27 marzo 2005

El derecho a quedarse

El presente articulo, escrito a cuatro manos con Vittorio Sergi, fue publicado en el periódico mexicano, La Jornada el 27 de marzo de 2005, en el suplemento Masiosare.
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Europa vive hoy un fuerte conflicto social alrededor de las migraciones. Su posición geográfica hace de su territorio una extensa frontera con muchas de las áreas más pobres y conflictivas del mundo: África, Medio Oriente y la parte oriental de Europa.
Su geografía es también su historia, una tensión continua entre apertura, contaminación cultural, cosmopolitismo y fuertes conflictos de identidad, fronteras internas, centros de detención y hasta exterminio de los diferentes.
Ilegal africano detenido en uno de los Centros de Permanencia Temporal en Malta/Fotografías: ReutersAl mismo tiempo, desde la puesta en práctica de las políticas neoliberales en el marco de la construcción de la Unión Europea, se asiste a una multiplicación de las fronteras, físicas y legales, contra la libre circulación de personas opuesta a la libre circulación de mercancías.
El área Schengen es un punto fundamental para entender la política migratoria de lo que ahora conocemos como Unión Europea, esa entidad ya no sólo económica, sino también política y social, que se conformó de manera institucional con el Tratado de Maastricht.
El área Schengen ha representado y representa, sin embargo, una arma de doble filo: si por un lado caen las fronteras internas de la unión (aunque cada Estado tiene derecho a cerrar sus fronteras por razones de seguridad), por el otro, a partir de los noventa, se levanta una impenetrable frontera externa. Muchos dirán que se cayó el muro de Berlín, pero se levantó el europeo, el llamado "cuartel Europa".
La caída del muro de Berlín, en efecto, ha provocado, junto a otros eventos geopolíticos relevantes en esa década ­como la guerra en Yugoslavia y la desestabilización en Medio Oriente­, una ola migratoria hacia Europa que no había tenido precedentes1. Esto ha tenido diversas consecuencias.
Primero que nada ha puesto en crisis la Convención de Ginebra sobre refugiados. Pensada para los pocos afortunados que lograban brincar la Cortina de Hierro, la Convención ha sido insuficiente para enfrentar la ola masiva de demandas de asilo político y refugio. En segundo lugar, la adopción de una política migratoria común, resultado natural de la integración europea, aunque en el papel haya sido ratificada, todavía no ha encontrado caminos factibles de realización, debido a las diferentes exigencias de cada país. Basta pensar en los países del Mediterráneo, más afectados por estas olas migratorias.
En fin, la crisis provocada por la total falta de preparación de los países europeos para vivir la etapa posterior al cambio de equilibrio planetario. Europa, en pocos años, se ha convertido en punto de referencia económico y político. Acostumbrada a ser más bien contrapeso a la enorme presión del bloque socialista, en pocos años, desde la caída y la desaparición de éste, se ha vuelto polo atractivo para todos aquellos que de una día a otro han visto sus vidas empobrecidas y sin perspectivas.
Cuando dos vecinos viven presumiendo la riqueza y la cordura y de repente uno de los dos pierde todo, es obvio que el que se ha quedado sin nada busque y mire al otro. Y cuando esto pasa, cuando el que se ha quedado rico de una día a otro se ve rodeado por gente hambrienta, la reacción puede ser de dos tipos: abrir la puerta de su casa y acoger de la mejor manera a los nuevos huéspedes, o, al contrario, encerrarse en su casa a gozar de su propia riqueza. Algo así ha pasado en Europa. En sus territorios no hay fronteras, pero hacia el exterior se ha levantado el nuevo muro del siglo XXI. Mas allá de razones sociológicas y filosóficas, ligadas sobre todo a un fuerte egoísmo de identidad, las razones de tal elección política puede buscarse en las cuestiones económicas. Europa ha visto abrirse la puerta de su casa a un nuevo mercado, pero éste ha ido acompañado del crecimiento asombroso de una nueva, barata y políticamente desorientada mano de obra.
*** Hoy podemos observar cómo la Unión Europea se ha convertido en una entidad política fuertemente organizada y burocratizada. En lo que concierne al tema migratorio, a pesar de mantener diferencias entre los miembros de la Unión, la política se ha ido uniformando en algunos aspectos.
Antes que todo, la diferenciación entre migración legal e ilegal. Se podría decir que en la Europa actual viven tres tipos de personas: los ciudadanos de primera división, los nacidos en territorio europeo; los de segunda, migrantes que con enormes dificultades burocráticas han conseguido los papeles necesarios para la estancia legal y los de tercera, invisibles e ilegales, que no gozan de ningún derecho. Los primeros disfrutan de todo derecho garantizado por el Tratado de Niza y ratificado recientemente en Roma (la Constitución Europea); los segundos gozan de la libertad de trabajar bajo las reglas que se les imponen, porque sin trabajo no hay papeles; los terceros representan la verdadera arma de la economía europea. En muchos casos son tolerados por conveniencia económica. De hecho nunca protestan, nunca se exponen, aceptan todo tipo de trabajo y de condición. Por el otro sufren más directamente que otros la represión policiaca.
