CPT en Italia, un negocio redondo
A lo largo de los últimos años, muchas han sido las polémicas alrededor de los Centros de Permanencia Temporánea (CPT) para migrantes, mismos que han vivido transformaciones, según el equipo de gobierno en turno. Primero fue el gobierno de centro-izquierda entre 1996 y 2001 el cual vendió al publico los CPTs como estructuras necesarias. “El mal necesario”, pues lo exigía la realidad histórica, aunque es notorio que más bien la medida respondía a la presión de la joven Unión Europea, a través de los Tratados de Schengen. Luego fue el gobierno de centro-derecha que gobernó de 2001 a 2006, el cual cambió la ley migratoria italiana, promulgando una legislación mucho más restrictiva respondiendo a un electorado conservador que lo puso en el poder. Esta ley (la 189/2002) además de complejizar los procedimientos para entrar al país, multiplicó el número de los CPTs y endureció las condiciones, equiparando, de paso, la detención por estancia ilegal , la detención temporánea para la identificación y el inicio del procedimiento de asilo. Todos los migrantes en la misma olla.Hoy en Italia regresa a gobernar la izquierda. Tras una campaña electoral centrada, entre otros temas, en el futuro de los CPTs – tachado de verdaderos lageres por buena parte de la opinión pública – la izquierda llega en el poder con la promesa de “un eficaz paso más allá de los CPTs”. Una comisión especial del Ministerio de Interiores visitó todas y cada una de las estructuras y las transformó en los llamados “Centros Polifuncionales”, separando los CPTs de los Centros de Identificación, Centros de Separación y Centros para Refugiados. Sin embargo, los CPTs siguen existiendo y siguen siendo la columna vertebral del sistema de control de la migración: represión y control.
CPTs productores de mano de obra barata
Los CPTs son hoy el lugar en los cuales termina el sueño del migrante de encontrar una vida más digna. Un migrante que llegue a Italia – y en general en Europa – ilegalmente y pueda entrar al país tiene altas posibilidades de acabar en un CPT. ¿Pero cómo sale de ahí? La legislación actual, prevé que el extranjero puede quedarse hasta un máximo de 60 días en un CPT para ser identificado. Una vez transcurrido ese tiempo, la autoridad tiene que decidir: o un permiso temporal, por cuestiones humanitarias, o la expulsión. En este último caso, el más común, el Estado prevé la deportación al país de origen, sin embargo es notoria la falta de recursos para que este procedimiento pueda ser llevado a cabo por los miles de migrantes expulsados. De esta forma, al migrante es entregado un papel en el cual se le dan 5 días para “dejar el país voluntariamente” . Otros migrantes llegan a Italia pero no pisan siquiera el territorio y son detenidos antes por las patrullas fronterizas. En este caso, el migrante es llevado al Centro de Identificación y luego trasladado al CPT – que por lo regular está en la misma estructura. De ahí la salida como antes descrito. Un migrante que salga de un CPT con un decreto de expulsión en las manos ¿qué hará de él? En la mayoría de los casos, así como fue documentado por el periodista Fabrizio Gatti y muchos operadores del sector migración de distintas organizaciones sociales, el migrante tira el papel en el primer bote de basura que encuentra. Luego se pone a buscar empleo. Fabrizio Gatti, que fingió ser ciudadano rumano para internarse en CPT, documenta la historia de un migrante que “expulsado” desde el CPT de Lampedusa (en el sur de Italia) acabó trabajando de obrero en Milán con el sueldo de 2 euro a la hora y sin prestaciones, mientras sus colegas “en regla” eran pagados 7 euros a la hora y tenían todas las prestaciones de ley. Si la ilegalidad empuja al trabajo informal, de la misma manera, la presencia de los CPTs en el territorio obliga los migrantes a buscar no sólo rutas de entrada distintas sino que también las redes de protección necesarias para no ser encontrados por las autoridades. “Quienes acaban ganando de la existencia de la actual política migratoria en Italia y de los CPTs son las grandes mafias del trafico de personas y la economía de destinación”, dice Gatti. Y en efecto, ya salió a flote el caso de las obras del Tren de Alta Velocidad (TAV) que debería conectar Lisboa con Kiev pasando por Italia, en las cuales trabajan empresas ligadas al ex Secretario de Obras Públicas, Pietro Lunardi, mismas que emplean trabajadores extranjeros sin permiso.
La gestión de los CPTs, negocio para unos cuantos
La cantidad creciente de migrantes que cada año llegan a Italia, impuso la construcción de 26 CPTs en todo el territorio nacional, ubicados, en su mayoría, en el sur de la península. A pesar de todo, a pesar de polémicas, cuestionamientos, investigaciones, acusaciones y resoluciones, por parte de tribunales, ONU, Comisión Europea y otros organismos gubernamentales y civiles, hoy en día, el mayor problema para el gobierno italiano con respeto a los CPTs resulta ser su gestión, por los elevados costos y por las polémicas generadas por las dispersas denuncias de maltratos .Desde su creación, el gobierno decidió confiar la gestión de las estructuras a empresas públicas o privadas, según una convención que el mismo gobierno central habría firmado: el Estado entrega en mano de empresas – privadas en la mayoría de los casos – la gestión del problema migratorio. Esta situación ha llevado a distintos problemas. Según las convenciones estipuladas entre el Ministerio de Interiores y las empresas gestoras, éstas tienen que proporcionar una serie de servicios muy específicos a los migrantes “huéspedes” de los CPTs: asistencia sanitaria, tres comidas al día, ropa, etc.. La convención habla en especifico de algunos precios, que aproximan los 40 euros diarios por “huésped”. Sin embargo, en la Corte dei Conti resultan otros costos, otros precios. Cada migrante detenido en el CPT de Lampedusa cuesta 37 euros al día, mientras en el CPT de Modena el costo sube hasta los 89 euros. De la misma forma, los costos varían según el CPT. O, más bien, según la empresa gestora. La Cooperativa Albatross es una, siguen la empresa Misericordia, gestora entre otros del CPT de Modena, la misma Caritas Italia y la Cruz Roja Italiana. Poco se sabe pero sobre los costos reales de estas estructuras. Lo que se sabe es que un CPT cuesta en el orden de 3,000,000 de euro cada año en Lecce, en el sur de Italia, la mitad en Bologna, poco más de 2,000,000 de euro en Roma, sin contar los servicios de vigilancia privada, limpieza, manutención de los edificios y, en el caso de Modena, renta del espacio. Pero ni el gobierno es capaz de dar datos certeros. A la gran duda acerca de los costos, se añaden las polémicas generadas por la mala gestión por parte de las empresas encargadas. En un recién reportaje, el valiente periodista Giovanni Maria Bellu , cuenta la historia de unos migrantes africanos que denuncian la administración del CPT de Caltanissetta (Sicilia) por haberlos discriminados. Pero a esta historia añaden otra: la administración, en mano de la Cooperativa Social “Albatross”, “cobraba” las huidas del centro. No sólo, la gente que escapaba era de la misma nacionalidad de algunos operadores extranjeros de la Cooperativa y se fugaban sin zapatos, ropa.Todo parece indicar que estamos frente a una situación que ve el gobierno con la necesidad de controlar el flujo migratorio y encarga empresas que no sólo no están dejando cuentas claras, sino que concentran su esfuerzo de “asistencia” al sólo aspecto económico dejando a un lado el aspecto humano.
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