semana. Por un lado, es por subrayar la mayoritaria presencia de jóvenes, organizados y no, que animaron las protestas. Una generación entera, de jóvenes entre los 20 y 30 años compuso el movimiento de Rostock, le dio vida y contundencia. Ellos lanzando piedras a la policía, ellos marchando en los campos de trigo y bosques, ellos organizando asambleas, ellos festejando, ellos resistiendo, ellos comunicando. Una generación de jóvenes que hoy salen de sus países y atraviesan Europa, construyendo esa Europa unida desde abajo que arriba no han podido aún entender. Por el otro lado, la actitud de esto jóvenes. Indignación por la presencia del G8 en tierra alemana, determinación en la acción y práctica cotidiana fueron las facetas de un deseo compartido que tenía un solo claro objetivo: hacer el capitalismo historia. Las protestas no fueron sólo un acto simbólico, sino que fueron la muestra concreta de la construcción cotidiana de comunidad rebelde e incompatible. Suficiente era observar cómo los muchachos se movían en las calles, cómo organizaban la vida diaria en los campamentos, cómo gestionaron los cientos de canales de comunicación previamente construidos, cómo se relacionaban entre sí – entre idiomas y culturas distintas. Un movimiento con mil caras capaces de dialogar, construir y actuar en común. Una potencia que en Rostock se mostró y ganó esta batalla. Golpeó cuando había que golpear. Fue creativo cuando había que ser creativos. Y que al final pudo gritar: “We are winning”.

11 giugno 2007

Protestas al G8 en Alemania

Estuve en Rostock cubriendo las protestas para el periódico mexicano La Jornada.
Aquí los links de lo publicado:


Por un analisis de las protestas:
Señalo ¿Qué hacer en caso de victoria? escrito por Vittorio Sergi, colega y compañero de camino, publicado en el blog de 62r.

 
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