29 marzo 2007

Guerra y migrantes

El presente articulo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 29 de marzo de 2007.
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La crisis de gobierno en Italia, como suele suceder, se está resolviendo en el palacio, el mismo que sabe parir mayorías parlamentarias variegadas según la necesidad. Pero este seguir mirando al palacio a veces vuelve ciegos frente al reclamo que la plaza, por no hablar de territorios disidentes, expresa cada vez con voz más fuerte.
Es el caso de la protesta en Vicenza, en donde el pasado sábado 17 de febrero, 200mil personas se manifestaron en contra de la construcción de una nueva base militar estadounidense. Muchos ligamos esa manifestación con la actual crisis política italiana. El vinculo existe, sin duda, pero ese vinculo es sólo una parte de una situación cada vez más crítica por el gobierno italiano y los gobiernos europeos. Durante la marcha del 17 de febrero, alguien tomó el micrófono y frente a la multitud ahí reunida gritaba que “queremos un mundo sin guerra el cual no puede existir hasta que haya fronteras y cárceles para migrantes”. Esta extraña forma de ligar los temas en la agenda política de los de abajo nos habla claro de la complejidad social que se vive hoy en Italia. Las expresiones de disidencia manifestadas en Vicenza nos hablan de una sociedad francamente cansada de los abusos y las prevaricaciones. Nos explica que existe una sociedad multitudinaria y articulada alrededor de la defensa del territorio y de los derechos de la gente que ese territorio lo vive. Es por eso, que a la guerra es tan fácil ligar el tema migrante: porque muchos migrantes son los mismos que escapan de territorios incendiados por las bombas aprobadas en los parlamentos europeos. Esos mismos migrantes llegan a Europa y ahí tratan de establecerse, de trabajar, de construir familias e imaginar futuros.
El próximo sábado 3 de marzo, “el pueblo de Vicenza” se manifestará otra vez. Pero esta vez será en otra ciudad, Bolonia, y serán otros los temas. Habrá marcha y protesta, pero esta vez para que se cierren todos los CPT (los Centro de Detención para Migrantes) que invaden el territorio italiano.
Desde 1998, cuando se manifestó la primera vez en contra del primer CPT y se logró que se clausurara, los de abajo juntos con los ciudadanos migrantes se han opuesto a estas estructuras llegando a definirlas como verdaderos lageres por las características que tienen: separación con rejas, aislamiento, maltrato y abuso, abandono. Sin embargo hoy los CPT se configuran como el nuevo instrumento del control del territorio y de la ciudadanía migrante presente en él. A pesar de que la Corte Constitucional, el máximo órgano jurídico italiano, se expresara en contra de los CPT y su funcionamiento; a pesar de haber instituido una comisión especial (la llamada Comisión De Mistura) de averiguación de las condiciones de los CPT; a pesar de todo, el actual gobierno italiano, en via de reconfirmación parlamentaria, no ha dado paso alguno hacia la resolución de los problemas que se han venido generando por la presencia y existencia de los CPT. Al contrario, ha adoptado una estrategia que bien podríamos definir de maquillaje. En efecto, la Comisión nada ha hecho sino proponer una gradual reestructuración del funcionamiento de los CPT: en el futuro próximo, según los planes gubernamentales, habrá CPT para ilegales, para los que serán expulsados y, novedad absoluta, para quienes pidan asilo político. Además, el gobierno italiano está promoviendo la dislocación de los CPT en tierra lejanas del territorio italiano, como Libia, Marrueco, Polonia, Rumania, queriendo con esto no sólo alejar la presencia de migrantes en sí, sino también alejar de la vista de los medias y de la protesta el problema.
Más allá aún, la propuesta gubernamental que pronto verá luz verde por parte del nuevo ejecutivo, tiene el defecto de confirmar dos ejes jurídicos tanto criticados a la ley aprobada hace ya 6 años, la llamada ley Bossi-Fini: la detención administrativa y el vinculo permiso de legal estancia-trabajo. Entonces no sólo el migrante que no haya cometido delito alguno puede ser detenido e internado en un CPT sino que también cuando este en libertad vive bajo el constante chantaje de la detención. Esta condición obliga al migrante a flexibilizar una vez más su cotización en el mundo del trabajo poniendo, de reflejo, a los autóctonos en una condición de mayor competitividad en el ya precario mundo laboral.
El gobierno italiano, el mismo que pudo ganar la batalla electoral aprovechando la máxima sensibilidad social acerca del tema de los CPT, hoy se perfila cual agente de la compatibilidad con los intereses del capital europeo, necesitados de mano de obra no sólo barata sino que frágil, precaria y expuesta a chantaje. Es por eso que el próximo sábado 3 de marzo habrá una protesta nacional en Bolonia, porque, según dicen los manifestantes, “esta es una batalla ética de primera importancia que tiene que ver ciertamente con los derechos de ciudadanía pero también con la composición del trabajo y con el concepto de seguridad, ligado, en el discurso gubernamental, a las cárceles para migrantes y a la represión”.