*** Si bien es cierto que cada país tiene su propia ley migratoria, un instrumento común parece haberse extendido más allá de las casi desaparecidas fronteras nacionales: los centros de detención para migrantes.
Estos centros, definidos en las leyes como Centros de Permanencia Temporal (CPT), han sido tachados de ser verdaderos lager (en referencia a los campos de concentración nazi) por los grupos de apoyo a migrantes y se han diseminado por el continente, convirtiéndose en una verdadera institución europea.
Los campos nacieron para controlar a las poblaciones en exceso o sobrexplotadas de las colonias y luego, en la Primera Guerra Mundial, como instrumento de limpieza étnica y construcción de los pueblos nacionales por medio de la segregación y deportación de las minorías.
Hoy, estos centros representan la punta de lanza del control sobre flujos migratorios, el arma con la que la policía y los gobiernos encierran miles de personas con el pretexto de no tener los papeles (pasaporte, visas, permiso de estancia) necesarios para ser "regular". Lo que no se tiene en cuenta, sin embargo, es que en ninguna ley europea se contempla la detención sin que se haya cometido algún crimen. Y en ninguna ley europea se contempla la ilegalidad de estancia como crimen2.
El absurdo se alcanza cada vez más en las detenciones y expulsiones de personas que escapan de una situación de vida o muerte, como sucede con los iraquíes, los kurdos, los sudaneses o los afganos que huyen de sus países en guerra?3
Pero los CPT no se limitan a ser instrumento de represión sino que se vuelven instrumento de control social toda vez que "promueven una inclusión selectiva de los migrantes, incluida la ilegalización".
Lo que tal vez es más preocupante, sin embargo, y que está al centro del debate, es que "este proceso corresponde a la producción de una jerarquía de derechos que está al centro de las transformaciones materiales del concepto de ciudadanía en Europa y que está bien lejos de comprender sólo a los migrantes". En otras palabras, la precarizacion de la vida del migrante parece avanzar al mismo ritmo que la precarizacion de la vida del ciudadano europeo. Algunos pasos adelante sin duda. Sin embargo todo parece indicar que los migrantes en Europa están siendo utilizados como carne de cañón para experimentar nuevas formas de trabajo centradas en la precariedad y explotación4.
La política migratoria en Europa ha sido ampliamente condicionada por las vastas protestas que han venido creciendo en aquel continente en contra de las medidas discriminatorias y en favor de que los ciudadanos, sean europeos o de otros países, gocen de los derechos que tiene todo ser humano. Desde el movimiento de los Sin Papeles en Francia (los Sans Papiers) a finales de los noventa hasta las organizaciones de europeos que solidarizan con los migrantes, la oposición a las leyes nacionales y a las convenciones europeas que limitan los derechos de los migrantes y que favorecen la precariedad de la vida de éstos, han ido creciendo.
En los últimos años se han venido dando muchas y diversas manifestaciones, desde marchas hasta las acciones más espectaculares para afirmar los derechos de los sin derechos.
A propósito de los CPT, cabe mencionar las acciones directas llevadas a cabo en contra de algunas de estas estructuras en varias partes de Europa: grupos de manifestantes asaltan o cercan los CPT y han favorecido la fuga de los internos o desmantelado la estructura misma.
En el último Foro Social Europeo de Londres y en los espacios autónomos y radicales, el movimiento, el mismo que se pronuncia contra la guerra y que construye cotidianamente la resistencia al modelo económico neoliberal, se ha dado cita el 2 de abril para organizar un día europeo "para la libre circulación y el derecho de estancia". En las páginas web del movimiento organizador cada día aparecen más adhesiones, más propuestas y más gente involucrada. Desde Noruega hasta Italia, desde España hasta Eslovenia y Grecia, la movilización está contaminando Europa. El sábado 2 de abril se espera un día histórico de movilización a favor de la ciudadanía incluyente y de los derechos del "migrante precario".
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Notas
1. A principio de los noventa la migración a los países que hoy son la Unión Europea tocó la cifra récord de 1 millón de personas al año. Hoy la cifra se ha estabilizado alrededor de los 700 mil inmigrantes al año. De esta cifra quedan excluidos el número de inmigrantes ilegales que se calculan en al menos 500 mil cada año. De "Le Politiche per l'Immigrazione e il Welfare State Europeo", Herbert Brücker y otros, 2004.
2. En la legislación italiana sólo es ilegal reiterar la entrada clandentina al país. Esto es, si una persona expulsada vuelve a ingresar al país ilegalmente puede ser enjuiciada.
3. Emblemático es el caso ocurrido en Italia en el verano de 2004, cuando un grupo de refugiados de Sudan náufragos en el Mar Mediterráneo fue rescatado por un barco alemán, el Cap Anamur. Esto fue finalmente detenido por la policía italiana, sus transportados arrestados y expulsados, y su tripulación enjuiciada.
4. Citas en http://www.meltingpot.org

