15 maggio 2005

Los cancelados de Eslovenia

El presente articulo fue publicado en el periódico mexicano, La Jornada el 15 de mayo de 2005, en el suplemento Masiosare.
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Les dicen "los cancelados", del esloveno izbrisani, pero no hay traducción que pueda describir la vida y el incierto futuro de casi 20 mil personas en la República de Eslovenia.
En 1991 el más pequeño y más desarrollado de los estados que componían la República Federal Yugoslava declaró su independencia. La federación, fundada casi 50 años antes por Josif Broz Tito, claudicaba bajo el creciente nacionalismo serbio y croata.
Los genocidas Slobodan Milosevic y Franjo Tudjiman empezaban sus "brillantes" carreras. Y llevaron, no sin la ayuda europea y estadunidense, a la destrucción de la federación balcánica. Eslovenia cayó también en el remolino, a raíz de un referéndum. A diferencia de otros estados que decidieron seguir el mismo camino (Croacia y Bosnia fueron involucradas en una cruenta guerra), Eslovenia no tuvo casi que enfrentar al ejército federal. Este, en efecto, trató de ocupar la joven república, pero la ofensiva fracasó y Eslovenia pudo separar su destino de los viejos hermanos. El reconocimiento diplomático del exterior (el primero en reconocer a la nueva república fue el Papa) y el apoyo político y económico que le siguió fueron determinantes para sobrevivir al infierno del resto de los Balcanes.
El "genocidio suave"
Eslovenia se encontró con la difícil tarea de construir su propio sistema de gobierno, administrativo, pero también cultural e identitario. Es aquí en donde el nacionalismo creciente se vuelve herramienta para coagular a la joven sociedad. Eslovenia cuenta con sólo dos millones de ciudadanos, que en su gran mayoría viven en las zonas rurales. Varios miles no han nacido ahí. Pero hasta 1991 viajar a Eslovenia era entrar a Yugoslavia, y poco importaba quién estaba enfrente: esloveno, serbio o croata. Si es cierto que la nacionalidad se define sólo mediante documentos, el flamante gobierno tuvo que darles nueva identidad a todos sus ciudadanos. Pero la acción, guiada por políticos independentistas, no fue equitativa.
Los burócratas eslovenos dejaron de registrar a muchos no nacidos en Eslovenia: 18 mil 305 personas no fueron incluidas en el nuevo registro civil. Entre ellos los nuevos "extranjeros": serbios, croatas, bosnios y albaneses. Sus nombres desaparecieron y con ellos todos sus derechos.
En Yugoslavia todo ciudadano gozaba de dos ciudadanías: la estatal y la federal.
El Ministerio del Interior esloveno expidió una directiva que concedía la ciudadanía a los no-eslovenos con ciudadanía federal, pero los obligaba a acudir a registrarse de nuevo en seis meses. Además imponía la condición de que los aspirantes no representaran una amenaza al orden y a la seguridad del país. Los nuevos "enemigos" de la guerra que comenzaba (serbios, croatas y bosnios) fueron rechazados por "peligrosos para la seguridad interna". La operación de registro fue "reservada", y los ahora "cancelados" sólo se percataron de su condición años más tarde, cuando tuvieron que tramitar algún documento.
Así, mientras unos cuantos kilómetros al sur se consumaban las matanzas, en Eslovenia se llevaba a cabo un "genocidio suave": se eliminó a miles de personas no físicamente, sino "sólo" jurídicamente.
Eslovenia, desde los últimos años de los ochenta, bajo la presión de sus vecinos Austria y Alemania, había empezado a sentirse más cerca de Europa que de los Balcanes. A ello se suma la más concreta razón de Estado: la voluntad del gobierno de borrar el pasado (el estado multiétnico soñado por Tito). Esta voluntad se desahoga en una calculada venganza política hacia quienes, los serbios sobre todo, durante la última década de la unidad yugoslava explotaron la riqueza del pequeño estado esloveno. Finalmente, se suma la búsqueda de una identidad nacional frente a la descomposición al sur y el reto de entrar en la comunidad europea. Estos factores explican la injusticia.
Es la paradoja: la Constitución Europea en discusión garantiza el respeto de los derechos humanos de todos quienes se encuentren en su territorio.
La denuncia
A 13 años de distancia, "los cancelados" aún viven sin derechos: no pueden buscar trabajo, encontrar casa, casarse, ir a las universidades, percibir algún beneficio de jubilación ni asistencia sanitaria. Los medios extranjeros han empezado a interesarse en el caso, lo mismo que organizaciones como Amnistía Internacional. Al tiempo, los mismos "cancelados" han presionado al gobierno para que ofrezca una solución. En febrero pasado, cientos de personas ocuparon la sede de la Unión Europea en Ljubljana, capital eslovena. En los años pasados han sido varias las marchas así como las iniciativas dirigidas a la población eslovena.
Los mayores logros han sido dos resoluciones de la Corte Constitucional (1999 y 2003). Cuando la sentencia llegó, el gobierno entró en crisis. Gobernar en nombre de la identidad eslovena durante diez años y finalmente regularizar a casi 20 mil "extranjeros" no es fácil. Menos aún cuando la oposición se aprovecha para mandar a la esquina al gobierno, con el argumento de que "los cancelados" son enemigos de Eslovenia, pues "ellos eran contrarios" durante la independencia, o peor aún, que "son nostálgicos de la vieja federación comunista".
A pesar de las dos resoluciones de la Corte en favor de los "cancelados", la situación parece sin salida.
Darj Zadnikar, profesor de la Universidad de Ljubljana y asesor de "los cancelados", dice: "Si no los han matado los paramilitares, como a sus símiles en Croacia, Bosnia y Kosovo, el destino de 'los cancelados' contiene miles de trágicas historias. Algunos han sido arrestados en sus casas, arrebatados de sus familiares y expulsados. Otros vagaron en la 'tierra de nadie' hasta poder regresar con sus familias [...] Los más jóvenes no pudieron tener educación, los padres no pudieron tener los papeles para los recién nacidos, los más viejos perdieron sus pensiones, les fue negado a todos el derecho a la asistencia médica".
La descripción es trágicamente correcta. En efecto, los "cancelados" no pueden siquiera conseguir casa. En las afueras de la capital, un campo de varias hectáreas hospeda a miles de ellos. Parece que la guerra que nunca hubo aquí en Eslovenia, tuvo las mismas consecuencias que en los territorios del sur: campos de refugiados y miseria.
La orden de la Corte fue devolver a "los cancelados" su estatus de ciudadanos. "Pero el gobierno, los medios y los partidos han empezado una campaña racista, nacionalista y xenófoba contra 'los cancelados' y sus representantes", dice Zadnikar. "Los presenta como enemigos, serbios, gitanos, oficiales del ejército yugoslavo, criminales, que sólo quieren dinero por su traición".
¿Tienen futuro "los cancelados"? Su lucha continúa pero sus tácticas están cambiando. Han entendido que con el gobierno esloveno tienen pocas o ninguna posibilidad. Desde el 1 de mayo de 2004, cuando Eslovenia ingresó a la Unión Europea, "los cancelados" han buscado a organizaciones similares en Europa y han informado a la prensa del continente. No es que crean que las instituciones europeas sean mejores que las eslovenas, pero descubrieron que en Europa hay luchas similares de los llamados invisibles. La lucha de esta red de organizaciones podría construir una Europa diferente al imaginario racista.

 
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