25 marzo 2007

ADS, nueva arma para escenarios futuros

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 26 de marzo de 2007
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ADS, una sigla aparentemente inocua, que puede representar el futuro de la gestión de conflictos militares y sociales de masa. Es un arma y se le llama Active Denial System: una parábola de metal, montada en el techo de humvee y que, según explican, dispara rayos en altísima frecuencia que golpean al objeto, un ser humano. El resultado es una fuerte sensación de calor, tan tremenda de inhibir la persona y obligarla a salir del haz del rayo. Una reacción instintiva. Según los expertos del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea y los de la Dirección del Conjunto de Armas No Letales, ambas dependiente del Departamento de Defensa de EU, con esta arma “se provee a nuestros soldados de una extraordinaria capacidad, una arma no letal de mayor alcance de las tradicionales”. Un rayo de energía a 95 GHz de frecuencia es disparado hacia el sujeto. La piel es penetrada por 0.03 centímetros, lo suficiente para estimular los neuroreceptores que transmiten inmediatamente una fuerte sensación de calor. Como las microondas que calientan la comida, el rayo del ADS penetra las moléculas de agua presentes en la piel del ser viviente, llevándolas a una temperatura de alrededor de 50 C. La sensación que deriva es similar a la de una quemadura, pero en todo el cuerpo. Y como el horno de microondas, no deja rastros ni quemaduras algunas. Simplemente calienta. Así las cosas, el ADS se perfila como la nueva arma capaz de disuadir antes que eliminar el peligro advertido. Un arma que despierta no sólo los intereses de los países actualmente en guerra, EU antes que todos, sino que también genera dudas y criticas, por parte de la comunidad científica internacional. Aún callan las organizaciones de derechos humanos.
Del ADS se conocen las informaciones oficiales, mismas que se han ofrecido en la presentación pública que se llevo a cabo el pasado 24 de enero en las instalaciones de la Base Aérea de Moody, en Georgia, Estados Unidos. En esa ocasión, los periodistas presentes han podido asistir a pruebas reales de empleo del ADS. En la simulación presentada (los videos se publicaron en Internet), se aprecia un grupo de personas (todos ellos voluntarios, según la versión proporcionada por el Departamento de Defensa) con actitudes hostiles que se acerca a los camarógrafos. Repentinamente brincan, se descomponen, la mayoría se escapa en la dirección de la que procedían. Ningún ruido, tan solo las risas de los camarógrafos. Ninguna consecuencia inmediata, nada de dolor después de la exposición al rayo, nada de lagrimas o sangrados. Nada de quejas. Más alegre es el video en que se observa el periodista Elliot Minor, de AP, que lanza un pequeño grito y una larga carcajada.
En efecto, los estudios realizados acerca de las consecuencias médicas del ADS, todos documentos públicos excepto unos cuantos, demostrarían la ausencia de consecuencias directas de la nueva arma en la salud de las victimas. No provoca quemaduras ni daños visibles. Además, estaría demostrado que tampoco causa daños de largo plazo en la salud del ser humano. Una vasta red de científicos y médicos, encargados por parte del Departamento de Defensa de llevar a cabo investigaciones independientes relativas al efecto sobre la salud de los rayos emitidos por el ADS, publicó sus conclusiones: “hay un bajo riesgo de daños por la exposición de los rayos de ADS. El estudio averiguó que hay un muy bajo riesgo de daños a los ojos, así como que no hay evidencia alguna de que el rayo de microondas provoque el cáncer”. Por el otro lado pero existen varios investigadores que ponen en duda la seriedad de los estudios realizados, sobre todo por lo que concierne los efectos en el sistema nervoso central, ampliamente estimulado por la exposición a los rayos. Ya en el pasado otras armas clasificadas de no letales, como el gas CR o el mismo difundidísimo Taser, han demostrado no cumplir siempre con su mandato, es decir inmovilizar pero no matar. Steve Wright, de la Metropolitan University de Leed en Inglaterra y miembro de la Omega Fundation, advierte que poco se han investigado los daños a los ojos que pueden provocar estos rayos, así como no se puede aún afirmar con certeza la falta de consecuencias en el código genético de las personas afectadas y concluye: “si las empresas no aceptarán de dedicar parte de su inversión en una clausula de garantias médicas de aquí a los próximos treinta años, tendríamos que poner en duda lo que dicen acerca de los efectos a la salud”.