13 marzo 2005

El negocio del miedo

El presente articulo, escrito a cuatro manos con Vittorio Sergi, fue publicado en el periódico mexicano, La Jornada el 13 de mayo de 2005, en el suplemento Masiosare.
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“En una nación donde la ideología dominante es la acumulación
y el dominio del capital, el ingreso de las descontroladas
fuerzas de las corporaciones es profundamente inquietante.
Porque, ¿cuál puede ser el futuro del encarcelamiento
cuando el motivo ulterior es la ganancia? En un régimen en
el que más cuerpos significan más ganancia, las prisiones
están dando un enorme paso hacia su antecesor histórico,
la jaula de esclavos”

Mumia Abu Jamal, preso y condenado a la pena capital.


En 1961, el general y presidente Dwight Eisenhower acuño el término Military Industrial Complex, para designar la alianza estratégica entre los sectores militares y los industriales productores de armas para aumentar sus ganancias promoviendo e induciendo la venta y el consumo de sus mercancías, o sea la guerra. Este contubernio llevó en los años de la guerra fría a enormes ganancias privadas subsidiadas económicamente y políticamente por el estado que a la vez incrementaba el empleo de la fuerza militar, el apoyo externo a guerras contrainsurgentes y la construcción a larga escala de armas nucleares. El Complejo Industrial Penal (PIC, su sigla en inglés), designa en las palabras de sus promotores como en las de quienes lo enfrentan, el inmenso sistema de represión, control y explotación que es hoy el sistema carcelario de Estados Unidos.

El PIC en una sociedad racista

Atrás de una realidad que se nos presenta sumamente dividida entre los colores que componen este extraño patchwork, llamado Estados Unidos, no se puede dejar de ver la realidad de una sociedad fundada sobre el racismo. Ejemplo de ello es la gran diferencia que se puede observar en la composición de la población carcelaria. A partir del emprendimiento de la “guerra contra las drogas” durante el gobierno de Ronald Reagan (1981-1989), las proporciones raciales de los encarcelados en las prisiones estadounidenses presentan asombrosas diferencias con las proporciones raciales de la sociedad en general. En los últimos treinta años la tasa de encarcelación se ha disparado a cifras que alcanzan hoy hasta los dos millones de personas y cinco millones en libertad condicionada[1]. Estados Unidos tiene 5% de la población mundial y el 25% de los presos a nivel global. Desde 1990, la población carcelaria se ha duplicado, alcanzando los dos millones en el 2000.[2] De hecho el 63% de los encarcelados pertenece a las minorías negras y latina (constituyendo una mayoría en las prisiones) mientras que dichas minorías solo constituyen un 25% de la población nacional.[3] Si bien, esta disparidad guarda una relación evidente con la distribución de la riqueza según las razas, y con el índice de criminalidad, no se explica totalmente, por tales motivos es considerada por muchos estudiosos del tema como una insidiosa continuación de las políticas discriminatorias. A prueba de esto es suficiente revisar a las leyes de tránsito de los diferentes Estados, todas o casi todas permiten o exigen el perfil étnico de los detenidos. En otras palabras, si eres negro o latino y manejas un automóvil tienes muchas más posibilidades de ser controlado que cualquier conductor blanco.
La prisión representa el sistema más rentable para desaparecer lo que la sociedad considera inaceptable. ¿Por qué?
Una explicación la tiene Pilar Maschi, ex presa, madre soltera de una hija de cinco años y activista de tiempo completo en el movimiento abolicionista Critical Resistance que lucha para la eliminación de todas las cárceles y para la reconstrucción de comunidades y relaciones solidarias: “Desde los años setenta, frente a la insurgencia de los movimientos de la gente de color, de los grupos radicales, de los movimientos feministas y del rechazo general a la guerra de Vietnam el Estado empezó una represión feroz. Al mismo tiempo se emprendieron cambios profundos en la estructura productiva. Los empresarios, con el apoyo del gobierno han abandonado millones de personas cuyo trabajo ya no es necesario. Estas personas se vuelven inútiles y luego son etiquetadas como peligrosas para la sociedad. En el Complejo Industrial Penal estas personas son más valuables como desempleados o criminales, simplemente se ha encontrado la manera de sacar un provecho económico de los excluidos. En 1970 los presos en Estados Unidos eran 200.000, hoy el numero sobrepasa los dos millones.”
Ik Aikur, originaria de Nigeria, otra activista de Critical Resistance desde New Haven, Connecticut, subraya el alto grado de exclusión en las comunidades de color que no tienen otra opción que el servicio militar, trabajos mal pagados y precarios, o emprender alguna actividad ilegal que lleva tarde o temprano al contacto con las cárceles y con un circuito de mayor exclusión. Un solo cargo para delitos de droga o violencia, lleva a no poder ser empleados legalmente. Las mujeres, además, sufren doblemente por el complejo penal industrial, como presas y como compañeras y familiares de los hombres encarcelados que por falta de oportunidades al regresar en sus comunidades reproducen los patrones de la violencia y del abuso de drogas.
El fenómeno de la encarcelación de masa tiene efectos aterradores entre los grupos sociales ya marginados, con altas tasas de drogadicción y desempleo, sobre todo los Afro americanos, los Latinos y los Nativos son atrapados en el complejo penal industrial. Critical Resistance calcula que uno de cada tres jóvenes afro americanos está en la cárcel o ha estado encarcelado. En las comunidades más pobres estas cifras aumentan. Ali Suncere Shakur, activista de APC (Pueblos de Color Anarquistas) de Washington, afirma que en su comunidad el porcentaje de hombres afectados por las cárceles llega al 85%.