Pero quizás, las mayores implicaciones y de más difícil interpretación, son las relativas al utilizo de este tipo de armas. Según la Dirección de Armas No Letales, “el ADS suportará una vasta gama de misiones en tiempo de paz y en tiempo de guerra: metodos no letales para la dispersión de masas y muchedumbres, seguridad en los puestos de control, seguridad perimetral, áreas restringidas, protección de puertos e infraestructuras, y aclaración de intenciones (identificación de amigo y enemigo)”. No cabe duda en efecto de que el ADS responde a la inmediata exigencia de tener los instrumentos adecuados a los nuevos escenarios de guerra, como son claros ejemplos las calles de Bagdad o los valles de Afganistán en estos últimos años. Masas de gente inconformes o simplemente presentes entre las cuales grupos organizados o supuestos enemigos se pueden esconder para llevar a cabo acciones hostiles. John Wood, de la Facultad de Sicología del University College de Londres, admite estas posibilidades, pero alerta acerca de la posibilidad de utilizar estos instrumentos en contra de las manifestaciones de inconformidad en contra de un gobierno y concluye: “el peligro psicológico es que la gente deje participar en las manifestaciones de masa en contra de un gobierno”. A su vez Steve Wright la define “un arma que induce autodisciplina, en el sentido de quien es golpeado se aleja de la zona controlada”. Los peligros, afirman los dos investigadores por separado, están ligados a cuestiones éticas y, evidentemente, políticas. “En la Conferencia Internacional sobre Armas No Letales del marzo de 2005, empresas estadounidenses y rusas traían las mismas imágenes de los experimentos efectuados con el ADS [...]. Tememos que los experimentos se estén llevando a cabo en contra de poblaciones civiles en áreas del planeta menos protegidas en el ámbito de los derechos humanos”, reflexiona Steve Wright. Al mismo tiempo, advierte el peligro de un arma de disuasión masiva contra la cual es difícil oponerse, aunque sea por vías legales. “¿Cómo demostrar que me quedé ciego por el rayo del ADS?”, es la pregunta que pone el investigador, “¿a quién denunció en ese caso?”. Preguntas como esta abren el paso a más dudas acerca del uso político que se le puede dar al ADS, no sólo en el control de la plaza (el llamado efecto “good bye”), con evidentes riesgos en el campo del ejercicio de las libertades democráticas, sino también en la legítima duda de quienes serán los que utilizarán estas armas. Por un lado en efecto cabe la posibilidad de los abusos de que puede ser instrumento el ADS, como por ejemplo el utilizo indiscriminado sobre objetivos distintos a los los indicados o el mismo utilizo para fines de tortura. Por el otro lado queda la duda del rol del Estado y de las empresas privada en este que representa de converso un negocio más del Complejo Militar Industrial estadounidense. 40 millones de dólares se han canalizado al proyecto el año pasado, cifra que se repartieron no sólo las agencia militares, sino que también tres grandes empresas: la Raytheon AET en Rancho Cucamonga, California, la CPI (Communications and Power Industries) en Palo Alto, California, y la Veridian Engineering en San Antonio, Texas.
Por lo pronto queda claro que el despliegue en el campo de batalla, anunciado para finales de 2005, se tuvo que posponer hasta el 2010. Sin embargo, como suele suceder en la industria bélica estadounidense, el Gobierno de EU, a través de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), autorizó el 22 de septiembre de 2004 a la Raytheon la construcción de un modelo comercial del ADS. Se llama Guardián Silencioso y ya está a la venta en el mercado global de las armas. Es un hermano menor del ADS, de menos potencia, y es ofrecido cual solución al mantenimiento de áreas despejadas y protección de instalaciones. ¿Quién lo comprará para utilizarlo cómo? Estas preguntas surgen naturalmente frente a la aparente facilidad en conseguir un instrumento de tal magnitud. John Wood va aún más allá y plantea: “Es la solución preventiva a las consecuencias que este sistema está generando, es decir cientos de millones de personas dezplazandose en el mundo. El control de esas masa puede bien ser confiado al ADS”.

10 marzo 2007

Carceles para migrantes en EU, un negocio para unos cuantos

El presente articulo fue publicado en el periódico mexicano La Jornada el día 10 de marzo de 2007
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Como en Europa, también en Estados Unidos el fenómeno migratorio tiene, en su aspecto represivo, su faceta carcelaria. Ya hablamos mucho acerca de los centros de detención para ciudadanos migrantes en Europa. Una realidad políticamente incómoda para Europa, pero funcional a un sistema productivo que utiliza los migrantes desprotegidos que salen de esos centros y se ofrecen en el mercado laboral sin la mínima garantía y bajo la constante amenaza de volver a ser detenidos.

En Estados Unidos la situación resulta ser parecida. Sin embargo hasta la fecha la detención de migrantes en Estados Unidos revela otro aspecto que en Europa aún no encontramos, al menos de forma tan prominente: el aspecto económico que caracteriza la detención de migrantes. Si bien en Europa, mantener migrantes bajo la amenaza del arresto significa despojar al migrante de toda garantía individual, en EU a este aspecto se añade la posibilidad para unas cuantas empresas de recavar más utilidades del encierro de los migrantes. Esto se debe sobre todo por el hecho de que en EU la encarcelación de migrantes, y no sólo, es cuestión delegada a los privados. Unas pocas empresas norteamericanas controlan la mayoría de las grandes cárceles, federales, estatales y locales.

Experimento llevado a cabo en los años 80 bajo la administración de Ronald Reagan, durante la llamada “guerra a las drogas”, la privatización del sector penitenciario ha resultado ser un gran negocio que ha llegado a desarrollarse en los años 90, terminando por ser, hoy, fuente de ingresos por millones de dólares para unas cuantas empresas privadas. El endurecimiento de las leyes migratorias estadounidenses (en 1996, sobre todo, con el Illegal Immigration Reform and Immigrant Responsibility Act), las medidas antiterrorismo de estos años, han favorecido la práctica del encarcelamiento de ciudadanos extranjeros en EU. Ya sea por crímenes menores, ya incluido en las ultimas reformas, ya sea por ingreso ilegal repetido en la Unión Americana, el sistema carcelario estadounidense ha podido desarrollarse a tal punto que hoy en día, podemos encontrar cárceles nuevas a lo largo de toda la llena fronteriza – en Texas, Florida y Arizona, sobre todo -, divididas según las personas que ahí se encuentran detenidas: nacionales o extranjeros. Y muchas, sino todas, estas cárceles son gestionadas por empresas privadas.

Estas cárceles para migrantes fueron licitadas con los llamados Criminal Alien Requirments (CAR) – hasta en el nombre, la ofensa -, convocados por el mismo INS (Servicio de Inmigración y Naturalización de EU), los cuales convocan a instituciones públicas o privadas para la construcción y gestión de “estructuras aptas a detener ciudadanos no estadounidenses”. Tan sólo en la última CAR, fechada 29 de noviembre de 2006, el INS pedía espacios para 7,000 personas de “baja peligrosidad”. Una licitación que quizás se cumplirá este año. Si consideramos que el año pasado se calculaba la presencia de 27,500 detenidos “no residentes” en las cárceles de EU – con un incremento de 6,700 sólo en 2006 – podemos comprender las dimensiones numéricas del fenómeno.

Sin embargo, quizás lo que llama más la atención son los costos de estas operaciones. Se calcula que cada día hay la detención de un migrante en EU cuesta un promedio de 95 dólares, por un total anual de casi mil millones de dólares. Cifras puramente indicativas, pues nadie admite los números. Lo cierto es que ese dinero sale de las arcas públicas y termina en los bolsillos privados de pocas sociedades: la Corrections Corporation of America (CCA) y la Wackenhut Corporation entre las más presentes en el mercado. En una nota reciente en el periódico de Tucson Arizona, el Tucson Citizen, Dora Schriro, Directora del Sistema Carcelario de Arizona, se quejaba del costo diario de la detención de cientos de migrantes que bien podrías ser expulsados o deportados del país: 28,000 dólares diarios que los contribuyentes pagan para que empresas privadas mantengan los migrantes encerrados con la autorización del gobierno federal norteamericano.

Un negocio redondo para estas empresas nacidas a mano de expertos ex agentes policíacos federales, como es el caso de la Wackenhut Corporation, o a mano de ex militares, en el caso de la CCA, ambos “sujetos sociales” desplazados por la caída del sistema productivo de la Guerra Fría y ahora reinsertados a lleno titulo en la producción de la nueva seguridad planetaria promovida por la administración norteamericana.

El negocio de la detención de extranjeros en EU hoy ya no es cuestión de seguridad nacional como se obstinan en declarar los funcionarios gubernamentales del vecino país del norte. Es negocio acerca de los cuerpos de miles que cada año tratan de cruzar la frontera. Cada cuerpo representa una cifra de un negocio que tiene actualmente una tasa de crecimiento del 35% anual. Si ese cuerpo logra internarse al país sin antes ser disparado por otros privados “colaboradores” de la Patrulla Fronteriza estadounidense, caen en la red represiva que los encarcela y sólo con este hecho puede cobrar factura.

Cabe preguntarse cómo terminó la platica que muchos atestiguan hubo en 2002, entre funcionarios del Estado de Arizona, algunos corporativos de CCA y funcionarios del Estado de Sonora, en México, para la construcción de un penal para 21,000 extranjeros en territorio mexicano. La maquila penitenciaria. En su reciente visita a México, ¿habrá Janet Napolitano platicado sobre este asunto también?

 
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