El negocio de los cuerpos encerrados

Al mismo tiempo, en los años ’90 empieza el boom de la privatización de los servicios de seguridad. Caída la amenaza soviética, las inversiones se aplican hacia nuevos equilibrios del control social y del uso de la fuerza del Estado. En este sistema se integran también los centros de detención para migrantes indocumentados del INS (Servicio de Inmigración y Naturalización) que tiene centros especiales para migrantes y también utiliza cárceles convencionales. En el año fiscal 2000, el budget del INS contaba con 4,27 billones de dólares, con un incremento del 8% respeto al año anterior.[4] Después del incremento de las políticas de seguridad luego del 11/9 y el encarcelamiento a tiempo indefinido de miles de ciudadanos de origen árabe, la inversión en este sector está en continuo aumento[5]. Desde los años ’90 el incremento de financiamientos hacia el encarcelamiento de indocumentados ha beneficiado también las empresas privadas que se encargan de la gestión, de la seguridad y de la deportación de extranjeros. El primer experimento de cárceles privadas se dio en los ochenta, durante la administración de Reagan, cuando se experimento la construcción de algunas cárceles de mínima seguridad en Houston y en Laredo, en el conservador estado de Texas. Con los saberes “técnicos” de ex directores de cárceles y el dinero de las corporation, en particular la Kentucky Fried Chicken, se fundo la Corrections Corporation of America (CCA), actualmente la más grande empresa privada en el sector, con contratos en EU, Puerto Rico, Inglaterra y Australia. La Wackenhut Corrections, otra importante empresa especializada en cárceles privadas, ha sido fundada por el ex agente del FBI George Wackenhut. Con tan solo estas experiencias no es difícil intra ver lo que ha pasado en los últimos veinte años: en la última fase de la guerra fría, la industria bélica, de las armas, de la tecnología y de los saberes al servicio de la seguridad, se fue convirtiendo en los nuevos negocios, en este caso el PIC, el cual tiene diferentes facetas. Una de ellas, la más rentable para las grandes corporations que gestionan el PIC y para todas aquellas que buscan reducir costos de producción, es la elevada disponibilidad de mano de obra barata que en las cárceles se encuentra. Un ejemplo asombroso es el de la LTI Inc., empresa que de acuerdo con la Wackenhut Corrections, mudó sus propias instalaciones dentro de las estructuras carcelarias para aprovechar la mano de obra que ésta ofrecía. Los dueños de la empresa se quedan con las ganancias producidas por trabajadores que cobran el salario mínimo y no se organizan en sindicatos. Mas éste no es un caso aislado. En California el sistema es difundido gracias a los bajos costos de la mano de obra (60 dólares por mes) y es aprovechado por diversas empresas: Microsoft, Palmolive Colgate, Starbucks entre otras. Característico de este sistema es que los trabajadores no tienen oportunidad de substraerse a este trabajo sin por esto perder sus privilegios, como la libertad bajo palabra o los beneficios por buena conducta. Estos modernos esclavos, obligados al trabajo y privados de todo derecho, producen para estas empresas utilidades importantes: en 1980 las ganancias obtenidas por el trabajo de los reclusos fueron de 392 millones de dólares; en 1994 habían alcanzado los 1.310 millones gracias al gran aumento en la proporción de presos trabajando.
La Wackenhut Corporation, la CCA (Corrections Corporation of America) y la Correctional Services Corporation son entonces las principales competidoras en el mercado. Estas empresas exportaron el modelo en otros países anglófonos como el Reino Unido, Nueva Zelanda, Australia y también a Sudáfrica; y cuentan con ampliar sus mercados en los próximos años hacia otros países industrializados. Los efectos perversos de esta estrategia son evidentes: la demanda de mano de obra barata y de inversiones generan una fuerte presión corporativa sobre el entero sistema policial y judicial hacia el aumento del numero de presos.
Hace treinta años, el filosofo francés Michel Foucault escribió un texto que devino pronto un clásico del análisis del poder en la sociedad “Castigar y punir. El nacimiento de la cárcel”. En su análisis subrayó el carácter represivo pero también productivo de las cárceles en la sociedad. El Complejo Industrial Penal es un negocio pero también una herramienta política de primera importancia. Quizás el preso más conocido de Estados Unidos, Mumia Abu Jamal, condenado a muerte en el estado de Pennsylvania, describe los efectos sociales de esta encarcelación masiva: “Los Americanos viven en una cueva de miedos, una fuerza aturdente fabricada por la industria de la diversión, reificada por la industria psicológica y rematada por la industria de la coerción (o sea los tribunales, la policía, las cárceles, etc.)”.
Así la conveniencia privada, la represión, el racismo y la exclusión, se alimentan en una escalada, tantas ganancias, tantos presos.
El negocio del PIC muchas veces se presenta hacia comunidades rurales empobrecidas como la única oportunidad para atraer ingresos y trabajos. El desarrollo neoliberal ha vaciado los espacios rurales, la agricultura se concentra en las manos de grandes propietarios o corporaciones y el medio rural se está transformando en la extrema periferia de las metrópolis. Las grandes corporaciones que construyen las cárceles y los gobiernos estatales y federales lo saben e intentan explotar esta debilidad para colocarlas en los lugares donde puedan conseguir mano de obra barata, reducir el riesgo de protestas y de publicidad negativa. Ruth y Craig Wilmore son organizadores del California Prison Moratorium Project, un movimiento activo para impedir la construcción de nuevas cárceles y para la clausura de las ya existentes. Ruth acaba de escribir un libro sobre estas luchas en California cuyo título es más que elocuente: Golden Gulag. El estado de California, la quinta economía del mundo, tiene los datos más aterradores: en las últimas dos décadas el estado de California construyó veintitrés cárceles con una capacidad entre los 4000 y los 6000 reclusos y reclusas. Un ejemplo claro es la ciudad de Corcoran, condado de Kings, California. Este pequeño centro agrícola tiene dos cárceles para un total de 11000 internos. La población ha quedado estable en 9000 personas desde el 1980 cuando fue construido el primer establecimiento. En aquél entonces 1000 personas vivían bajo la línea de la pobreza. Diez años después, luego de una inversión estatal de 1 billón de dólares en las cárceles, los pobres suman 2000.[6]

Represión, exclusión y consenso

Frente a un panorama de este tipo, no deja de sorprender el grado de aceptación general del PIC. Muy pocas son las organizaciones que protestan en contra de un sistema que tiene los mas altos porcentajes de gente encarceladas o vinculadas con el PIC. Paul Wright, prisionero en el Estado de Washington y editor del magazine Prison Legal News, abre el camino a la reflexión alrededor de este fenómeno generalizado de aceptación. Wright, en una de sus intervenciones[7], ilustra el modelo cultural que sostiene la idea del PIC cual sistema de justicia apuntado a la punición y a la defensa de parte “sana” de una sociedad en clara descomposición. En efecto es suficiente observar la producción cultural oficial para poder entender cómo la construcción del imaginario colectivo resulta parte esencial del PIC. Desde las grandes producciones de Hollywood hasta la creación publicitaria de todo tipo de producto, las referencias al mundo de las cárceles apuntan a crear la idea de un mundo ciertamente duro y difícil, mas justo e indispensable en su existir. El limite de esta campaña que arrastra las conciencias de millones de personas en todo el país son los famosos viajes de fin de semana que permiten al “ciudadano común” tener su propia experiencia carcelaria.
El resultado final de este proceso es representado por una alta moralización del sistema carcelario. Así resulta que meter gente en las cárceles no sólo es justo sino indispensable para que la sociedad se mantenga sana y pueda salvar sus propios valores. La punición, al igual que la punición divina, representa la vía de la salvación. De esta manera, en el espectro político nacional, no hay quien se oponga a esta visión, sino al contrario todos desde el presidente hasta el político local de la provincia sacan ganancia del endurecimiento de las condiciones de los detenidos. Esto es la pérdida de los derechos básicos y la conversión de los detenidos en seres humanos privados no solo de la libertad sino también de toda posibilidad de rehabilitación. Un ejemplo es el acceso a la educación: el ser un convicto invalida cualquier oportunidad de obtener una beca universitaria, lo cual, teniendo en cuenta la imposibilidad de la gran mayoría de los presos de pagarse algún tipo de estudios, los excluye automáticamente del acceso a una educación terciaria. Otro ejemplo es la exclusión, dictaminada en forma definitiva por ley federal en 1998, de cualquier ayuda social económica.

En estos últimos años, la extensión y el incremento de la cantidad y de la diversidad de las formas de detención proporcionadas por Estados Unidos no han tenido quizás iguales en el mundo. Desde la súper cárcel de Pelican Bay en California, hasta Guantanamo en Cuba, Abu Grahib en Irak y Woomera Camp en Australia, asistimos hoy a la globalización de un modelo y de una práctica. Ésta es encerrar la población incómoda o simplemente sobrante respecto a los proyectos neoliberales. Que se trate de opositores o simplemente de diferentes, el fin es explotarlos hasta la última gota: con su trabajo barato, con su imagen consoladora para una sociedad empapada de miedo, con la producción de la verdadera inseguridad social: el sentimiento de dependencia del poder. Los presos en overoles naranja se han vuelto familiares a los ojos de quienes todavía gozan de la libertad. Es la advertencia de un futuro ineludible para todos aquellos que retan un sistema en clara descomposición.
Cabe preguntar si frente a este panorama ya es posible vislumbrar también una globalización de las alternativas al encarcelamiento de la sociedad y un concepto de seguridad y de justicia no punitivo y excluyente. Cabe cuestionar cuál puede ser el camino de liberación de los cuerpos encerrados y de las mentes aplastadas en la esquina de los temores.

[Matteo Dean & Vittorio Sergi – 2005]

[1] Informe del Instituto del Tercer Mundo – Guia del Mundo, Montevideo, Uruguay, 11/4/2003.
[2] Desde “Overview of Critical Resistance on the Prison Industrial Complex”en Critical Resistance to the Prison Industrial Complex, A specia issue of the journal Social Justice, 2000, San Francisco.
[3] Informe del Instituto del Tercer Mundo - Guía del Mundo, Uruguay, 2003
[4] Michael Welch “The role of the Immigration and Naturalización Service in the Prison Industrial Complex” en Social Justice, Vol. 27, n.3, 2000.
[5] Cada dia, un promedio de 20.000 personas, hombres, mujeres y niños, enfrentan la dentención indefinida por tiempos que varian desde meses hasta años en carceles tanto estatales como privadas, en condiciones de falta de los derechos humanos basicos. (Rachel Meerpol “The post 9/11 investigation and Immigration detention” en America’s Disappeared, Seven Stories Press, New York, 2005)
[6] En “The other California” in Globalize Liberation, City Lights Books, San Francisco, 2004.
[7] En “Critical Resistance to the Prison Industrial Complex”, San Francisco, 2002

 
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